Akihito durante una comparecencia pública el día de su 82 cumpleaños, el pasado 23 de diciembre
Akihito durante una comparecencia pública el día de su 82 cumpleaños, el pasado 23 de diciembre - REUTERS

El Emperador de Japón, Akihito, planea abdicar, pero no dice cuándo

Debido a su avanzada edad y delicada salud, renunciará al Trono del Crisantemo para que lo ocupe su hijo, el príncipe Naruhito

CORRESPONSAL EN ASIA Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

En el trono desde 1989, el Emperador de Japón, Akihito, planea abdicar al no poder seguir cumpliendo sus obligaciones como quisiera debido a su avanzada edad, 82 años. Sin embargo, aún no se sabe cuándo lo hará y su renuncia podría tardar todavía varios años, según informaba ayer la televisión NHK.

Lo que sí se sabe es que su heredero será su hijo el Príncipe Naruhito, el siguiente en la línea sucesoria al Trono del Crisantemo. A sus 56 años, Naruhito está casado con la princesa Masako, una antigua diplomática con quien tiene una hija, Aiko, que no podrá suceder a su padre porque en Japón rige la ley sálica y solo los hombres pueden heredar el trono. Por eso, a Naruhito le sucederá su sobrino Hisahito, hijo del segundo vástago del Emperador, el príncipe Akishino, y la princesa Kiko.

Pero, mientras llega ese día, la Casa Imperial nipona se prepara para el relevo de Akihito, que ya habría comunicado sus intenciones a su hijo pero todavía podría tardar bastante tiempo en producirse. De hecho, no hay normas previstas para la abdicación y habrá que hacer los pertinentes cambios legales porque el último soberano que renunció al trono fue el Emperador Kokaku en 1817.

Debido a sus problemas de salud, que le obligaron a someterse a una operación de próstata en 2003 y otra de corazón en 2012, el Emperador se venía quejando últimamente de que no quería seguir en el cargo si tenía que limitar sus funciones. Durante su convalecencia, el príncipe Naruhito actuó como regente, lo que le sirvió para empezar a descubrir el rol que le tocará desempeñar en el futuro.

Cuando Akihito se retire, el pueblo japonés lo despedirá con todos los honores al haberse ganado su cariño. Y eso que no lo tenía fácil debido al trágico pasado militar del imperio del Sol Naciente. Su padre, Hirohito, se libró de ser juzgado por los Aliados tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, pero se vio desposeído de su carácter divino y la monarquía quedó reducida a una institución meramente ceremonial.

Tras sucederlo en 1989, en una fastuosa ceremonia de proclamación después de diez meses de luto, Akihito tuvo que enfrentarse al estallido de la burbuja inmobiliaria y a la crisis financiera que sacudió a Asia a mediados de los 90. Tocaban tiempos difíciles para la hasta entonces boyante economía nipona, que lleva ya dos décadas estancada.

A pesar de estos problemas, sus súbditos valoran el carácter reconciliador de Akihito, quien durante su reinado ha recordado en varias ocasiones las atrocidades cometidas por el Ejército imperial nipón durante la invasión de buena parte de Asia. Así lo hizo en 1990 en Corea del Sur, que fue colonia japonesa entre 1910 y 1945, y dos años después en China, cuando se convirtió en el primer soberano nipón en visitar este país. El año pasado, durante el 70 aniversario de la Segunda Guerra Mundial, Akihito expresó su «profundo arrepentimiento» por el dolor infligido por su país durante la contienda.

En su modernización de la monarquía nipona, probablemente la más antigua del mundo gracias a sus 1.300 años de historia, Akihito fue el primer soberano en casarse con una plebeya, Michiko, en 1959. Además de los príncipes Naruhito y Akishino, la pareja tiene una hija, Sayako, que perdió el título cuando se casó en noviembre de 2005 con el plebeyo Yoshiki Kuroda, funcionario del Departamento de Urbanismo de Tokio. Ahora, Akihito también podría ser el primer monarca de la era moderna de Japón en abdicar.