Foto que dio la vuelta al mundo que muestra a una mujer herida mirando como otra habla por su teléfono móvil después de las explosiones en el aeropuerto de Bruselas en Zaventem
Foto que dio la vuelta al mundo que muestra a una mujer herida mirando como otra habla por su teléfono móvil después de las explosiones en el aeropuerto de Bruselas en Zaventem - AFP

22-M: Un año del atentado de BruselasEl atentado que enseñó a Europa que los terroristas se radicalizan en sus tripas

Bruselas recuerda este miércoles a los 32 muertos y más de 300 heridos que sufrieron la violencia nihilista de los terroristas del autodenominado Estado Islámico contra el aeropuerto y la red de metro de la capital europea

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Para que una insurgencia tenga más posibilidades de triunfar, sus combatientes deben contar con un refugio. Necesitan un respiro de la policía, servicios secretos y militares. Muchos grupos, por lo tanto, entienden que contar con un santuario o una zona «no go» («no ir») es esencial para su supervivencia, según escribe en un estudio titulado «Comprensión de las insurgencias» el profesor de Georgetown Daniel Byman. Más allá del debate sobre si Daesh es una insurgencia global o no y si Bélgica es o no su santuario en el corazón de Europa, Molenbeek ha supuesto una de las principales canteras de yihadistas de Europa en los últimos años. Como barrio, ha sido señalado por ataques como los del Bataclán y el estadio de Francia en París en 2015, por los del Museo Judío en 2014 y especialmente por los de este día el año pasado, el peor de la historia de la capital belga.

Bruselas recuerda este miércoles a los 32 muertos y más de 300 heridos que sufrieron la violencia nihilista de los terroristas de Daesh contra el aeropuerto y la red de metro de la capital europea. El Gobierno belga rendirá homenaje a las víctimas primero en el aeropuerto de Zaventem, donde se guardará un minuto de silencio a las 7.58 horas de la mañana, momento exacto en el que dos suicidas -el tercero escapó, fue detenido dos semanas después-, y más tarde a las 9.11 horas, en el que otro terrorista se hizo estallar en la estación de metro de Maelbeek, en el barrio europeo.

Los atentados de Bruselas del 22 de marzo desnudaron la falta de coordinación y los fallos en la aplicación de los protocolos de seguridad y de comunicación. El diario belga « De Morgen» expone varias pistas que explican el caos que dificultó la defensa ante los yihadistas. Por un lado, la seguridad del Estado no tiene prácticamente ningún empleado que hable árabe y por otro la capital de Europa se divide en 19 municipios y 6 zonas policiales, cuya colaboración es «complicada». Este país de 11,2 millones de habitantes, divididos entre los que hablan flamenco, en el norte, y francés, en el sur, mantiene una pesada y gris burocracia dirigida a acomodar las diferencias lingüísticas e ideológicas de las distintas sensibilidades políticas.

Los fallos de comunicación y no haber cerrado la red de metro en esa hora larga entre ataque y ataque penalizaron la imagen de los cuerpos de seguridad belgas apenas días después del triunfo mediático que supuso la detención del fugitivo Salah Abdeslam.

Colapso de las redes de comunicación crítica

Daniel Haché, director de Relaciones Externas de Astrid, el operador de servicios de emergencias belga, trató de defender en su conferencia del congreso Critical Communications World, celebrado en Ámsterdam el pasado junio, la fiabilidad de su red de radio Tetra (sistema móvil digital de radio, infraestructura propia separada de las redes de telefonía), empleada por los equipos de seguridad, policía y emergencias y que fue puesta en duda aquel día. Tras la tragedia se supo que los agentes recurrieron al Whatsapp, por el colapso durante horas del sistema de Astrid. «No fue un problema técnico sino con el uso de Tetra», dijo Haché, para quien los errores fueron culpa de la falta de capacidad de la red y la disciplina de quienes la empleaban bajo eso sí una presión terrible. «Nosotros tenemos que hacérselo lo más simple posible y enseñarles cómo utilizarlos», aseveró.

Para el reputado islamólogo francés Gilles Kepel, Bélgica ha sido una suerte de santuario, donde los yihadistas creían estar tranquilos para reclutar tranquilamente a medio plazo. El propio Abdeslam presuntamente nunca abandonó este país tras los atentados de París, se mantuvo en su «zona de confort», pese a que los rumores sobre su localización apuntaban desde Alemania, Países Bajos, Siria o incluso a que Estado Islámico lo ejecutó por no haber completado la misión asignada para el 13 de noviembre de 2015.

La policía belga patrulla estos días el mercado de Molenbeek
La policía belga patrulla estos días el mercado de Molenbeek - REUTERS

De todos los países occidentales, Bélgica ha enviado el mayor número de yihadistas extranjeros por habitante a Siria e Irak. Según cálculos del Centro Internacional para el Estado de la Radicalización y la Violencia Política (ICSR, en sus siglas en inglés), con sede en Londres, se estima que entre 440 y 550 combatientes han abandonado este país europeo, el mayor porcentaje de la UE.

Najim Laachraoui, uno de los terroristas suicidas del aeropuerto, preguntó al yihadista Abu Ahmed, presunto « emir» desde Siria de los comandos de París y Bruselas, si atacar o no la capital belga. Según recoge en un extenso reportaje «Le Soir», este joven, nacido en Marruecos pero que creció y vivió especialmente en el barrio bruselense de Schaerbeek, le planteó a Ahmed si se debía trabajar a largo plazo en Europa y «evitar» el ataque en Bruselas o bien golpear Bélgica por su estratégica posición y por albergar las sedes de la UE y OTAN. «Creo que no hay que atentar en este país. Siempre será la base de operaciones y donde podemos retroceder. Siempre encontramos casas seguras, ¿entiende? Si actuamos en Bélgica, será el fin».

Además de Laachraoui, las autoridades belgas creen que un sirio, de identidad falsa Ahmad Alkhald, es el único de los artificieros de los atentados de noviembre de 2015 en París -y quizá también de los de marzo de 2016 en Bruselas- que logró escapar de Europa, según publicaba el pasado 8 de marzo el periódico «La Libre Belgique».

Desde los atentados de París y especialmente los del 22-M, la «capital de Europa» ha tratado con mayor o menor fortuna recuperar la normalidad y mejorar la mala imagen de inseguridad y laxismo. Para ello, mantiene desplegados a 1.250 militares y la alerta sigue en nivel 3, de un máximo de 4. La tercera pata de los homenajes se situará en el centro de Bruselas y el barrio de Molenbeek. Desde allí, informa Efe, saldrá a las 15 horas una marcha organizada por el colectivo Todos Juntos.

El miedo y la caza de yihadistas paralizó Bruselas durante días y el aeropuerto no reabrió hasta 12 días después del atentado. «Si llenas la ciudad de militares con sus fusiles y su uniforme, si cierras un aeropuerto varios días, los terroristas ganan», dijo a ABC el alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, preguntado sobre «la israelización de Europa» y si se prestaba a dar consejos de seguridad a sus homólogos europeos. Los últimos ataques yihadistas en Europa, como el de Niza o Berlín, han demostrado que el 100% de seguridad es imposible, y que esta idea solo existe en los discursos de algunos políticos en campaña electoral.