El ministro de Exteriores, Josep Borrell, junto al secretario de Estado, Mike Pompeo
El ministro de Exteriores, Josep Borrell, junto al secretario de Estado, Mike Pompeo - REUTERS

La OTAN hace un llamamiento a Moscú para salvar el tratado que firmaron Reagan y Gorbachov

Estados Unidos abandonará también la limitación de armas nucleares intermedias

Corresponsal en BruselasActualizado:

La OTAN ha puesto en manos de Rusia la responsabilidad de mantener o no en funcionamiento uno de los tratados más importante de la época de la Guerra Fría, que prohibió el uso de misiles nucleares de alcance intermedio, pensados para el escenario europeo. Los ministros de Asuntos Exteriores aliados, reunidos en el cuartel general de la Alianza en Bruselas, decidieron ayer dar una última oportunidad a Moscú para volver a cumplir sus compromisos en el Tratado INF de 1987, antes de que Estados Unidos anuncie formalmente que también se desvincula de esa limitación.

«Hacemos un llamamiento a Rusia -se dice en una declaración aprobada ayer por los 29 ministros- para que regrese lo antes posible a un cumplimiento total y verificable» del tratado sobre las armas nucleares de alcance intermedio. «Le corresponde a Rusia preservarlo», aseguran los aliados.

Este tratado fue firmado entre Ronald Reagan y Mijail Gorbachov y puso fin a un periodo de grandes tensiones en Europa, donde la opinión pública se dividió entre los que aceptaban el despliegue de misiles nucleares norteamericanos «Pershing» para contrarrestar la amenaza que representaban los «SS-20» soviéticos y los que se oponían con todo tipo de maniobras y manifestaciones. En la URSS y las dictaduras bajo su control en aquella época, no hubo debate y siempre se pensó que una parte de las protestas en Occidente estaban siendo financiadas desde Moscú.

Estados Unidos ha denunciado desde 2014 sus sospechas de que Rusia ha vuelto a construir misiles nucleares de alcance intermedio en violación de sus compromisos legales. El entonces presidente Barack Obama decidió dar una importancia relativa al problema, mientras que su sucesor, Donald Trump, ha preferido responder a los militares rusos con la misma moneda. Moscú afirma, entre otras cosas, que China no está vinculada por el tratado INF, por lo que no sufre limitaciones en este campo. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltemberg, había dicho que «sobre los plazos y la la secuencia de los hechos, no comentaré por ahora» pero también dejó claro que «tal como está, la situación no puede continuar y los aliados discuten en la actualidad cómo responder a esta cuestión muy seria» porque además «el tiempo se está agotando» y la situación «no es sostenible».

Según Stoltemberg Rusia debe dar «pasos inmediatos» para garantizar de forma «transparente y verificable» del tratado, que «ha sido puesto en peligro» por las actividades de Moscú.

Puesto que el tratado vincula directamente a Estados Unidos y no a la OTAN en su conjunto, la decisión también es exclusiva de Washington. En cualquier caso, según fuentes diplomáticas, la canciller alemana Angela Merkel logró convencer a Trump de que retrasara un tiempo la decisión formal de que Estados Unidos se desvincula del tratado, durante una conversación en la reunión del G20 en Buenos Aires. La declaración de ayer en Bruselas es una consecuencia directa de esa conversación, pero según fuentes diplomáticas aliadas se puede dar por hecho que aquel compromiso de desarme ha acabado. El problema es que si entonces Washington estuvo de forma clara con sus aliados europeos, que no temían -como si sucede ahora mismo- los bandazos de su presidente en materia de seguridad.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, llegó ayer a Bruselas precisamente con un mensaje que no oculta su contradicción por las dudas que los europeos muestran a la hora de decidir las acciones de respuesta a los incidentes en el estrecho de Kerch para lo que ha reiterado su idea de que el presidente Trump no tiene clara la utilidad de las organizaciones internacionales. «La OTAN es un instrumento indispensable para la seguridad en Europa» dijo, pero «cada país debe preguntarse si el orden actual le conviene a los intereses de su pueblo y si la respuesta es que no, entonces debemos preguntarnos cómo resolverlo».

Los aliados se reunieron también con el ministro ucraniano para reiterarle su apoyo, pero solamente de palabra. La mayoría de los países ven con mucho escepticismo la posibilidad de enviar señales claras de refuerzo militar en el mar Negro, como sí han hecho con los bálticos y con Polonia.