Un grupo de chalecos amarillos sigue con atención la comparecencia del presidente de Francia
Un grupo de chalecos amarillos sigue con atención la comparecencia del presidente de Francia - REUTERS

El cheque de 10.000 millones de Macron no logra apagar la protesta de los chalecos amarillos

El ala radical de la revuelta desprecia «las migajas», y sindicatos y estudiantes convocan otro movimiento en centenares de liceos

Corresponsal en ParísActualizado:

Intentando apagar el fuego amarillo con un cheque de 10.000 a 15.000 millones de euros, según las estimaciones, Emmanuel Macron ha conseguido que estudiantes y sindicatos se sumen al «carro» de los chalecos amarillos, confirmando el parón de la economía nacional, agravándose los problemas de los déficits y la deuda pública, provocando la más viva inquietud en Berlín y Bruselas.

En una comida con varios periodistas europeos, Ségolène Royal, exministra socialista, ex del expresidente François Hollande, nos resumió ayer con luminosa brutalidad su versión íntima de la crisis: «El problema de fondo es la inexperiencia de Emmanuel Macron. Se ha metido él solo en la boca del lobo. Y, ahora, vaya usted cómo consigue salir del hoyo».

Las muy distintas sensibilidades de chalecos amarillos comenzaron muy pronto a contestar las concesiones del presidente de la República.

Desde la extrema derecha, Marine Le Pen, presidenta de Agrupación Nacional (AN, ex Frente Nacional, extrema derecha), denunció muy pronto las concesiones de Macron, afirmando que la política presidencial sigue siendo fiel a la «mundialización salvaje». Según un estudio sociológico publicado por el vespertino «Le Monde», entre un 7 y un 9 % de los chalecos amarillos se consideran ellos mismos de derechas o extrema derecha.

Desde la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, presidente de Francia Insumisa (FI, extrema izquierda), comenzó denunciando las «migajas» de una subida de 100 euros mensuales del salario mínimo, esperando que la fronda social «continúe creciendo». Según el mismo estudio sociológico publicado por «Le Monde», entre un 15 y un 17 % de los chalecos amarillos se consideran ellos mismos de extrema izquierda.

Un 33,1 % de los chalecos amarillos no se consideran ni de izquierda ni de derecha, pero tienen una visión muy negra de la evolución política y social de Francia: no se sienten representados por los sindicatos ni por los partidos políticos; se consideran víctimas de un modelo político poco representativo; y se dicen dispuestos a «seguir protestando».

Comparación con Italia

Tras las concesiones anunciadas la noche del martes, por un montante de 10.000 a 15.000 millones de euros, según las estimaciones, Emmanuel Macron ha invitado a su gobierno a explicar su política, esperando que ese trabajo de «pedagogía nacional» termine apagando el incendio amarillo. A la espera de acontecimientos, la política gubernamental es contestada en nuevos frentes inflamables.

Los estudiantes de bachillerato siguen protestando de manera bastante llamativa contra la nueva Ley de orientación estudiantil, contra la reforma del bachillerato y contra las modalidades del proyecto de restauración del servicio nacional.

A lo largo de todo el día de ayer, miércoles, más de 450 institutos de enseñanza media estuvieron «perturbados» en toda Francia, 60 estuvieron completamente cerrados y varios millares de estudiantes se manifestaron en París y una docena de capitales de provincias. La tentación de sumarse a las posibles manifestaciones de chalecos amarillos quizá pudiera ser alta, si la crisis se prolongase indefinidamente.

Los sindicatos, por su parte, se han dividido ante las concesiones de Macron. Pero el sindicato más influyente de Francia, la CGT (históricamente comunista), ha decidido convocar manifestaciones, a partir del viernes, intentando echar aceite al fuego de un posible nuevo fin de semana de crisis.

La prolongación de la crisis amarilla, y la aparición de nuevos frentes de crisis, paralelas o convergentes, coincide con la agravación de todos los indicadores económicos nacionales.

Gérald Darmanin, ministro de los presupuestos del Estado, terminó por reconocer oficialmente, ayer, que el cheque firmado por Emmanuel Macron, para intentar apagar el incendio amarillo, asciende a 10.000 millones de euros. Se trata de una estimación muy optimista. Economistas independientes elevan esa factura a los 12.000 o 15.000 millones de euros.

Darmanin ha confirmado oficialmente otros indicadores desastrosos. Hasta ayer, el Gobierno de Emmanuel Macron seguía afirmando que el déficit francés sería del 2,8 %, por debajo del 3 % esperado, el 2019. Darmanin anunció ayer que, en verdad, el déficit francés ascenderá el año que viene hasta el 3,4 %. Una catástrofe para la Unión Europa, recibida con inquietud en Bruselas y Berlín.

En Berlín, «Die Welt» compara a Francia con Italia, lanzando una sentencia asesina: «Macron no es un buen socio para salvar Europa y la zona euro. Se ha transformado en un factor de riesgo». En Bruselas, la Comisión percibe las concesiones hechas por Macron como un riesgo potencial alto, instalando a París en el pelotón de las capitales incapaces de cumplir los compromisos europeos más estrictos.

Macron espera que la «pedagogía» de sus ministros, movilizados días y noche, con el fin de «vender» las concesiones presidenciales, termine dando los frutos esperados y puedan evitarse nuevas jornadas de manifestaciones parisinas y cortes de carreteras y autopistas en todo el país. Queda la evidencia: una Francia caída de hinojos en las cenizas de sus divisiones, incapaz de cumplir sus compromisos económicos europeos.