Motivos por los que no hay negros en Argentina
Aficionados argentinos durante la final del Mundial de fútbol de Brasil - efe

Motivos por los que no hay negros en Argentina

El número de afrodescendientes se sitúa entre el 4 y el 6 por ciento de la población, pero en 1778 representaban hasta el 40% en algunas ciudades

Carmen de carlos
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Más tarde o más temprano la pregunta llega. ¿Por qué no hay negros en Argentina? El turista compara con países vecinos como Brasil y Uruguay y otros más lejanos como Cuba o República Dominicana, donde los afrodescendientes son multitud y busca una explicación. La hay.

Argentina no fue una excepción en el tráfico de esclavos que llegaron a hispanoamérica tras la conquista. En 1810, al menosun tercio de los habitantes de Buenos Aires eran esclavos negros. Desembarcaban hacinados en los barcos y se convertían en mano de obra gratis para trabajar en en el servicio doméstico o desarrollar oficios y tareas manuales. En aquella época, tener un negro en casa era un signo de distinción. «Se los podía comprar, vender, alquilar y hasta hipotecar. El esclavo era una forma de inversión: su amo le daba el apellido y lo ponía a estudiar un oficio de sastre o carpintero», recuerda Diego Valenzuela, en el libro «Enigmas de la historia Argentina».

En Buenos Aire los barrios de Montserrat y San Telmo –hoy célebre por su mercadillo de antigüedades– concentraron el mayor número de esclavos. Los amos solían abusar sexualmente de las mujeres y se multiplicaban los descendientes mulatos, término que viene de «mula», animal con el que se identificaba a las mujeres de raza negra.

Buena parte de estos esclavos eran desplazados a la provincias coloniales. La primera escala solía ser Córdoba y de ésta los llevaban a las norteñas de Catamarca, Santiago del Estero, La Rioja, Tucumán y Salta. La ruta seguiría posteriormente a Perú y al norte de Chile.

«En el primer censo de 1778 hay ciudades que tienen un 35 y un 40 por ciento de esclavos», asegura Valenzuela. Según cálculos del historiador Jorge Gelman, «a mediados del siglo XVIII un esclavo cotizaba en Buenos Aires entre 100 y 200 pesos (unos quince euros), contra unos 800 en Potosí, por el traslado desde el río de La Plata». Próceres argentinos como Juan Manuel de Rosas, en 1825, podía presumir de tener treinta y tres esclavos en sus fincas. Los «bozales», como les bautizó la población blanca porque no entendía una palabra del idioma de esos hombres de labios gruesos, estaban considerados mercancía y también formaban parte del equipaje de las órdenes religiosas, «sobre todo los jesuitas que fueron los principales propietarios de esclavos. Eran su mano de obra clave», observa Valenzuela antes de ilustrar, «en La Rioja, por ejemplo, de 800 esclavos que había en la ciudad, 400 eran de los jesuitas».

¿Qué pasó entonces?

No hay una sola razón que explique su aparente desaparición del mapa argentino y permita que se instale el mito, en el siglo XIX, de que en Argentina siempre fueron todos blancos descendientes de los barcos. «Las guerras de la Independencia, la Guerra del Paraguay, la fiebre amarilla y especialmente el mestizaje», son algunas de las causas que resume Diego Valenzuela para explicar el actual panorama.

Goldberg, por su parte, considera como elemento a tener en cuenta la abolición de la esclavitud que se produjo con la Constitución de 1853, Carta Magna que Buenos Aires acepta en 1860. «La prohibición de trata -asegura- que frena el ingreso de esclavos, la alta mortalidad de este segmento de la población y las guerras de independencia», son motivos que llevan, «necesariamente -afirma- a la desaparición por mestizaje».

Dicho esto, según estudios recogidos en el libro de Diego Valenzuela, hoy «se estima que el número de afrodescendientes se sitúa entre el 4 y el 6 por ciento de la población».Puestos los porcentajes en números hablamos de «unos dos millones de personas.