La incógnita ahora es cómo va a abandonar Assange la Embajada de Ecuador - afp

Ecuador concede asilo diplomático a Julian Assange

Consideran que podría haber persecución política y peligro para la vida e integridad física del fundador de Wikileaks. Suecia ya ha obtenido su extradición por cuatro posibles delitos de naturaleza sexual

londres/madrid Actualizado:

El Gobierno de Ecuador ha decidido conceder a Julian Assange asilo político por el temor a que el ciudadano australiano pueda ser perseguido injustamente en Suecia, país que ha obtenido su extradición de la Justicia británica por cuatro posibles delitos de naturaleza sexual. El gobierno ecuatoriano acepta los argumentos aportados por el fundador de Wikileaks para solicitar asilo diplomático, al dar por válidos los temores de Assange de que «podría ser víctima de una persecución política, y de violaciones a su libertad de expresión y libertad de prensa».

El Gobierno de Ecuador, a través de su ministro de Relaciones Exteriores, ha atribuido «la máxima seriedad a este caso» y atribuye un peso particular a los presuntos riesgos para la vida e integridad de Assange, según ha declarado este jueves Ricardo Patiño. Quito parece aceptar la argumentación de Assange, que lleva dos meses «refugiado» en el consulado ecuatoriano en Londres, sobre el presunto riesgo de persecución por parte del gobierno de los Estados Unidos por la publicación de informaciones clasificadas comprometedoras, lo cual supondría «una persecución política, con menoscabo a la seguridad del señor Assange», en opinión de Patiño.

En su justificación, el Gobierno de Ecuador considera a Assange es «un profesional de la información, que ha revelado información privilegiada». A pesar de las gestiones diplomáticas realizadas por Ecuador solicitando garantías de seguridad para Julian Assange, el ministro Ricardo Patiño afirma que «los países implicados no han dado respuesta a estas peticiones». Asegura el ministro que tampoco han recibido garantías sobre la celebración de un juicio justo en Suecia, o del riesgo «de ser sometido a conductas crueles o degradantes».

Además, el ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador ha acusado de «intrusismo» al gobierno de Reino Unido tras la detención de tres activistas que se manifestaban a favor de Julian Assange frente a la Embajada ecuatoriana en Londres.

El Foreing Office hará cumplir su «obligación legal»

Una vez que Ecuador terminó con el suspenso, la decisión de garantizar el asilo político a Julian Assange tuvo como corolario la respuesta de la Foreign Office de que hará cumplir por todos los medios necesarios con su «obligación legal» de extraditar a Suecia al fundador de Wikileaks.

El ministro de Exteriores británico, William Hague, ha anunciado que su Gobierno no aprobará un salvoconducto para permitir el traslado del fundador de Wikileaks, lo que supone que podría ser detenido si abandona la Embajada ecuatoriana en Londres. De esta forma, Assange no podrá viaja desde la embajada hasta el aeropuerto para ir a Ecuador pese haberle sido concedido el asilo político.

A casi dos meses de que Assange entrase en la sede diplomática ecuatoriana en Londres solicitando asilo político, la tensión subió unas cuantas décimas. El ministro de Asuntos Exteriores Ricardo Patiño justificó el otorgamiento de asilo en la constitución ecuatorana y el derecho internacional.

Según Assange la acusación de delito sexual es parte de una estrategia político-diplomática americana para conseguir su extradición de Suecia y juzgarlo por la revelación de secretos militares en Wikileaks, cargo que conlleva una posible pena de muerte.

Un portavoz de la cancillería británica subrayó que el Reino Unido «tiene la obligación legal de extraditar a Assange a Suecia para ser interrogado sobre las acusaciones de delitos sexuales».

La justicia británica, incluida su máxima instancia, el tribunal Supremo, determinaron que Assange debía ser extraditado en base al pedido emitido por Suecia, donde Assange es reclamado por supuestos delitos sexuales que él niega.

En una carta al gobierno ecuatoriano previa al anuncio, el Reino Unido señaló que en caso de que se le conceda asilo no otorgará el salvoconducto a Assange para que pueda salir de la embajada. En la misiva le advierte a Quito que la ley británica contempla la suspensión temporal de la inumindad diplomática. La ley de Recintos Diplomáticos y Consulares de 1987 autoriza al gobierno a «revocar el status diplomático» de un edificio si se está violando la ley internacional.

La cancillería dejó la puerta apenas abierta diciendo que está interesada en «alcanzar una solución que sea aceptable para ambos países».

Es virtualmente imposible ver cuál puede ser una solución «aceptable» que no implique la derrota de una de las partes.

Según la prensa británica, si el gobierno decide aplicar la ley de 1987 no solo podría estar violando el derecho internacional sino que podría exponerse a represalias contra los diplomáticos británicos en cualquier lugar del mundo. En otras palabras, abriría una caja de Pandora. Pero si no adopta esta estrategia, el fundador de Wikileaks tendrá que permanecer en el recinto ecuatoriano: la policía podría detenerlo apenas ponga un pie afuera.

En este punto todo se abre para un desenlace tipo película de Hollywood. Según la BBC Ecuador, podría intentar llevarlo al aeropuerto en un coche de la embajada que también gozaría de inmunidad o, incluso, hacerlo viajar escondido en el baúl. «Hay reglas estrictas para el equipaje diplomático que permiten a los países traer la documentación que necesiten. Estas valijas diplomáticas pueden ser de cualquier tamaño, pero son para documentos oficiales. Es difícil ver cómo se podría poner a Julian Assange en un baúl y de allí subirlo al avión», especula la BBC.

Más factible es un empate técnico. En otras palabras, la única garantía que tendrá Julian Assange será permanecer en la embajada. Hay muchos antecedentes en este sentido. Es probable que el Cardenal Jozesf Mindszenty tenga el record de tiempo: quien pasó 15 años en la embajada americana en Budapest luego de la invasión soviética de Hungría en 1956. ¿Podrá Assange superarlo?