Egipto aprieta el bozal a los medios de comunicación

Según Reporteros sin Fronteros, al menos 27 periodistas están en prisión en el país

CORRESPONSAL EN EL CAIRO Actualizado: Guardar
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El control y la represión no son novedad para los medios de comunicación egipcios -ya desde antes de Mubarak-, que tomaron una buena bocanada de aire tras la revolución de 2011, cuando se multiplicaron los medios independientes y parecía una época de mayor libertad para la prensa en el país. Sin embargo, desde la llegada al poder del presidente Abdelfatah Al Sisi en 2013 y especialmente durante los últimos meses ante las próximas elecciones presidenciales, se ha exacerbado la persecución a la prensa que ahoga a periodistas críticos, pero también a medios tradicionalmente más afines al régimen.

Desde propaganda nacionalista a la expulsión y persecución judicial de periodistas, pasando por la adquisición de medios, militarización de las coberturas y nuevas leyes restrictivas, el régimen de Al Sisi toca todas las cuerdas para controlar a los medios tanto locales como extranjeros: ayer fue expulsada del Cairo la corresponsal de «The Times», Bel Trew, tras ser amenazada con un juicio militar si no abandonaba el país. A finales de febrero el Gobierno instó al boicot contra la cadena británica BBC por retransmitir una entrevista a la madre de una desaparecida forzosa, mientras que la agencia de noticias Reuters se enfrentó a un proceso penal por una información en la que apuntaba que el estudiante italiano de doctorado Giulio Regeni torturado y asesinado en El Cairo había sido detenido por la Policía poco antes de su desaparición. A la luz de las próximas elecciones, que se celebrarán el 26, 27 y 28 de marzo, el Gobierno ha renovado sus mensajes a los medios extranjeros, a los que insta a «utilizar sólo fuentes oficiales», mientras el Fiscal general del país anunció el 18 de marzo el lanzamiento de una línea telefónica de quejas sobre «noticias falsas y rumores» publicadas en medios de comunicación «con la intención de socavar la seguridad nacional».

«Fuerzas del mal»

Según el propio Al Sisi, todas aquellas voces críticas (medios, pero también la sociedad civil que han llamado al boicot de las elecciones) son «fuerzas del mal» que pretenden «perturbar al público y aterrorizar a la sociedad».

Así, en medio de un clima de cada vez mayor represión contra la prensa, Egipto se ha convertido en uno de los países con más periodistas encarcelados, un mínimo de 27, según un último informe de el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Muchos languidecen en detención preventiva, víctimas de la caza de brujas del Gobierno y por las razones más peregrinas: una periodista que publicó en Facebook un meme sobre Al Sisi fue condenada a 5 años de cárcel por «posesión de canabis». En apenas 4 meses, al menos 15 periodistas fueron detenidos o interrogados por las fuerzas de seguridad.

Una periodista que publicó en Facebook un meme sobre Al Sisi fue condenada a 5 años de cárcel por «posesión de canabis»

En el ránking 2017 de Reporteros Sin Fronteras, Egipto ocupa el puesto 161 de 180 países gracias por ejemplo a su draconiana ley de seguridad, que limita la cobertura de los atentados terroristas y prohíbe usar otras cifras que las que ofrezca el Ejército, y su afán de bloquear el acceso a cientos de páginas web (425 hasta la fecha, según un informe de la Asociación egipcia para la Libertad de Pensamiento y Expresión).

«La censura siempre ha sido algo normal en Egipto, especialmente autocensura; tienes que tener una conciencia muy activa para resistirla. El problema ahora es la arbitrariedad, la impredictibilidad de esta persecución (contra los medios). Sientes que cualquier cosa puede enfadar a las autoridades, no sabes dónde están las líneas rojas», dice a ABC la directora del medio independiente Mada Masr Lina Attalah. A principios de mes, un presentador de televisión ardiente defensor de Abdelfatah Al Sisi fue detenido durante 24 horas y está pendiente de investigación por «insultar a la Policía» tras leer en el aire una carta de la mujer de un policía que se quejaba de sus problemas económicos.

Nacionalización y compra

El intento de «sisificar» a los pocos medios no afines no se queda ahí: el Gobierno está llevando a cabo una campaña de nacionalización mientras que hombres de negocios afines al régimen o del aparato militar amplían también sus compras de canales y periódicos. Khaled el Balshy, director de la página web opositora Al Bedaiah, apunta a una «nacionalización por proxy»: primero se añaden a la interminable lista de entidades e individuos sospechosos de apoyar a los Hermanos Musulmanes, se congelan sus cuentas bancarias (una táctica también utilizada con las ONG) y finalmente el medio se coloca bajo control administrativo de uno de propiedad gubernamental. La cadena ONTV, un popular canal de televisión generalmente a favor de Al Sisi, con ocasionales comentarios críticos, fue adquirida el pasado mayo de 2016 por un poderoso magnate cercano a la inteligencia militar, y a finales de 2017 se documentó la compra del canal Al Hayat por una firma de seguridad, Falcon, cuyo CEO es un antiguo oficial también de la inteligencia militar.

Pero Lina Attalah de Mada Masr, cuya página web todavía es prácticamente inaccesible desde el territorio egipcio, concluye: «Tengo miedo todo el rato. Sobre qué me va a pasar a mi, qué nos va a pasar (al periódico)… pero ponemos estos miedos a un lado cuando escribimos las historias y nos enfrentamos a ellos después».