Renzi conquista el poder tras una imparable conspiración política
Renzi durante un acto el viernes en Florencia - efe

Renzi conquista el poder tras una imparable conspiración política

En poco más de dos meses, el líder del PD pasó de la alcaldía de Florencia a la antesala de la jefatura del Gobierno de Italia

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«Si no hubiera arriesgado, ahora estaría en mi segundo mandato de presidente de la provincia». Así se expresaba Matteo Renzi el pasado jueves en la reunión de la dirección del Partido Democrático (PD) en la que se defenestró al ex primer ministro, Enrico Letta, para que el primero pudiera ocupar su poltrona. En la misma reunión, admitió también sin rodeos que, además de arriesgar, tiene «una ambición desmedida».

Así se ha movido siempre el secretario general del PD y alcalde de Florencia: entre el riesgo, la ambición, la urgencia y el afán por ser el numero uno en todo. «No me gusta perder ni a la Playstation», ha confesado. Siempre apurado y con prisas, la defenestración de Letta ha sido una especie de guerra relámpago.

No hace muchos días que Renzi le decía al ya ex primer ministro que debía estar «tranquilo» porque no ambicionaba su puesto. Pero Matteo Renzi, que se ha mostrado también especialista en decir una cosa y hacer otra, no ha improvisado nada en su asalto al Palacio Chigi, residencia del primer ministro, que espera ocupar la semana próxima. Ha sido una carrera preparada con anticipación.

Asalto al Palacio Chigi

Renzi comenzó su asalto del Palacio Chigi hace año y medio: «Nosotros tenemos la ambición de gobernar Italia en los próximos veinticinco años. Me han dicho que solo tengo 37 años y que debo esperar mi turno. Pero ahora nos toca a nosotros». Así se presentaba Matteo Renzi en Verona cuando desafió a Pier Luigi Bersani en las elecciones primarias a secretario general del Partido Democrático, un envite que terminaría perdiendo.

Pero en virtud de la fortuna que no debe faltar nunca al aspirante a líder, la victoria de Bersani en las primarias se transformó en una maldición, porque después este fue incapaz de formar gobierno por su insuficiente mayoría en el Senado tras las elecciones del 25 de febrero 2013. En cambio, a Renzi se le presentaba una extraordinaria oportunidad de hacerse con las riendas del partido.

El 8 de diciembre fue elegido secretario general del PD. Y ya entonces, en su discurso de investidura, se presentó como primer ministro in pectore: «Quizás usaremos métodos enérgicos, pero no confundáis un cambio de gobierno con la ambición de cambiar el país». Renzi pensaba ya como «premier», porque la decisión la había adoptado cuatro días antes.

El 4 de diciembre se declaró inconstitucional la ley electoral utilizada en los últimos comicios. Renzi decidió entonces, según «L´Espresso», acelerar su asalto al Palacio Chigi, porque temía que si se alargaban los tiempos corría el riesgo de cargar él mismo con la creciente impopularidad del gobierno Letta acosado por una galopante crisis económica que obliga a cerrar cada día 100 empresas. Renzi puso entonces en marcha su estrategia para hacerse con el poder, con intrigas palaciegas incluidas, como en los viejos tiempos, a pesar de que siempre dijo que detestaba esa forma de hacer política y que nunca llegaría a primer ministro sin pasar por las urnas.

Desde luego, para su victoria ha sido fundamental la suerte. Renzi se ha considerado siempre un hombre con fortuna. Remonta su buena suerte a su primera aparición en televisión, en 1994. A sus 19 años participó en uno de los programas más famosos del país, la «Rueda de la Fortuna». Tras cinco jornadas, se lleva 48 millones de liras en monedas de oro. Con gafas y aires de empollón salta a la fama y de él dice el célebre presentador del programa Mike Bongiorno: «Es un campeón, no se equivoca nunca». Ahora debe demostrar que no tiene suerte, sino que también es un estadista.