La última excentricidad de Zuma
Jacob Zuma, durante la apertura de la cumbre sobre el clima en Durban - AP

La última excentricidad de Zuma

El presidente sudafricano llegó tarde a la Conferencia sobre el clima de Durban, obligando a retrasar su apertura 40 minutos

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El presidente sudafricano Jacob Zuma protagonizó hoy la anécdota en la Conferencia sobre el clima de Durban, al llegar con 40 minutos de retraso a su apertura, haciendo esperar a los representantes de 195 países.

Los enviados a la cumbre de la ONU, uno de los mayores eventos diplomáticos jamás celebrados en Sudáfrica, se dedicaron a pasear por los pasillos, escribir correos electrónicos, chatear con sus teléfonos móviles o simplemente esperar en sus asientos debido al retraso inesperado de Zuma.

El vicepresidente sudafricano y los ministros de la delegación del país anfitrión habían llegado a tiempo y los principales oradores habían ocupado sus lugares en la tribuna. El portavoz de la presidencia no estaba disponible para explicar por qué Zuma llegaba tarde.

El presidente sudafricano es una figura cuando menos peculiar. Polígamo reconocido, este zulú de 69 años es padre de al menos 20 hijos y el año pasado contrajo matrimonio por quinta vez a través de una ceremonia tradicional en la que bailó en taparrabos, antes de que se revelase que había concebido otro hijo con la hija de uno de sus mejores amigos.

Se desconoce, sin embargo, el número de mujeres que mantiene -tres oficiales, después de un divorcio y del suicidio de su segunda esposa-. El mandatario asegura que siempre concede un «trato equitativo» a cada una de sus mujeres, sin especificar si oficiales u oficiosas.

Ducha contra el sida

Zuma también fue protagonista de las portadas de todos los periódicos en 2006 al ser acusado de violación por la hija de un compañero de partido, seropositiva. En el juicio, Zuma defendió que una simple ducha tras el acto sexual «consentido» evitaba cualquier posibilidad de contagiarse.

En 2010 hizo públicos los cuatro test de sida a los que se sometió y que habían dado resultado negativo.

Huérfano de padre desde los 5 años, su primer apellido -Gedleyihlekisa- es una síntesis del dicho zulú que afirma: «Nunca me fiaré de alguien que me engaña con una sonrisa, pero que sólo quiere hacerme daño».

Obligado a dejar el colegio tras la muerte de su padre, su historia de superación ofrece, sin embargo, diversas lagunas. En una breve autobiografía que escribió cuando era miembro del Partido Comunista surafricano, poco antes de incorporarse en 1959 al Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), Zuma afirmaba haber recibido entrenamiento militar en la Unión Soviética, algo que nunca pudo ser confirmado.

Su lucha contra el «apartheid» le llevó a cumplir una pena de diez años en la prisión de Robben Island, pero si entonces su figura podría haber sido idealizada, algunos de sus comentarios -«hay que golpear a los homosexuales»- o las sospechas sobre corrupción lo impidieron.

En 2008 era absuelto de extorsión y blanqueo de dinero, cargos a los que sumaba otros relacionados con el comercio de armas. Un año después se convertía en el primer presidente de Suráfrica que no cuenta con estudios universitarios.

La crisis no ha impedido que Zuma se triplicara el sueldo con carácter retroactivo para cobrar 2.485.839 rand anuales (cerca de 240.000 euros), más del triple de la retribución destinada en España al presidente del Gobierno (78.000 euros).

A una semana de que comenzara el Mundial de Sudáfrica, el país anfitrión vivía más pendiente de la noticia de la presunta infidelidad de una de las mujeres de Zuma. Las dotes amatorias del presidente quedaban en entredicho.

Lo que no se le puede negar al presidente sudafricano son sus dotes para el baile. En cada uno de sus mítines se mostraba poseído por el espíritu de Fred Astaire durante horas, a golpe de su canción favorita: «Tráeme mi ametralladora».