El derechista vicepresidente y ministro del Interior, Matteo Salvini - EFE / Vídeo: Salvini disfruta de las vacaciones a la espera de la moción de censura

Salvini, solo contra todos tras abrir la crisis de Gobierno

El líder de la Liga subestimó su popularidad y se ve vulnerable en las urnas

Corresponsal en RomaActualizado:

Italia está viviendo una crisis de Gobierno surrealista, la más loca de su historia republicana. La abrió el derechista vicepresidente y ministro del Interior, Matteo Salvini, que liquidó el primer gobierno populista europeo, tras poco más de 14 meses de gobierno con un balance de evidente fracaso y dejando al país en total confusión y caos.

Han pasado solo diez días desde que el líder de la Liga declaró que era urgente convocar elecciones y «restituir la palabra a los italianos». Quería capitalizar inmediatamente el consenso que tiene con un 37% en intención de voto. «El Capitano», como le llaman sus fieles, parecía que iba a comerse el mundo, quería todo el poder: «Pido a los italianos plenos poderes, para hacer las cosas sin obstáculos», dijo el pasado 8 de agosto. Al día siguiente el Papa Bergoglio, en una entrevista a «La Stampa», expresaba, sin citar a Salvini, su preocupación y condenaba el soberanismo: «Estoy preocupado, se oyen discursos que se parecen a los de Hitler en 1934 (…) El soberanismo es una exageración que termina siempre mal: lleva a la guerra». Incluso el primer ministro, Giuseppe Conte, ha empleado en encuentro privados la expresión «delirio de omnipotencia» para definir la actitud de su vicepresidente.

Modos autoritarios

En un país que tiene muy poca memoria, Salvini ha recorrido las playas del sur entre aplausos de quienes lo ven como el hombre fuerte salvador de la patria. Hasta hace muy pocos días, se veía ya coronado como primer ministro de un Gobierno monocolor de la Liga. Quería la mayoría parlamentaria y blindar su poder eligiendo un presidente, el sucesor de Mattarella, que se acomodara a sus intereses. Pero al final, muchos le han protestado en las plazas por sus modos autoritarios. Su desprecio por la democracia parlamentaria ha soliviantado a sus adversarios políticos, que se han unido para decirle basta.

Matteo Salvini ha tenido que dar marcha atrás y en muy pocos días los músculos y fortaleza del líder de la Liga parece que se han desinflado. Se ha dado cuenta de que cometió el grave error de creer que su camino hacia la jefatura del Gobierno sería triunfal, despreciando con prepotencia a sus adversarios.

Se creía un león, pero se parece más a un conejo dispuesto a todo para escapar de la trampa en la que él mismo se estaba metiendo. El día 13 comprobó en el Senado que es posible otra mayoría parlamentaria, alternativa al actual Gobierno populista. En una votación para poner calendario al desarrollo de la crisis, surgió una mayoría inédita: Partido Democrático y Movimiento 5 Estrellas (M5E). Estos dos partidos podrían ser la base de un nuevo Gobierno y mandar a Salvini a la oposición.

El líder de la Liga entró en crisis y ahora se muestra dispuesto a todo para no perder el poder. A su rival, Luigi Di Maio, vicepresidente y líder del M5E le ha ofrecido incluso que sea el primer ministro en la nueva Administración. Un disparate rechazado por Di Maio. De momento, Salvini ha perdido. Pero nada es predecible en la política italiana.