Palomas sobrevuelan Hiroshima en el 70 aniversario de la bomba atómica
Palomas sobrevuelan Hiroshima en el 70 aniversario de la bomba atómica - reuters

Hiroshima pide el fin de las armas nucleares en el 70 aniversario de la bomba atómica

Con la presencia del primer ministro japonés, Shinzo Abe, esta emotiva ceremonia se convierte en un multitudinario alegato por la paz

pablo m. díez
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Con un estruendoso silencio, solo roto por el tañido de una campana y el de las cigarras que no paraban de sonar por el intenso calor, Hiroshima ha conmemorado este jueves el 70 aniversario de la primera bomba atómica, que fue lanzada por Estados Unidos para forzar la rendición de Japón en la II Guerra Mundial. Un año más, esta multitudinaria y emotiva ceremonia, celebrada en el Parque de la Paz, ha pedido el fin de las armas nucleares.

Pero todo indica que, de nuevo, su llamamiento se quedará en un brindis al sol porque, como recordó en su discurso el alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, «en nuestro mundo hay más de 15.000 armas nucleares y los políticos de los Estados con dichas armas siguen atrapados en su pensamiento provinciano, repitiendo con palabras y hechos su intimidación atómica». Para acabar con esta amenaza, invitó al presidente de EE.UU., Barack Obama, y a otros políticos «a venir a las ciudades bombardeadas y escuchar a los 'hibakusha' (como se denomina a los supervivientes en japonés)» para «encontrar la realidad de las armas atómicas».

A sus espaldas, entre la bandada de palomas liberada para simbolizar la paz, dicha realidad emergía fantasmagórica entre las ruinas de la cúpula del Pabellón de Congresos Comerciales de la Prefectura de Hiroshima, el único edificio del centro de la ciudad que no quedó totalmente destruido por «Little Boy» («Niño Pequeño»), como los americanos apodaron al devastador artefacto arrojado desde el bombardero «Enola Gay» a las 8.15 de la mañana de aquel trágico 6 de agosto de 1945. De los 350.000 habitantes que tenía entonces Hiroshima, se calcula que murieron entre 90.000 y 166.000, de los que entre 70.000 y 80.000 perecieron por la explosión y los incendios resultantes, que se propagaron en once kilómetros a la redonda. A dicha bomba siguió solo tres días después otra sobre Nagasaki, apodada «Fat Man» («Hombre Gordo»), que mató a entre 40.000 y 70.000 de sus 270.000 habitantes.

En memoria de todos ellos, tanto el alcalde como otras altas personalidades llevaron a cabo una ofrenda floral ante el cenotafio que preside el Parque de la Paz, donde se presentó el registro con los nombres de los 5.359 supervivientes que han fallecido en el último año. En total, ya suman casi 300.000, cinco veces más de los 60.000 «hibakusha» que aún siguen vivos, y cuya edad media es de 80 años.

«Como Japón es un país que ha sufrido la guerra y la bomba atómica, seguiremos con nuestros esfuerzos para conseguir un mundo sin armas nucleares de forma práctica y realista», prometió el primer ministro nipón, Shinzo Abe. Sin embargo, ese pragmático detalle final decepcionó a muchos de los asistentes, algunos de los cuales le increparon desde la multitud bajo las miradas nerviosas de los guardaespaldas.

Mucho más contundente fue el gobernador de la prefectura de Hiroshima, Hidehiko Yuzaki, quien abogó por «la abolición de las armas nucleares por sus consecuencias sobre la humanidad» y criticó a quienes «piensan que aportan seguridad y estabilidad cuando lo único que hacen es llevarnos a un infierno nuclear».

Aunque el primer ministro Abe también lamentó que no se hubiera renovado el Tratado de No Proliferación Nuclear en el 70 aniversario de Hiroshima, su Ejecutivo sigue aumentando el papel militar de Japón y ya programa reencender las centrales nucleares apagadas desde el tsunami de 2011 y el posterior tsunami.

«Como superviviente que, además, perdió a una hermana, cuyos restos jamás se encontraron, estoy en contra de la energía nuclear porque para mí es lo mismo que la bomba atómica», señaló a ABC Emiko Okada, una mujer de Hiroshima cuya vida ha sido plasmada en el documental «Atomic mom», de MT Silvia.

Tras un mensaje leído del secretario general de la ONU, que también reclamó un mundo libre de armas nucleares, la ceremonia concluyó con la Canción de la Paz de Hiroshima, donde estos días se celebran numerosos actos para recordar la devastación que causó la bomba atómica.