Rousseff, junto a su hija, Paula, saluda a bordo de un Rolls Royce
Rousseff, junto a su hija, Paula, saluda a bordo de un Rolls Royce - efe

Rousseff asume su segundo mandato como presidenta de Brasil

Entre los desafíos a los que se tendrá que enfrentar está la trama de corrupción que afecta a Petrobras que puede salpicar a varios de sus aliados y ese duro ajuste fiscal

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La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, anunció que promoverá en el segundo mandato que inició hoy un profundo ajuste fiscal para enderezar la desacelerada economía de Brasil, pero con bajos sacrificios para los más necesitados. «Más que nadie sé que Brasil necesita volver a crecer, y los primeros pasos para ello pasan por un ajuste fiscal y un aumento del ahorro público, pero haremos eso con el menor sacrificio posible para la población, en especial para los más necesitados», aseguró la mandataria en el discurso que pronunció hoy ante el Congreso tras jurar el cargo para iniciar un segundo mandato de cuatro años.

La jefe de Estado, sin embargo, no dio más detalles sobre las medidas que pondrá en marcha a partir de este año para sanear las cuentas públicas y alcanzar un ahorro fiscal que mejore el ambiente para el crecimiento económico. «Reafirmó mi compromiso con la manutención de todos los derechos laborales y de los derechos de la seguridad social», aseguró la mandataria al negar que las medidas de ajuste puedan afectar a los trabajadores. Rousseff afirmó que es consciente de la necesidad de corregir distorsiones y excesos en la política fiscal, pero garantizó que lo hará demostrando la falsedad de la tesis según la cual la estabilidad económica no es compatible con la inversión social.

El pasado 22 de diciembre, Rousseff ya había anunciado que adoptaría «medidas drásticas» para recuperar la maltrecha economía del país pero sin afectar las políticas sociales de su Gobierno. Rousseff terminó su primer mandato con un paupérrimo crecimiento económico del país, que según los analistas del mercado será inferior al 0,2 % en 2014 y al 0,7 %, o menos, en 2015. El producto interior bruto brasileño llegó a pasar en 2014 por la llamada «recesión técnica», después de registrar en el primer y segundo trimestre variaciones negativas, que consiguió revertir en el tercero. «Los cambios que el país espera para los próximos cuatro años dependen de la estabilidad y del crecimiento de la economía. Eso no es una novedad. Siempre orienté mis acciones para garantizar la estabilidad económica, el control de la inflación, la responsabilidad fiscal y la confianza de los inversores y de los trabajadores», dijo.

Rousseff terminó su primer mandato con la inflación siempre rozando el límite máximo tolerado por el Gobierno, del 6,5 % anual, dos puntos porcentuales por encima del centro de la meta oficial, que es del 4,5 %, y de acuerdo con los pronósticos de los especialistas la situación será la misma en 2015. «En todos los años de mi primer mandato la inflación permaneció debajo del techo de la meta, y así continuará», prometió la mandataria en su discurso de toma de posesión.

La presidenta dijo que, pese a las dificultades que sabe que tiene que afrontar, la economía avanzó en su primer mandato y el país tiene que enorgullecerse de ser la séptima mayor economía del mundo, el quinto que más atrae inversión extranjera y el segundo mayor exportador agropecuario. «La deuda líquida del sector público es menor que hace cuatro años; las reservas internacionales están en un nivel histórico, en cerca de 370.000 millones de dólares, la inversión extranjera alcanzó en los últimos años niveles récord y la tasa de desempleo es la menor ya vista. Generamos 5,7 millones de empleos formales en un período en que el mundo sufría desempleo», afirmó al resaltar los logros económicos de su gestión. Rousseff también prometió nuevas medidas de incentivo a las pequeñas y medianas empresas y poner fin a las diferencias tributarias «que hacen que el pequeño negocio tenga miedo de crecer».

Tras prestar juramento ante el pleno bicameral y pronunciar en el Congreso el primer discurso de su nuevo mandato, Rousseff tenía previsto dirigirse luego al vecino palacio presidencial de Planalto para proseguir con los actos de la investidura. En la sede de la presidencia, la mandataria debe hablar ante el público concentrado frente al palacio y posteriormente recibir el saludo de los jefes de Estado y de Gobierno presentes en la investidura.

A los actos asisten los presidentes de Bolivia, Chile, Costa Rica, Paraguay, Uruguay y Venezuela, así como los vicepresidentes de China, Estados Unidos y Argentina, los mayores socios comerciales de Brasil, y delegaciones de otros 70 países. Después aprobará en sus cargos a los 39 ministros de su nuevo gabinete, posará para la fotografía oficial de la investidura y se dirigirá al cercano Palacio de Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, donde será ofrecido un cóctel para las autoridades extranjeras y otros cientos de invitados, con el que se pondrá fin a las ceremonias