Entierro del joven Berkin Elvan este martes en Estambul
Entierro del joven Berkin Elvan este martes en Estambul - afp

Muere otro joven turco que permanecía en coma desde los disturbios de Gezi

El fallecimiento de la octava víctima provoca protestas y enfrentamientos en las principales ciudades de Turquía

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Las protestas antigubernamentales de Gezi se han cobrado su octava víctima. Ayer por la mañana, el joven Berkin Elvan, de apenas quince años moría en el hospital tras haber permanecido en coma durante 269 días, desde que fuese alcanzado en la cabeza el pasado 16 de junio junio por un bote de gas lacrimógeno disparado por la policía. Ni siquiera era un manifestante: según su familia, había salido a comprar el pan cuando le pilló en medio uno de los duros enfrentamientos entre policías y opositores que sacudieron el país la pasada primavera, en la mayor oleada de contestación hasta la fecha al gobierno del primer ministro Recep Tayyip Erdogan.

La muerte no ha pillado a nadie de sorpresa: el peso del muchacho se había reducido a apenas 16 kilos, y su corazón había dejado de latir de forma natural hacía cuatro días, tras haber sufrido un ataque epiléptico. Ayer, su cerebro dejó de funcionar.

La reacción fue inmediata. En pocas horas se convocaron concentraciones de protesta en las principales ciudades de Turquía. En Ankara y Estambul, la policía recurrió al gas lacrimógeno y los cañones de agua para dispersar a los manifestantes, provocando nuevos disturbios. También utilizó el gas en la puerta del hospital de Okmeydani, donde Elvan ha permanecido durante estos meses, para sofocar una concentración espontánea de protesta.

Cargas policiales en el hospital

«Los agentes no se contuvieron a la hora de utilizar gas. Han vuelto a usar la fuerza de forma desproporcionada. El gas lacrimógeno ha llegado incluso a entrar en el hospital», protestó la senadora Melda Onur, del opositor Partido Republicano Popular (CHP), presente en el lugar de los hechos. Un episodio que podría, a su vez, terminar también de forma trágica, puesto que otro hombre fue alcanzado en la cabeza por un proyectil de gas lacrimógeno mientras acudía al hospital para visitar a su mujer enferma.

La actuación de la policía, de hecho, está siendo cuestionada por numerosos observadores. «En estos nueve meses no ha habido una investigación efectiva de la policía por herir fatalmente a Berkin Elvan o por las serias heridas en la cabeza sufrido por docenas de personas. Los oficiales de las Unidades de Despliegue Rápido encargadas del mantenimiento del orden público aquella mañana en el barrio donde vive la familia Elvan le dijeron al fiscal público al ser entrevistados en enero y febrero de 2014 que no recordaban lo que había sucedido, si estaban allí en ese momento, o si usaron gas lacrimógeno», protesta Emma Sinclair-Webb, investigadora de Human Rights Watch en Turquía.

«Hay una necesidad urgente de identificar a los oficiales que usaron lanzadores de gas lacrimógeno para determinar quién disparó a Berkin, y examinar todo el episodio para dilucidar la responsabilidad de los oficiales superiores. La violencia policial contra los manifestantes es un problema endémico en Turquía, y hay una cultura de la impunidad arraigada», afirma Sinclair-Webb.

Por ello, la figura de Elvan se convirtió desde el primer momento en un símbolo para los manifestantes de Gezi. Ayer, la madre de Ismail Ali Korkmaz, otro joven de 19 años apaleado hasta la muerte por agentes de policía, fue una de las que acudió al funeral de Elvan para mostrar su apoyo a la familia, que parece tener clara a quién corresponde la responsabilidad última del asunto: «A mi hijo no se lo ha llevado Alá», declaró ayer Gülsüm Elvan, la madre del muchacho, «sino Tayyip Erdogan».