Angela Merkel y Mike Pence, en la Conferencia de Múnich
Angela Merkel y Mike Pence, en la Conferencia de Múnich - Reuters

Merkel y Pence ahondan con duras críticas la brecha entre EE.UU. y Alemania

Estados Unidos reprocha con dureza a Alemania y a sus socios europeos por seguir en el pacto nuclear con Irán e invitar a China a sumarse a él

Corresponsal en BerlínActualizado:

El primer signo de frialdad lo mostró Ivanka Trump, que no asistió a la tradicional cena germano-estadounidense en el restaurante Käfer, la primera noche de la Conferencia de Seguridad de Múnich. El evento, una idea original del abogado muniqués Wolfgang Seybold, fue creciendo tanto con los años que ahora es Linde quien se encarga de organizar a los cientos de invitados al evento. Al frente del Consejo de Linde, Wolfgang Reitzle, que delega en su esposa Nina Ruge la salsa social del evento y es ella quien ha reconocido que Ivanka ni siquiera hizo llegar sus excusas a los anfitriones.

Los Trump desean dejar claro que no pertenecen a esta pandilla trasatlántica. También hubo en la cena muchos menos uniformes militares que en ediciones anteriores. John Kerry y Madeleine Albright, entre plato y plato, deslizaban que «Trump pasará», pero en los paneles de la Conferencia esta generación no está presente y el mensaje del vicepresidente Mike Pence y del embajador Richard Grenell entra en colisión abierta con el de Angela Merkel.

En sus intervenciones, Pence y Merkel se lanzaron una serie de reproches que son síntoma del ocaso de un viejo orden, el mismo que ha servido para mantener la paz y la prosperidad desde la II Guerra Mundial hasta hoy en Occidente y que amenaza con desvanecerse ante nuestros ojos sin que aparezca un recambio en el horizonte.

La canciller alemana criticó que la retirada de las tropas estadounidenses de Siria, anunciada por el presidente Donald Trump, reforzará en este país la influencia de Rusia e Irán. «No podemos prescindir sin más de las decisiones entre todos, de los órganos internacionales, porque nos enfrentamos a retos que ninguno de nosotros puede superar en solitario».

Merkel arrancaba con estas palabras un aplauso general de la sala, con la excepción del vicepresidente estadounidense, que permaneció impasible hasta su turno de palabra. «Estados Unidos seguirá trabajando con todos sus aliados para perseguir a los remanentes de Daesh dondequiera que estén y cada vez que asomen la cabeza», dijo, y a continuación pasó al ataque y reprochó a los países europeos que permanezcan en el acuerdo nuclear con Irán, en lugar de abandonarlo, como ha hecho Donald Trump. «Ya es hora de que nuestros aliados europeos se pongan de nuestro lado -ironizó-, el régimen iraní promueve un Holocausto y debemos impedirlo».

Merkel, lejos de dejarse conmover por el requerimiento de esta vieja amistad, llamaba a China a participar en los esfuerzos por salvar el acuerdo INF de desarme y llenar el vacío que deja EE.UU., limitándose a calificar de «muy interesante» la «nueva constelación» que surge en el globo tras el paso atrás de Trump, en referencia seguramente a los 2.000 misiles balísticos y de crucero del país asiático, que quedarían bajo jurisdicción de este acuerdo.

Defensa de Occidente

El tono de los discursos no fue ni mucho menos afable. «Estados Unidos es hoy en día más fuerte que nunca antes y Estados Unidos vuelve a liderar el mundo -se pavoneó Pence ante los representantes de treinta estados presentes en la Conferencia de Seguridad-, pero no podemos garantizar la defensa de Occidente si nuestros aliados se vuelven dependientes del Este».

Sin citar a Alemania, que está sufriendo las consecuencias de la resistencia estadounidense al proyecto, agradecía a todos los socios europeos que se han posicionado claramente en contra del gasoducto Nord Stream 2 y señaló que «todavía queremos que otros países se posiciones así también», alardeando del apoyo que recibe de los gobiernos del grupo de Visegrado y tratando de meter una cuña entre Alemania y el resto de los socios europeos.EE.UU. prepara, además, nuevos aranceles a los automóviles de fabricación alemana.

«Esos aranceles afectarían sensiblemente a los fabricantes de automóviles alemanes», reconoce Gabriel Felbermayr, experto del instituto Ifo, que calcula que en caso de que Estados Unidos aumente los aranceles un 25%, las exportaciones alemanas «se reducirían por un valor de unos 18.400 millones de euros», calcula, por lo que no es de extrañar que Merkel hablase de estas intenciones como de algo «espantoso». «Estamos orgullosos de nuestros coches. Y podemos estarlo», respondió al Departamento de Comercio de EE.UU., que considera que los automóviles europeos representan una amenaza para la seguridad nacional su país.

En medio de esta atmósfera pesada y hostil, Merkel advirtió de la erosión de la cooperación multilateral. «No podemos simplemente romperla en mil pedazos», pedía, pero tampoco encontraba apoyo en el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, que ninguneó a la UE y criticó su «rivalidad sin sentido» con Rusia. Dejó caer que «una UE propiamente dicha nunca ha sido construida» y señaló que «en términos prácticos, la posición de la UE ya no importa en la configuración geopolítica de integración regional en general».

Solo en la trastienda de la Conferencia se produjeron contactos con deseo de aproximación, como el que mantuvieron Ivanka Trump y la sucesora de Merkel al frente de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, y que la embajadora alemana en Washington, Emily Haber, considera «muy alentador». Ambas coincidieron además en el «Desayuno de Mujeres», en el que estuvieron de acuerdo en que «si solo los hombres diseñan algoritmos, ¿cómo no va a peligrar el orden mundial?».