La policía dispara cañones de agua contra los manifestantes durante una protesta contra la celebración de la cumbre del G20 en Hamburgo
La policía dispara cañones de agua contra los manifestantes durante una protesta contra la celebración de la cumbre del G20 en Hamburgo - EFE

Melania Trump, atrapada por los manifestantes durante la cumbre del G-20 en Hamburgo

La esposa del presidente de Estados Unidos no ha podido abandonar la residencia oficial en la que ha pernoctado por encontrarse cercada por los manifestantes

Corresponsal en Berlín Actualizado: Guardar
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Seguramente se referían a esto los organizadores de la multitudinaria manifestación de protestas, con motivo de la cumbre del G20 en Hamburgo, cuando eligieron el lema «Bienvenidos al infierno». Según ha informado el senador de Interior de Hamburgo, Andy Grote, al menos 160 policías han resultado heridos por los ataques del «Bloque Negro», como se hace llamar un grupo de manifestantes que cubren sus rostros con pasamontañas, visten de negro y están sumiendo en el caos varios barrios de la ciudad alemana. El hotel Hyat, en el que se hospeda el presidente ruso Vladimir Putin, ha sido atacado por un grupo de estos encapuchados y los antidisturbios han tenido que entrar en el edificio para restablecer el orden. Melania Trump, la esposa del presidente de Estados Unidos Donald Trump, no ha podido abandonar la residencia oficial en la que ha pernoctado con destino al programa de actividades preparado para los acompañantes de los jefes de Estado y gobierno, porque otro grupo de exaltados tenía bloqueado el tráfico y amenazaba con destrozos y agresiones. «Hasta ahora la Policía no nos ha dado el ok de seguridad para poder abandonar la residencia» declaró una portavoz de la primera dama estadounidense, justificando su ausencia en el paseo en barco previsto para los consortes de líderes del G20. Un portavoz de la policía ha declarado que la situación está ya bajo control y que la señora Trump asistirá a la comida conjunta que figura como segunda actividad en el programa de acompañantes, para después visitar el Centro Alemán de Investigación Climática, un organismo que estudia el clima mediante computación de alto rendimiento.

Mientras tanto, en el barrio de Altona, decenas de coches aparcados han sido incendiados ante la impotencia de la policía, que no puede cubrir cada calle y que, a pesar de los 20.000 agentes desplegados, está pidiendo refuerzos a los Bundesländer alemanes. Policías de otras regiones están llegando por cientos a la ciudad a orillas del Elba, en la que una comisaría que hacía las veces de centro operativo ha sido también incendiada. A pesar de que las manifestaciones están prohibidas en un radio de 38 kilómetros de la sede del G20, cientos de manifestantes antisistema intentan acceder a la zona de alta seguridad. «¡Muerte a los tiranos!», gritaban los encapuchados que asaltaban esta mañana un concesionario de BMW en el que fueron incendiados varios vehículos. «¡Libertad!», repetían los manifestantes que bloqueaban el paso a una comitiva oficial estadounidense de camino al centro.

Uno de los puntos cuya seguridad está siendo reforzada es el río Elba, a la altura dela Elbfilharmonie, la impresionante sala de conciertos a la que los jefes de Estado y gobierno, incluido el presidente Mariano Rajoy, acudirán esta tarda para escuchar un concierto en el que será interpretado el himno de Europa. «Esperamos que los ataques se concentren allí a partir de mediodía», ha avanzado un portavoz policial que reconoce, sin embargo, que la mayoría de los manifestantes no pertenecen a los movimientos violentos y llevan a cabo sus protestas y sus debates en la contracumbre organizada a varios kilómetros. Allí, varias ONGs han criticado las propuestas de la canciller Angela Merkel, acusándola de acudir «con las manos vacías». «No ha presentado nada», se queja la gerente de Greenpeace, Sweelin Heuss, en la cadena de televisión alemana ZDF, recordando que «Alemania no pone fin al uso del carbón, a pesar de que es muy necesario para poder alcanzar sus propios objetivos del clima para el 2020». «Si Alemania quiere proteger el clima, que cierre las fábricas de coches que han trucado sistemáticamente los motores para burlar la legislación de emisiones de gases contaminantes», ironiza Heuss sobre el escándalo Volkswagen, que ha afectado a millones de vehículos fabricados por la empresa alemana en todo el mundo.