Un grupo de inmigrantes llega a la estación de Westbahnhof, en Viena, desde Budapest
Un grupo de inmigrantes llega a la estación de Westbahnhof, en Viena, desde Budapest - efe

Refugiados en Viena, el otro lado de la crisis migratoria en Europa

Unos 3.650 inmigrantes llegaron a la estación de Westbahnhof, en la capital austríaca, donde recibieron la bienvenida de cientos de ciudadanos

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Casi a las doce de la noche de este lunes, el tren modelo Railjet 148, procedente de Budapest Kaleti, entró en la estación de Westbahnhof, en Viena, recibido por el júbilo de un grupo de personas dispuesto a dar la bienvenida al más reciente convoy de refugiados de Oriente Próximo.

Así lo mostró el periodista Thomas Mayer en su cuenta de Twitter: «Mirad esta fotografía de la estación Westbahnhof, centenares de ciudadanos esperando a 1.500 refugiados».

La sorpresa se produjo con la recepción ideada por los vieneses. Cientos de habitantes de la capital prepararon puestos con agua para recibir a los inmigrantes, cuya llegada celebraron con un aplauso. Esa noche, más de 20.000 personas se manifestaron para exigir una mejora en las condiciones de vida de los recién llegados.«Tenemos equipos de asistencia médica, comida caliente que nos llega desde Caritas, salas de descanso para las familias y los enfermos, y sobre todo contamos con un gran grupo de traductores voluntarios. Esos son muy importantes», indicó a EFE Birgit Hebein, diputada municipal de «Los Verdes» y una de las coordinadoras de la acogida desplegada en Westbahnhof.

La Iglesia Católica de Austria también quiso unirse al movimiento solidario. En declaraciones realizadas la madrugada de este martes a la emisora pública «ORF», el cardenal Christoph Schönborn anunció su deseo de acoger «a unos mil refugiados las próximas semanas» en instalaciones dispuestas por su diócesis. «No podemos ir por la vida dando lecciones sobre cómo tratar a los refugiados y no aportar lo nuestro», añadió.

En total, unos 3.650 inmigrantes, en su mayoría sirios, iraquíes y afganos, llegaron a Austria procedentes de Hungría. Agbar, un joven de 18 años originario de Afganistán, narró su historia a EFE. Su periplo comenzó en Irán, donde murió su tío. Después llegó a Turquía y pasó un mes encarcelado, hasta que finalmente logró atravesar el mar hasta Grecia y empendrer la «Ruta de los Balcanes»: de Macedonia cruzó a Serbia y luego a Hungría, donde tomó el tren que lo llevó a Viena.

Para muchos inmigrantes, Viena es una parada provisional. Este martes, la mayoría ha continuado su viaje rumbo Salzburgo, una ciudad situada en la frontera austríaca con el Estado federado de Baviera, en el sur de Alemania. El destino soñado entre los refugiados de Oriente Próximo. El procedimiento para obtener asilo en el país germano dura unos meses, mientras que en Austria puede alcanzar el año. Desde Berlín, el Ministerio del Interior ya ha anunciado que espera el arribo de 800.000 personas a lo largo de 2015.

« Alemania, queremos llegar a Alemania», afirmaron prácticamente todos los inmigrantes consultados por el EFE en la Westbahnhof en la madrugada de este lunes. Incluso a pesar de los disturbios que se han vivido en la localidad germana de Heidenau durante las últimas semanas, donde un autobús de refugiados sufrió el ataque de grupos de extrema derecha, en concreto de militantes del Partido Nacional Demócrata. Situada en el Estado federado de Sajonia, en el municipio existe un centro de acogida donde se alojan unas 600 personas. Decenas de ciudadanos se acercaron a las instalaciones para mostrar su solidaridad y manifestar su rechazo a las oleadas de violencia.

Además de contra el auge de la xenofobia, otras voces temen el fin de la libre circulación de personas en Europa. «Está en peligro uno de los pilares fundamentales de la Unión Europea», advirtió en ese sentido Paolo Gentiloni, ministro de Asuntos Exteriores de Italia. «Si no llegamos a un reparto equitativo, la cuestión de Schengen se planteará», indicó Angela Merkel este lunes, en referencia a las cuotas de refugiados por país. Los especialistas también muestran su inquietud. «Los países del norte reprochan a los países del sur que no hacen su trabajo y los países del sur consideran que el sistema es injusto», explicó a AFP Matthieu Tardis, miembro del Instituto Francés de Relaciones Internacionales.