José M. de Areilza - Monnet & Co.

Brexit de ida y vuelta

El mensaje de May mensaje es sencillo, «mi Brexit o el caos»

José M. de Areilza
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A menos de dos semanas del voto en los Comunes, el Gobierno británico ha tratado de atemperar las estimaciones oficiales sobre el daño que causará el Brexit a la economía británica. La salida sin acuerdo supondría perder casi diez puntos de crecimiento durante quince años, más que el agujero de la crisis financiera y económica de 2008. A cambio, la salida conforme a los términos pactados con Bruselas «sólo» costaría entre uno y dos puntos, aunque afectaría de forma negativa especialmente a Londres, al no cubrir la libre prestación de servicios. La factura sería más abultada si no se consigue negociar rápidamente -el plazo máximo es de cuatro años- un acuerdo de libre comercio con la UE. Theresa May está volcada en darle la vuelta al rechazo generalizado al pacto con Bruselas. Su mensaje es sencillo, «mi Brexit o el caos».

La primera ministra no admite que haya margen para un segundo referéndum o una renegociación y no contempla pedir la prórroga que autoriza el artículo 50 del Tratado de la UE. Pero cada vez más diputados reclaman decidir por ellos mismos, fuera de la disciplina de partido. A este retorno de la proverbial flema británica ayuda el enésimo manotazo del presidente norteamericano, al afirmar que el acuerdo al que ha llegado May con la UE no deja posibilidad alguna de fortalecer la relación especial entre los primos anglosajones. Esta vez Donald Trump dice la verdad. Si el Parlamento de Westminster sorprende al mundo y a última hora compra las tesis del gobierno, el Reino Unido seguirá a rajatabla la política comercial marcada por la Unión Europea de 27 países, incluso de forma indefinida. La clave de este Brexit de ida y vuelta sigue siendo el voto del 11 de diciembre. De ser favorable, exigirá legislar a toda velocidad la implementación del acuerdo. Si es contrario, crecen las opciones del segundo referéndum, convocado por un nuevo primer ministro conservador. A muchos diputados, incluido un alto porcentaje de laboristas, les une el propósito de evitar elecciones y bloquear la eventual llegada al poder de Jeremy Corbyn.

José María de Areilza CarvajalJosé María de Areilza CarvajalArticulista de OpiniónJosé María de Areilza Carvajal