El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions
El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions - REUTERS

Donald Trump presiona a su fiscal general para que dimita

El presidente busca un Gobierno a su medida y que no se frustre sus decisiones polémicas

WashingtonActualizado:

El presidente de EE.UU. está a punto de lograr el que ha sido su objetivo desde que llegó a la Casa Blanca: un Gobierno a su medida que le libre de tener que rendir cuentas ante los líderes de su partido en el Capitolio. Tras la dimisión el martes de su embajadora ante la ONU, Nikki Haley, Donald Trump ha retomado una ofensiva sin precedentes para forzar la marcha de su propio fiscal general [ministro de Justicia] Jeff Sessions, quien propició una investigación sobre el papel de Rusia en las elecciones de 2016.

Nunca, desde Richard Nixon, un presidente ha ejercido semejante presión sobre el principal abogado del Gobierno Federal. Ayer Trump llamó a un programa matutino de la cadena Fox News y avanzó que rebajará las penas por delitos de tráfico de drogas, en un país con una población carcelaria de dos millones de personas. «Si el fiscal general no está de acuerdo, impondré mi decisión». Sessions y el ala dura del Partido Republicano quieren lo opuesto: endurecer esas penas.

En un episodio más humillante, el presidente ha llegado a ofrecerle el puesto de Sessions al jefe de gabinete de éste, Matthew Whitaker. La Casa Blanca lo filtró a los medios norteamericanos, un paso más en una larga serie de presiones que incluyen declaraciones de Trump como que Sessions es «débil», y una revelación del periodista Bob Woodward en su último libro, «retrasado mental». Trump negó este último insulto.

El presidente nunca le ha perdonado a Sessions que decidiera recusarse de la investigación sobre Rusia, después de haberse reunido con el embajador de ese país en Washington, Sergei Kisliak. Aquello propició que el número dos de Sessions, Rod Rosenstein, abriera una causa separada encargada al exdirector del FBI Robert Mueller. Este ha estrechado el cerco sobre Trump y ha presentado cargos contra varios colaboradores suyos.

Dilatada trayectoria

Sessions tiene una dilatada trayectoria en el Partido Republicano. Fue durante una década senador por Alabama, el primer destacado miembros de ese partido que apoyó a Trump. Sirvió de puente entre un presidente iconoclasta con la cúpula de un partido reacio a aceptarlo como uno de los suyos. En los momentos más bajos de la campaña de Trump, como la revelación de una grabación incendiaria con comentarios denigrantes sobre las mujeres, Sessions se mantuvo a su lado.

El mes pasado, el diario The New York Times publicó una tribuna anónima en la que un miembro del Gobierno de Trump admitía la existencia de una resistencia interna para coartar las medidas más radicales del propio presidente. Entonces, varios analistas apuntaron a Sessions o su entorno como posibles autores, algo que este negó.

Las descalificaciones al fiscal general han creado conmoción en la judicatura. Incluso el ministro de Justicia de Barack Obama, Eric Holder, dijo: «No podría haber aguantado todo lo que él aguanta». Aun así, algo mantiene a Sessions en el cargo: los líderes republicanos del Capitolio lo consideran la última barrera para frenar al presidente, que ya ha logrado deshacerse de más de 50 altos funcionarios para endurecer su política migratoria y exterior.