El coronel Tibbets junto al ‘B-29’ rotulado como ‘Enola Gay’, en honor de su madre, que transportaría la bomba ‘Little Boy’ hasta Hiroshima. Arriba, autógrafo del piloto
El coronel Tibbets junto al ‘B-29’ rotulado como ‘Enola Gay’, en honor de su madre, que transportaría la bomba ‘Little Boy’ hasta Hiroshima. Arriba, autógrafo del piloto - ARCHIVO

La mamá del piloto y el pequeño muchacho

La señora Tibbets, Enola Gay, daría nombre al avión en el que su hijo transportó la bomba atómica que destruiría la ciudad de Hiroshima

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Destinado a ser el piloto principal del avión que debía transportar la bomba atómica que arrasaría Hiroshima, el capitán Robert Lewis se enteró con enorme disgusto de que, a última hora, su superior, el coronel Paul Tibbets, había tomado la decisión de tripular personalmente el B-29 desde el que se efectuaría el primer bombardeo atómico de la historia.

Realmente el capitán Lewis, no sabía demasiado de la misión. Sólo que se trataba de algo especial y experimental, que requería una forma determinada de efectuar el lanzamiento, pero, sobre todo, de elevarse y alejarse lo más rápidamente del objetivo una vez que el artefacto hubiera sido dejado caer sobre la ciudad. El coronel Tibbets sabía algo más, no en vano había sido el encargado de entrenar a las tripulaciones para ese singular vuelo. Pero ambos, al igual que el resto de los tripulantes, ignoraban que su acción daría inicio a la Era Atómica.

Molesto todavía por perder el mando de la misión, el capitán Lewis se sintió humillado cuando observó cómo su aparato era rotulado con las palabras Enola Gay, para él sin significado alguno. Era el nombre de la madre del coronel Tibbets, Enola Gay Tibbets (casada con un pastelero y residente en Illinois). Ese rasgo de ternura filial, tan impropio del momento, concordaba con la decisión tomada por sus superiores de llamar a la bomba Little Boy (Muchachito).

Lewis, que efectuó el vuelo en su propio aparato como copiloto, sin dirigirle la palabra a su superior, afirmó en un programa de televisión en el año 1955, que, al ver el resultado de la explosión atómica, se quedó consternado y que había dicho «Dios mío ¿Qué hemos hecho?». Pero el coronel Tibbets, que reiteradas veces hizo alarde de no arrepentirse de esa acción, comenta que lo que realmente dijo el capitán Lewis en aquel momento histórico fue “Miren esa hija de puta como voló”. En otra versión también difundida por el propio coronel Tibbets, la frase resulta bastante más obscena todavía.