Mohamed bin Salman con Donald Trump en la Casa Blanca, el pasado 20 de marzo
Mohamed bin Salman con Donald Trump en la Casa Blanca, el pasado 20 de marzo - REUTERS

El Heredero saudí admite el derecho de Israel a tener su propio territorio

El movimiento de Mohamed bin Salman, que insiste en «acomodar» también a los palestinos, busca un frente contra Irán, su gran enemigo

Actualizado:

Arabia Saudí, guardián de los lugares santos de Meca y Medina y patria de la secta más radical del islam, ha dado un paso inédito al admitir –por boca de su «hombre fuerte», el Príncipe heredero Mohamed bin Salman– el «derecho de Israel a tener su propio territorio» en la tierra de sus antepasados, En una entrevista con la revista norteamericana «The Atlantic», Bin Salman no mencionó la posibilidad inmediata de un reconocimiento saudí del Estado de Israel, pero afirmó un principio que nunca antes había sido expresado con tanta claridad por parte de las autoridades de Riad.

«Creo –afirmó el Heredero saudí– que los palestinos y los israelíes tienen derecho a tener su propia tierra. Pero tenemos que tener un acuerdo de paz para garantizar la estabilidad para todos y acordar relaciones normales». ¿Qué dimensiones debería tener el Estado de Israel?, ¿las anteriores a la Guerra de 1967 como hasta ahora exigió Riad? No se menciona ya esa condición. «Nuestra preocupación se refiere al destino de la Gran Mezquita de Jerusalén y a los derechos del pueblo palestino», dijo Bin Salman.

Buena parte de la entrevista concedida al semanario norteamericano –con motivo de su gira por Estados Unidos, previa a su visita a España– se dedica a ponderar la importancia para el reino saudí de mantener buenas relaciones con Israel. Algo que aparentemente no deja de sorprender, cuando el proceso de paz israelo-palestino lleva casi cuatro años paralizado, y pocos días después de los violentos incidentes en la frontera con Gaza, que dejaron 16 muertos y más de 1.400 heridos.

«Compartimos muchos intereses con Israel, y si hay paz habría muchos más con todos los países árabes del Golfo», añadió el hijo del Rey Salman y «hombre fuerte» de Arabia Saudí desde el pasado mes de junio. Algunos intereses ya han empezado a aflorar discretamente. El pasado mes de noviembre, un miembro del Gabinete israelí reveló la existencia de contactos con las autoridades de Riad, algo que inmediatamente negó el Palacio Real. El mes pasado, no obstante, Riad anunció que por primera vez concedía autorización a un vuelo comercial israelí para utilizar su espacio aéreo.

Fuentes europeas y árabes han confirmado lo que es un secreto a voces. Mohamed bin Salman aspira a obtener para su país el estatus de primera potencia musulmana en Oriente Próximo, y solo tiene un enemigo en el camino: Irán. El régimen de los ayatolás vive un momento de apogeo en su autoestima tras la llegada de un gobierno de supremacía chií en Irak y los avances militares de su aliado Assad en Siria. Y se enfrenta por poderes con la monarquía saudí en la guerra del Yemen.

La prioridad que tiene para Bin Salman el pulso con Irán le empuja a hacer frente común con Israel, el archienemigo de Teherán, el «Satán» que el régimen persa creado por Jomeini ha prometido destruir «tarde o temprano».

Para Mohamed bin Salman, la auténtica representación del Maligno es en cambio el líder iraní, el ayatolá Jamenei. «Creo que el líder de Irán hace parecer bueno a Hitler», afirma el Heredero en la entrevista con «The Atlantic». «Hitler se limitó a tratar de conquistar Europa. El líder supremo iraní quiere conquistar el mundo».

Arabia Saudí, como demuestra el desarrollo de la guerra en Yemen, no puede hacer frente sola a Irán. Necesita a Estados Unidos y a Israel. Y ese pacto pasa por la cuestión palestina. A falta de la reanudación del proceso de negociación –en el que ya estaría trabajando discretamente la Administración Trump– el reconocimiento por primera vez del «derecho de Israel» a tener un Estado en Oriente Próximo es un paso de gigante por parte de un líder árabe, mucho después de que Egipto y Jordania rompieran el tabú. Riad insiste en el derecho similar de los palestinos a tener un Estado, pero esa paridad que ahora preconiza va a desconcertar a muchos dirigentes árabes y musulmanes. Empezando por los propios palestinos.