Milicianos chiíes iraquíes en la batalla por la reconquista de Tikrit
Milicianos chiíes iraquíes en la batalla por la reconquista de Tikrit - afp

¿Por qué puede convertirse en una mala noticia la caída de Tikrit?

La ciudad iraquí está a punto de ser reconquistada por milicianos chiíes formados por Irán y cargados de afán de venganza

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El Pentágono da por hecha la caída de la ciudad iraquí de Tikrit, hasta hoy en manos de los yihadistas de Estado Islámico (EI). La captura de esa localidad, al norte de Bagdad, será la primera gran victoria de las fuerzas militares del Gobierno iraquí -que controla la mayoría musulmana chií del país-, un ejército que el año pasado se asemejaba al de Pancho Villa por su indisciplina e incompetencia ante los fanáticos rebeldes suníes.

El mérito de la actual contraofensiva contra el EI reside en la motivada fuerza de choque de los voluntarios chiíes iraquíes formados por instructores llegados de Irán. Según el testimonio del general Martin Dempsey, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor de EE.UU., en la batalla de Tikrit participan unos 20.000 milicianos entrenados por Teherán y solo una brigada del ejército de Bagdad, formada por 3.000 soldados, que actúa como comparsa.

La fuerte carga ideológica del combate entre los milicianos chiíes y los yihadistas suníes del EI hace temer a Dempsey que, una vez caída la ciudad, comiencen los desmanes contra la población suní de Tikrit, hoy desplazada de sus casas por la lucha. El afán de venganza es muy fuerte entre los chiíes iraquíes, después de las atrocidades cometidas en el último año por los rebeldes del califato terrorista, y con la memoria aún fresca de las que cometió en su día el también suní Sadam Husein. Una ola de violencia o de represión contra las comunidades suníes de Irak, en las zonas reconquistadas por Bagdad, contribuiría a fomentar la propaganda del califato, que quiere presentar también su lucha como una guerra religiosa del islam contra la «herejía chií» respaldada por el potencial bélico de Irán.