Corea del Sur se blinda ante el temor a nuevos misiles de Kim Jong-un

La inteligencia surcoreana sospecha que Pyongyang disparará un proyectil al Pacífico norte antes del 10 de octubre

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El ensayo nuclear que Corea del Norte efectuó el domingo no es el final de las amenazas de su joven dictador, Kim Jong-un, sino el comienzo de un nuevo desafío que se anticipa aún más peligroso. Como el régimen estalinista de Pyongyang aseguró haber detonado una bomba termonuclear «lista para montar en sus misiles intercontinentales», el Gobierno surcoreano sospecha que el siguiente paso es el lanzamiento de uno de estos proyectiles, ya probados en julio.

Según informa la agencia de noticias Yonhap, así lo cree el Servicio Nacional de Inteligencia, que este lunes ha informado a una comisión de diputados en el Parlamento. «Hemos seguido detectando señales de posibles lanzamientos. También prevemos que Corea del Norte podría disparar un misil balístico intercontinental», explicó un funcionario del Ministerio de Defensa, Chang Kyung-soo. Dada la afición del régimen a celebrar sus aniversarios con alardes militares, este nuevo ensayo podría tener lugar antes del sábado, cuando se cumplen 69 años de la fundación de la República Democrática Popular de Corea. Otra fecha posible es en torno al 10 de octubre, día en que se conmemoran los 72 años de vida del Partido de los Trabajadores. En la actual escalada de la tensión, cualquiera de esas dos ocasiones sería propicia para disparar al Pacífico Norte uno de los misiles intercontinentales del régimen, que en teoría tienen capacidad para recorrer 10.000 kilómetros y podrían golpear a algunas ciudades estadounidenses.

Para blindarse ante esta posibilidad, el Gobierno surcoreano autorizó ayer seguir desplegando el escudo antimisiles que el Pentágono ya está montando en su territorio, denominado THAAD (siglas en inglés de Terminal High Altitude Area Defense). Tras comprobar que sus niveles de radiación y ruidos están dentro de lo permitido, el Ministerio de Medio Ambiente aprobó el estudio de impacto ecológico de dichas baterías antimisiles y potentes sistemas de radar, que se están instalando en un campo de golf del distrito de Seongju, a 300 kilómetros al sudeste de Seúl. A pesar de la fuerte oposición de los vecinos de la apacible aldea de Soseongri, ya están operativas dos lanzaderas de misiles y otras cuatro se montarán esta semana.

El despliegue del THAAD refleja a la perfección el cambio de actitud en el Gobierno surcoreano. Durante la campaña electoral, y tras ganar los comicios en mayo, el presidente Moon Jae-in abogaba por paralizar el escudo antimisiles y fomentar el diálogo con Corea del Norte. Pero los constantes lanzamientos de misiles de Kim Jong-un, y ahora su última prueba nuclear, le han hecho cambiar de idea. «En una reunión del Consejo Nacional de Seguridad (celebrada poco después del ensayo atómico del domingo), las opiniones convergieron en una dirección que endurece la postura militar, en lugar del diálogo», reconoció ante el Parlamento el ministro de Defensa, Song Young-moo.

Recién regresado de Washington, donde se reunió con el secretario de Defensa, Jim Mattis, y el consejero de Seguridad de la Casa Blanca, H.R. McMaster, Song les ha pedido refuerzos para hacer frente a las provocaciones de Pyongyang. Entre ellos destacan el despliegue de un portaaviones nuclear, bombarderos y otros efectivos poderosos, pero desmintió haber solicitado la vuelta de las armas atómicas que EE.UU. se llevó de Corea del Sur en los años 90. Además, anunció para este mes más maniobras con fuego real como demostración de fuerza ante Kim Jong-un.

Como anticipo, Seúl respondió el lunes a su última prueba nuclear con un ensayo de bombardeos selectivos. En concreto, el Gobierno surcoreano practicó el hipotético ataque al silo nuclear de Punggye-ri, que se encuentra a 280 kilómetros al norte de la frontera del Paralelo 38 y es donde tienen lugar estos ensayos atómicos. A modo de demostración de fuerza, el Ejército surcoreano lanzó desde su costa oriental misiles tierra-tierra Hyunmoo-2A y desplegó cazas F15K que disparan cohetes guiados de precisión Slam-er, capaces de recorrer hasta 300 kilómetros.

«Las maniobras demuestran la capacidad del Ejército surcoreano para destruir no solo el origen de las provocaciones, sino también el liderazgo del enemigo y las fuerzas que le apoyan si amenazan la seguridad de nuestro pueblo», explicó el portavoz del Alto Mando Conjunto, el coronel Roh Jae-cheon, informa Yonhap. Para que no hubiera dudas sobre sus intenciones, señaló específicamente que «hemos ensayado ejercicios de tiro con distancia real, simulando la instalaciones de Punggye-ri como el origen de las provocaciones».

Con estas pruebas, Seúl quiere demostrar que podría volar el complejo nuclear norcoreano y atacar al régimen estalinista de Pyongyang. Pero no lo hará porque Corea del Norte también está fuertemente armada y su respuesta provocaría un baño de sangre.