Temor a nueva ola de violencia xenófoba

Unos 400.000 trabajadores perderán el empleo tras el Mundial y se encontrarán con que las oportunidades laborales están copadas por inmigrantes

NAIROBI Actualizado: Guardar
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La campaña de linchamiento y persecución a los inmigrantes de Zimbabue, Mozambique y Malawi -emprendida por los líderes comunitarios- obliga a centenares de extranjeros residentes en Sudáfrica a abandonar el país a marchas forzadas. Una ola de violencia xenófoba que dejó un saldo de al menos 64 muertos -la mayoría de ellos, quemados vivos- y que, dos años después, las autoridades temen que pueda volverse a repetir.

En aquel momento, los impulsores de los ataques xenófobos procedían de asentamientos urbanos de bajos recursos y acusaban a la población inmigrante de estar detrás de la alta criminalidad que sufre el país, así como de arrebatarles los puestos de trabajo.

Un sentimiento que, dos años después, todavía es notable en lugares como Khayelitsha, en Ciudad del Cabo. Como señala a ABC, Jeffrey Mamid, uno de sus residentes: «Después del Mundial, la mayoría de los 400.000 trabajadores que ha generado el acontecimiento volverán a estar sin empleo; y el mayor problema que tenemos ahora es que las oportunidades laborales a las que podíamos aspirar están copadas ya por inmigrantes somalíes».

Para este sudafricano de 40 años, «las deficientes políticas en materia de empleo emprendidas por el Gobierno, son las que han generado la violencia xenófoba».

El catalizador de las miserias

Considerada una de las zonas más deprimidas de Sudáfrica, el barrio de Khayelitsha presenta -con un 30,2 %- la mayor tasa de incidencia prenatal del VIH en Sudáfrica. Unas cifras, que unidas a la incipiente cifras de desempleo -cerca del 58% de sus 500.000 habitantes no disponen de un trabajo fijo-, motivan que la localidad se haya convertido en los últimos años en el principal catalizador de las miserias de Sudáfrica.

La pasada semana, al menos 30 personas fueron arrestadas en Khayelitsha tras asaltar varios comercios propiedad de inmigrantes somalíes. De igual modo, fuerzas del Ejército sudafricano han sido destacadas ya a la vecina localidad de Du Noon, en la provincia del Cabo Occidental, para prevenir posibles brotes de violencia xenófoba; mientras que varias organizaciones humanitarias han alertado que al menos 1.000 somalíes ya habrían abandonado la provincia en temor a nuevos ataques.

Pero, pese a lo ocurrido en 2008, el Gobierno sudafricano asegura estar preparado para frenar una posible nueva ola de ataques. «Nuestras agencias de seguridad están listas para solucionar todo tipo de violencia, incluida la de los extranjeros», reconocía el ministro de la Policía, Nathi Mthethwa, al acabar el Mundial.

Sin embargo, como denuncia la organización Human Sciences Research Council, una de las principales causas de los ataques de 2008 fue el incipiente nacionalismo étnico que sufre Sudáfrica, en el que la mayoría de sus ciudadanos se consideran «superiores» al resto de naciones del continente. Y para eso, de momento, parece que no hay cura.