Un centroamericano, frente a la frontera entre México y EE.UU. a la espera de alcanzar una vida mejor
Un centroamericano, frente a la frontera entre México y EE.UU. a la espera de alcanzar una vida mejor - Afp

Inmigrantes en Tijuana: «Tenemos que entrar en masa en EE.UU. ya. No podrán detenernos»

En torno a 5.000 integrantes de las caravanas se agolpan a unos metros del muro que les separa del sueño americano

Enviado especial a Tijuana (México)Actualizado:

A 100 metros de Estados Unidos hay un campamento de inmigrantes. En la ciudad mexicana de Tijuana, los 5.000 integrantes de la caravana de centroamericanos descansan en un polideportivo a escasos metros del muro que ahoga sus esperanzas, sus sueños. Ni ríos, ni policías, ni tuits de Donald Trump; nada los había frenado a lo largo de su odisea de 43 días a través de 4.500 kilómetros. Nada hasta que chocaron de bruces con el muro entre Estados Unidos y México, una frontera frente a la que el sueño americano que individualmente comparten agoniza lentamente.

«Le pido a Trump que me dé dos o tres años para trabajar, solo quiero eso», ruega desesperado Jorge Alberto. De unos 30 años, dejó a su familia atrás en Honduras con la firme misión de llegar a la primera potencia a trabajar y, así, enviar dinero a casa. «Trump tiene que tocarse el corazón y abrir las puertas, hay familias que están sufriendo», continúa Jorge Alberto, a quien le gustaría que la caravana llegara a un acuerdo con el presidente de Estados Unidos para entrar legalmente. Pero si dicho trato no se da, intentará de pasar la frontera «como se pueda».

Son familias con niños, jóvenes que viajan solos, personas mayores o mujeres embarazadas los que conforman el numeroso grupo que huye de la violencia y la pobreza que asola Centroamérica. El Salvador, Guatemala y Honduras son tres países extremadamente pobres, con algunos de los índices de criminalidad más elevados del mundo, un territorio donde las maras –pandillas– operan impunemente. «Ahí no se puede vivir, a uno lo matan», sentencia Israel, de 56 años. «El trabajo que hay en mi país no da ni para comprar papas, cómo voy a ayudar a mi familia así», dice José David, de 20 años.

«No podrían detenernos»

El reloj corre en contra de la unidad de la caravana. Salieron el 12 de octubre de Honduras con tres claros objetivos: uno, viajar en masa para protegerse de los peligros que supone cruzar México; dos, obtener atención mediática con la que denunciar su situación, y tres, llegar hasta la frontera.

Dentro de un grupo tan numeroso, cada individuo tiene sus intereses y prioridades, pero quedaron sepultadas bajo la importancia de mantener la unidad para conseguir el objetivo más importante: llegar a la frontera, misión que cumplieron la semana pasada. Ya llevan una semana en Tijuana y a medida que pasa el tiempo mayor es la incertidumbre que reina dentro de la caravana. Por ello cada uno de su integrantes empieza a analizar a título personal cuáles son las cartas que mejor puede jugar para conseguir pasar al otro lado de la línea divisoria.

«Estados Unidos no tiene prisa, nosotros sí. Hay que actuar ya e intentar entrar en masa, porque si no nos iremos separando», confiesa un inmigrante, que propone que el grupo forme una avalancha de personas que «pacíficamente» entre en Estados Unidos por uno de los puntos fronterizos con Tijuana. «Somos muchos, no podrían detenernos», dice confiado a pesar de que Trump firmó un decreto esta semana para que sus soldados abran fuego contra los inmigrantes si sus agentes son atacados. «No van a dispararnos. Matarían a miles de mujeres y niños, sería una masacre».

«La caravana no tiene ninguna oportunidad de entrar en Estados Unidos», opina José David, quien ha decido que se lanzará a cruzar la frontera por algún punto. Muchos inmigrantes suelen recurrir a coyotes –guías– que por unos 7.000 dólares los introducen en la primera potencia a través de las montañas. Como muchos otros, José David no cuenta con tal cantidad, por lo que asegura que se tirará «al monte», está decidido a jugarse todo por el sueño americano. «Prefiero morirme de sed intentando ir a Estados Unidos que volver a Honduras a morirme de hambre», sentencia.

«Nosotros nos vamos a quedar en México», dice Arlene, una joven hondureña que viaja con su marido y su hijo, que también cree que los 8.000 soldados que Trump envió a la frontera y el muro en ella suponen una barrera infranqueable para el grupo. «Conseguir refugio en EE.UU. es muy difícil, aquí en Tijuana es más fácil», asegura mientras ojea un mapa de México sentada en la entrada de su tienda de campaña, facilitada por organizaciones civiles y la alcaldía de Tijuana.

Cuatro caravanas

Debido a las necesidades de las 5.000 personas de la caravana, la alcaldía de Tijuana ha declarado la situación como crisis humanitaria, ante la necesidad de mayores recursos para alimentar y proveer de servicios sanitarios a los inmigrantes. «Cuanto más nos quedemos en este campamento, más descontento habrá en Tijuana hacia nosotros», dice un inmigrante. «Tenemos que intentar entrar en Estados Unidos ya».

En total son cuatro las caravanas de centroamericanos que hay en México y que persiguen entrar en Estados Unidos. La primera es la más numerosa y es la que se encuentra en Tijuana. Hacia ahí se dirige la segunda, compuesta por unas mil personas, que está ya en Mexicali, ciudad también fronteriza con Estados Unidos y ubicada a tan solo dos horas y media de Tijuana, hacia donde pondrán rumbo en las próximas horas. La tercera caravana, compuesta sobre todo por salvadoreños, se ha quedado rezagada en Ciudad de México y ha sido adelantada por la cuarta, que recientemente abandonó Querétaro.

Ante la inminente llegada de más personas, Estados Unidos ha reforzado su frontera al colocar alambre de espino a lo largo del muro y aumentado la vigilancia para actuar rápidamente en caso de que los centroamericanos traten de entrar ilegalmente.