El escritor y exvicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez
El escritor y exvicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez - EFE

Sergio Ramírez: «Daniel Ortega cree que no hay nada mejor que el partido único»

El escritor y disidente sandinista asegura que el presidente de Nicaragua nunca creyó en la democracia

Corresponsal en MéxicoActualizado:

Sergio Ramírez no es solo el escritor conocido por más de cuarenta libros –entre ellos la aclamada novela «Margarita, está linda la mar» (1998)–, una obra que lo ha hecho acreedor, entre otros, del último Premio Carlos Fuentes. Protagonista activo de la historia de Nicaragua, conversa por teléfono con ABC sobre los últimos acontecimientos en su país.

Estima, para empezar, que es difícil saber cuál es la percepción en la calle de los últimos golpes de Daniel Ortega para convertir su administración en una autocracia dinástica, con el nombramiento de su mujer, Rosario Murillo, como candidata a la vicepresidencia, tras haber desposeído de sus escaños, el pasado julio, al grueso de la oposición en el Parlamento. Hay, dice, una suerte de «regla de silencio», nada que indique que «la violencia contra la democracia está despertando un rechazo». «No estoy diciendo que el repudio no exista», aclara, «simplemente que no se demuestra». Aventura dos razones principales para esta «apatía»: una, la cooptación exitosa por parte del Gobierno a través de «dádivas y beneficios», y otra, «el temor de la gente». «Muchos dependen de empleos públicos. Ser empleado público y salir a protestar se paga con la destitución, y nadie puede volver a tener un trabajo en el Estado si es destituido por esta razón. Hay trámites que hay que cumplir que dependen también del favor político. Todo esto va sumando para que haya una especie de pasividad en la gente».

Incluso la única causa que ha movilizado a la población, recuerda, la construcción del canal interoceánico llamado a competir con el de Panamá, cuya polémica construcción se concedió al empresario chino Wang Jing, es «una movilización campesina, no urbana». Por lo demás, Ramírez opina del «Gran Canal» que «siempre ha sido una gran mentira»: «Hasta ahora no hay nada que demuestre que se va a empezar a construir. Todos los plazos que se habían puesto ya pasaron y nunca se dio una palada de tierra».

«A quien más se quisiera parecer Ortega es a Putin»

Viejo conocedor de Ortega, Ramírez no concuerda con la comparación con otros líderes «bolivarianos», ni siquiera con los hermanos Fidel y Raúl Castro. «A quien más se quisiera parecer Ortega es a Putin», ataja el escritor. «Es un buen modelo por este secretismo intramuros que tiene y que a él le gusta mucho, el ejercicio del poder como una permanente conspiración». Ramírez señala que, a diferencia del fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez, Ortega es un líder «totalmente anti carismático». Al mismo tiempo, recuerda una de las claves del proceder del mandatario nicaragüense: tras perder frente a Violeta Chamorro en las elecciones de 1990, se prometió a sí mismo que si volvía a la presidencia, jamás volvería a perder.

«Cuando viene la escisión del Frente Sandinista, él se queda prácticamente solo. Se queda con un partido desmantelado, sin dinero, pero nunca deja de cultivar la base. No hay que olvidar que el FSLN nace como un partido guerrillero, de adhesiones fuertes, que se hereda a los hijos. Y él logró capitalizarlo en esos años de soledad: se dedicó a cultivar esa base que nunca dejó de ir a los barrios, y eso es lo que le dio el trampolín para volver al poder».

No solamente, puntualiza Ramírez: «No era trampolín suficiente, él lo sabía, y necesitaba la trampa política». Ahí es donde juega un papel crucial la reforma constitucional que negoció en el año 2000, contra pronóstico, con el entonces presidente Arnoldo Alemán y que rebajó el número de votos para ser electo en primera vuelta al porcentaje que, justamente, Ortega venía obteniendo en todas las elecciones. El resto se conoce.

«Un ministro no puede hacer declaraciones: es solo la primera dama, ahora candidata a vicepresidenta, la única que puede informar»

«¿Qué ocurre hoy en la estructura de poder?», discurre Ramírez. «Está esta pareja presidencial y luego operadores políticos, gente que obedece instrucciones pero que no puede erigirse como figuras políticas porque eso les cuesta la cabeza. La regla es que un ministro no puede hacer declaraciones: es solo la primera dama, ahora candidata a vicepresidenta, la única que puede informar».

«El mismo Ortega ha dicho en alguna entrevista que él no cree en la democracia representativa», apostilla, «que esto de la alternativa al poder es una mentira, un atraso, que el llamado pluralismo político divide a la sociedad y que lo mejor que le puede ocurrir a un país es el partido único». Y concluye: «Pensar en ver a Ortega un día entregando la banda presidencial a un sucesor legítimamente electo, eso está fuera de toda posibilidad».

¿Cómo resisten, pues, los que se oponen al gobierno, como él mismo? ¿Cómo subsisten proyectos como, por ejemplo, el que coordina a través del festival literario Centroamérica Cuenta, al margen de todo apoyo estatal? «Es como tirar una moneda al aire, no sabemos. Pero no por eso vamos a desmontarlo: el gran desafío es buscar espacios de libertad en la peor de las situaciones». Ramírez no se atreve a predecir el futuro, pero apunta: «Pensar que todo lo que está ocurriendo son asuntos casuales que se suman me parece una visión equivocada. Esto responde a un plan, de ir cerrando espacios e ir entronizando a la familia en el poder, y no termina aquí. Los espacios de libertad ciudadana se van a seguir cerrando».