Alarma por el primer impacto de un dron con un avión en un aeropuerto británico

Golpeó el domingo al mediodía el morro de una nave de British Airways con 132 pasajeros, que aterrizó sin problema

LUIS VENTOSO
CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

«Es solo cuestión de tiempo que un dron choque contra un avión», venía alertando el sindicato de pilotos británico. Por su parte, UK Airport Board, que controla la seguridad en despegues y aterrizajes, registró entre abril y octubre del año pasado 23 incidentes que estuvieron a punto de acabar en impacto. Ahora lo esperado se ha producido. El domingo, a las 12.50 de la tarde, un dron dio contra el morro de un avión de British Airways, que bajaba para tomar tierra en Heathrow (Londres), uno de los aeropuertos con más tráfico del mundo. Iba a una altura que se estima entre 2.400 y 600 metros. El piloto reportó lo ocurrido y aterrizó sin problemas. Pero la alarma se ha disparado y aunque el uso de drones en aeropuertos está penado hasta con cárcel se piden más medidas.

El vuelo BA727 venía de Ginebra, con 132 pasajeros y cinco tripulantes a bordo. Tras tomar tierra fue examinado por los técnicos para continuar su siguiente viaje. El sindicato de pilotos había pedido una investigación a fondo tras los 23 incidentes registrados en solo seis meses de 2015, la mayoría en los aeropuertos de Heahtrow, Stansted, London City y Manchester. El Ministerior de Transporte había anunciado un plan de acción para este año. Los pilotos demandan también estudios sobre cómo afectaría a un avión el impacto de un dron contra sus ventanillas, del mismo modo que hay un amplio conocimiento de los problemas con pájaros. También se ha hablado de la posibilidad de emplear inhibidores que impidan su uso en zonas de peligro.

En el Reino Unido está prohibido volar drones en las inmediaciones de los aeropuertos, pero algunos aficionados lo hacen, mayormente para tomar fotos y películas desde el aire. Tampoco se permite su uso cerca de grupos de gente o edificios. Las sanciones van desde multas hasta cinco años de cárcel en los casos más graves. En Estados Unidos se ha creado un registro para poder rastrear en caso de incidente quién es el dueño del dron.

Aunque la prensa británica a penas lo comenta, en el subconsciente colectivo está el riesgo que supondría el uso de drones por parte de grupos terroristas.

La leyenda cuenta que la semilla del primer zángano —pues eso significa la palabra inglesa «drone»— se sembró hace solo tres años, en Burlington (Vermont, frontera de Estados Unidos con Canadá). Paul Wallich, un físico formado en Yale y periodista científico, estaba harto de acompañar a su hijo a la parada del bus cada mañana. No se hallaba muy lejos, solo a 400 metros, pero bajo los rigores del invierno norteño resultaba duro. Al tiempo, Wallich tampoco quería dejar desprotegido al pequeño. Así que decidió controlarlo desde el aire fabricando un pequeño abejorro volador. El autogiro pesó solo un kilo en el parto en el taller casero. Sus órganos eran cuatro hélices, dos ejes cruzados, un altímetro, acelerómetro, GPS, tarjeta de memoria y giróscopo. Al ingenio le ató un teléfono móvil para controlar a su hijo con la cámara.

Ahora los drones son un objeto común, uno de los regalos estrella navideños, con precios desde unos 50 euros para los más sencillos y más de 4.000 para los muy sofisticados. Sin salir de España hay casi una veintena de compañías de los fabrican. Algunos cálculos estiman que en Estados Unidos habrá 30.000 unidades surcando el cielo a finales de esta década. Dentro de diez años se cree que supondrán el 10% del mercado aeronáutico europeo. Útiles y divertidos, pero con una cara oscura: pueden ser un riesgo para la navegación aérea, un arma terrible el día que los terroristas reparen en ellos y una amenaza para la intimidad, pues están ya en condiciones de convertirse en un gran hermano.

El pasado 22 de julio, a las 2.16 horas de la tarde, un Airbus A320 estuvo en un «riesgo serio» de colisionar con un dron en su trayectoria de vuelo sobre Heathrow. El avión volaba a 700 pies de altitud (213 metros), con 180 pasajeros a bordo, cuando el piloto divisó el dron. El incidente fue clasificado de riesgo A, el máximo de la escala. Se cree que el dron fue manejado por un aficionado, que se encontraba fuera del perímetro del aeropuerto. El objeto no llegó a ser detectado por los radares y desapareció tras el susto.

Dos helicópteros militares ingleses han denunciado también incidentes con drones. El pasado mes de mayo, una avión comercial ATR 72, con 80 pasajeros, comunicó que un dron estuvo a solo 30 metros de su fuselaje. En diciembre de 2012, los tripulantes de un Boeing 777 comentaron en el aeropuerto londinense de Gatwick que habían visto muy cerca dos objetos plateados que podrían ser drones.

Los problemas de seguridad que puede suscitar la nueva moda son evidentes. «Se trata de objetos bastante pesados si vas a gran velocidad», comentan los pilotos. Una colisión puede equivaler a chocar con una bandada de pájaros, un problema reiterado en la aviación, que por ejemplo en febrero de 2009 obligó a un avión comercial de US Airways a aterrizar de emergencia en las aguas heladas de río Hudson, en Nueva York. El evidente que un dron puede romper la carlinga de un avión.

El problema de la venta libre de drones es que pueden caer en todo tipo de manos. Algunas absolutamente inexpertas (la mayoría). Otras con afán de hacer daño. Las autoridades británicas de aviación civil exigen que el usuario nunca pierda contacto visual con el dron, pero es evidente que esa norma se está incumpliendo.

Los drones abren también una oportunidad pavorosa para los grupos terroristas, algo que aunque no se explicita se tiene muy presente en un país como Reino Unido, que está desde finales de septiembre en el segundo grado máximo de alerta por temor a un ataque salafista. ¿Qué pasaría si los terroristas lograsen programarlos con cargas explosivas? Una hipótesis plausible, que preocupa a la Policía Metropolitana y a los pilotos, porque además los incidentes con drones se producen en los momentos más delicados de un vuelo, el despegue y el aterrizaje. Comprar un dron está al alcance de cualquiera. Amazon, por ejemplo, vende más de cien modelos de quince fabricantes diferentes.