Cinco horas agarrado a un cocotero para llegar a una playa con cadáveres
Niños refugiados bajo el altar de una iglesia en Tacloban convertida en centro de acogida - reuters

Cinco horas agarrado a un cocotero para llegar a una playa con cadáveres

Los testimonios que llegan de Filipinas ponen rostro a la catástrofe dejada atrás por el tifón Haiyan

abc
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Los testimonios que llegan de Filipinas ponen rostro a las cifras de la catástrofe dejada atrás por el tifón Haiyan, estimada en unos 10.000 muertos. El teniente coronel Fermin Carangan cuenta cómo vientos de casi 400 kilómetros por hora se llevaban por delante todo lo que encontraban, incluido a él mismo y a las decenas de hombres a su cargo que se habían resguardado en el aeropuerto de Tacloban . «De repente el mar y las olas destruyeron las paredes y vi cómo mis hombres eran barridos por el agua uno a uno», ha dicho a la agencia Reuters.

Dos de ellos se ahogaron y cinco permanecían ayer desaparecidos. Él sobrevivió agarrado durante horas a un cocotero junto a un niño de siete años. «Las cinco horas siguientes las pasé en el mar golpeado por el viento y la fuerte lluvia. Era de noche y no se podía ver nada. Mantuve conversación con el niño porque me decía que estaba cansado y que quería dormir», añadió. Finalmente vieron tierra y nadó con el niño en la espalda hasta una playa con cadáveres.

«La gente deambula como zombies en busca de comida», comenta Jenny Chu, una estudiante de medicina cuya casa ha quedado convertida en «un esqueleto» y «estamos quedándonos sin comida ni agua. Buscamos comida por todos sitios».

«No puedo pensar en estos momentos», «estoy desbordada», explica una mujer embarazada de ocho meses que cuenta con los ojos bañados en lágrimas que ha perdido a once miembros de su familia, entre ellos dos hijas.

Llegar a zonas como esta de Tacloban, la capital costera de la provincia de Leire, sigue siendo complicado más de dos días después de que el tifón golpeara el archipiélago filipino.

Matar por hambre

En medio de la desesperación y el caos, muchos vecinos han saqueado lo que estaba a su alcance. «Están saqueando centros comerciales y supermercados. Se están llevando de todo, hasta electrodomésticos como televisores que después con cambiados por comida», declaró el empleado municipal Tecson John Lim a la BBC. «No tenemos suficiente personal. Tenemos unos 2.000 empleados pero sólo cien están en sus puestos. Todos están buscando a sus familias».

Las horas pasan en Tacloban, de unos 220.000 habitantes, y todo parece ir a peor. «A algunos se les está yendo la cabeza por el hambre y por haber perdido a sus familiares», dijo a la agencia AFP el profesor de secundaria Andrew Pomeda. «La gente se está volviendo cada vez más violenta. Están asaltando empresas, centros comerciales en busca de comida, arroz, leche… Temo que en una semana la gente se esté matando por hambre».