Atentado en NizaLos testigos de la matanza de Niza: «Vi cuerpos volando como bolos»

«El camión iba muy rápido y hacía zigzags», relatan varios de los supervivientes. En el hospital, decenas de personas llegan buscando información. Los médicos no pueden ayudarles: no hay tiempo para identificar a los heridos, sólo para atenderlos

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Los fuegos artificiales por las celebraciones del Día de la Bastilla acababan de terminar. Decenas de personas caminaban por el paseo marítimo de Niza en una noche calurosa y llena de vida. Todo transcurría con normalidad, sin aparente peligro, cuando un gran camión blanco apareció de repente y, conducido a gran velocidad, chocó contra la multitud de forma deliberada. Y entonces, la felicidad se tiñó de horror, gritos y muerte.

Al menos 84 personas han muerto en la matanza y otras 18 resultaron heridas en un suceso que el presidente Francois Hollande ha señalado que es «claramente» un atentado terrorista. En el lugar del ataque, en el Paseo de los Ingleses, los cuerpos yacían cubiertos con sábanas blancas y los testigos apenas podía creer lo que habían visto. «Vi cuerpos volando como bolos», relata el periodista local Damien Allemand. «Me quedé congelado. Los encargados de la playa fueron los primeros en llegar. Traían agua para los heridos y toallas para cubrir a aquellos que ya estaban muertos».

Muchos de los fallecidos son niños. Laurence Marie, que trabaja en el hospital pediátrico Lenval, explica que «otros muchos» han tenido que ser intervenidos quirúrgicamente. En otro centro hospitalario, el Pasteur, las enfermeras corren por los pasillos y a aquellos que han acudido al centro hospitalario con la esperanza de encontrar a sus seres queridos les responden que el equipo médico no tiene tiempo para registrar a las personas que van llegando porque la prioridad es que sean atendidos. A los pacientes, simplemente, se les asigna un número.

Alrededor de cuarenta personas que llegaron en busca de información se reunieron en una sala habilitada para las familias. Su rostro lo decía todo. La gente lloraba, otros se abrazaban desesperados. Una mujer, con moretones en su cara, se sentó en una silla de ruedas, llorando y mirando desesperada. «Todos estábamos muy felices. Estábamos listos para celebrar la gran noche. ¡Teníamos un gran plan!», ha asegurado una mujer de 20 años en la habitación del hospital.

«Cuando estábamos empezando a caminar después de los fuegos artificiales, vi un carro por la zona peatonal. Iba muy rápido y hacía zigzags. Al principio pensé que el camión no se dio cuenta de que la carretera estaba ocupada por personas con motivo de la celebración, pero cuando vi a la gente en el suelo, me di cuenta de que podría ser un ataque terrorista», ha señalado esta jóven identificada como Funny. «Por suerte, mi hermano, mi madre y yo estamos todos bien, pero algunos de mis amigos no han sido tan afortunados, ya que están siendo operados en estos momentos. Es muy difícil, todo es muy traumático»

«Huimos a la playa y buscamos refugio»

Los testimonios en el lugar del suceso son dramáticos. Marco de Feo, un milanés de 29 años, cuenta que él y sus cuatro amigos se habían enterado de las celebraciones del Día de la Bastilla gracias a una pareja rumana que vivía en Niza, y decidieron acudir en el último momento. «El camión iba a una gran velocidad en nuestra dirección. Tuve tiempo de reaccionar y poder evitarlo, pero un amigo nuestro fue golpeado y cayó al suelo. Huimos a la playa y buscamos refugio en un hotel. Uno de nuestros amigos volvió para ayudar a nuestra amiga herido, que no podía moverse ni hablar, pero todavía respiraba. La ambulancia se la llevó después al hospital».

«Fue un caos abosluto», dijo Robert Holloway, un corresponsal de la agencia AFP. «Vimos a la gente siendo golpeada y pedazos de escombros que volaban. Tuve que protegerme el rostro».

El conductor del camión fue abatido por la policía, pero algunos testigos señalan que el hombre disparó a los viandantes antes de morir. «El camión iba a toda velocidad», explica Suzy Wargniez, una mujer de 65 años que vio la escena desde un café próximo. «Estaba disparando, estaba disparando»

Charcos de sangre al amanecer

Los primeros rayos de sol arrojaban luz a un escenario dantesco. Charcos de sangre, cochecitos de niño rotos y muchos restos esparcidos por el paseo. A pesar de que se impide el paso y que la zona está acordonada, es fácil ver a poca distancia las sábanas blancas que cubren a las víctimas.