Obama, mientras habla en la Sociedad Islámica de Baltimore AFP
BALTIMORE

Obama: «Los musulmanes ayudaron a construir EE.UU.»

En su primera visita a una mezquita en Estados Unidos, el presidente ha criticado abiertamente las declaraciones xenófoba de algunos de los aspirantes republicanos a la Presidenci, en particular a Donald Trump

CORRESPONSAL EN NUEVA YORKActualizado:

Han pasado más de siete años desde que Barack Obama juró por primera vez, desde la escalinata del Capitolio, «proteger y defender» la Constitución de EE.UU como presidente. Y no fue hasta ayer, casi en modo de despedida de la Casa Blanca, que acudió a una mezquita en territorio estadounidense para reivindicar la Primera Enmienda al texto constitucional, la que consagra, entre otras cosas, la libertad de religión.

Lo hizo en la Sociedad Islámica de Baltimore, un centro religioso con casi medio siglo de vida y que como muchos otras mezquitas y organizaciones islámicas en EE.UU. han sufrido la escalada retórica antiislámica en la opinión pública y en la batalla electoral republicana y, en ocasiones, ataques y agresiones.

«Un ataque a una religión es un ataque a todas nuestras religiones», proclamó Obama. «Todos somos responsables de decirlo alto y claro, de rechazar los discursos políticos que tratan de manipular los prejuicios de la gente, de garantizar que los delitos de odio sean castigados y de respetar la Primera Enmienda».

Alta tensión

La visita de Obama a la mezquita se produce en un momento de alta tensión para la comunidad islámica en EE.UU. Según los datos del Consejo para las Relaciones Islámico-Americanas (CAIR, por sus siglas en inglés), el número de incidentes en mezquitas se ha disparado en los últimos meses. Solo en noviembre del año pasado, se produjeron 17 de esos incidentes -en todo 2014 se registraron 20- y 2015 se cerró con un total de 71 ataques (en los cuatro anteriores años, el número máximo había sido 29).

Este aumento no fue casual, sino resultado de una tormenta perfecta en la que se mezclaron los atentados teroristas de París de noviembre, la matanza de San Bernardino de comienzos de diciembre y el giro populista y conservador de las disputadas primarias republicanas. En diciembre, Donald Trump propuso una prohibición temporal a la entrada a musulmanes en EE.UU. Antes, Ben Carson, que en algún momento se consolidó segundo en las encuestas, había dicho que para que un musulmán fuera presidente «debería rechazar la doctrina del islam».

«Es un discurso político inexcusable contra la comunidad musulmana», lamentó Obama, que enumeró los llamamientos que ha recibido en los últimos meses de miembros de esa comunidad en la que denuncian sentirse «ciudadanos de segunda», de «tener miedo» o de ser violentados o insultados por practicar el islam.

El presidente de EE.UU. insistió en que «el islam siempre ha sido parte de EE.UU.», desde algunas de las primeras oleadas de esclavos llegados de África y recordó que la libertad de credo que defendieron los padres fundadores -como Thomas Jefferson o John Adams- incluía específicamente al islam. «Ellos ayudaron a construir este país», dijo Obama de los musulmanes.

«No soy el primero», bromeó Obama. «Los enemigos de Jefferson también decían que él era musulmán»

Al mismo tiempo, los ataques políticos relacionados con el islam son tan antiguos como la democracia estadounidense. Cuando Obama fue elegido presidente -y todavía hay ecos de ello en las actuales elecciones- se le acusó de ser un musulmán encubierto. De hecho, una encuesta del año pasado mostraba que el 29% de los estadounidenses, y el 43% de los republicanos, todavía creen que lo es. En el caso quienes apoyan a Trump, el número se dispara al 66%. «No soy el primero», bromeó Obama. «Los enemigos de Jefferson también decían que él era musulmán».

Pero el mandatario estadounidense no quiso negar la realidad: una minoría de radicales siembran el terror en nombre del islam. Contra ello, Obama propuso recordar que «todos somos hijos de Dios y por tanto iguales»; que los estadounidenses no deben renegar de principios fundamentales como la libertad de religión, que hay que ser «consistentes» en la condena a los ataques a esa libertad, vengan de donde vengan, que «no se puede ser espectador ante la intolerancia, sino asegurar que EE.UU. protege a todas las religiones; y que no hay que permitir que la retórica legitime a los terroristas, en referencia a su negativa a usar el término «terrorismo islámico». «Los musulmanes de todo el mundo tienen la responsabilidad de rechazar la ideología terrorista», exigió. «Aquí los líderes musulmanes lo hacen constantemente, tenemos que amplificar su voz».

Por último, se refirió a los jóvenes musulmanes, carne de extremismo desde las redes sociales: «En Internet os dicen que tenéis que elegir entre ser musulmanes o estadounidenses. No es verdad, aquí tenéis vuestro sitio, sois parte de EE.UU., sois musulmanes y estadounidenses», dijo Obama entre aplausos.

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