Al menos 50 muertos, 10 de ellos niños, en un nuevo naufragio en el Canal de Sicilia
Capturas del naufragio tomadas por la marina de Malta en una grabación en vídeo - efe
la tragedía de la inmigración

Al menos 50 muertos, 10 de ellos niños, en un nuevo naufragio en el Canal de Sicilia

Los servicios de emergencia de Italia y Malta han rescatado a 206 personas de procedencia somalí y eritrea. En la embarcación, que naufragó a 70 millas de Lampedusa, viajaban cerca de 250 inmigrantes

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Es un interminable éxodo de inmigrantes desesperados. La isla de Lampedusa, con una población de 6.000 habitantes, tiene un centro de acogida de inmigrantes con capacidad para 250. Ahora volverá a estar desbordado.

Cerca de 300 inmigrantes de procedencia eritrea y somalí han naufragado en el canal de Sicilia a las 5 de esta tarde. Fuentes de la marina italiana informan de que ya «se han encontrado 50 cadáveres, 10 de ellos niños», según la agencia ANSA.

El naufragio ha tenido lugar en aguas de competencia maltesa en lo referente a los servicios de emergencia, por lo que dos helicópteros de la Marina procedentes de La Valetta, capital de Malta, han lanzado salvavidas a los supervivientes. La isla de Malta ha rescatado a 150 inmigrantes, cuya procedencia aún se desconoce, mientras que Italia ha recogido a 56 personas.

La embarcación en la que viajaban volcó hoy en el Canal de Sicilia, entre Malta e Italia, a unas 70 millas al sureste de la isla de Lampedusa. Dos unidades de la Marina Militar italiana, el buque 'Lybra' y la fragata 'Espero' continuan con las labores de búsqueda tras haber rescatado ya a 120 inmigrantes.

Este nuevo naufragio se produce menos de 24 horas después de que terminara la busqueda de cadáveres en las aguas d e Lampedusa, donde perdieron la vida 339 personas

El drama de la inmigración

Lampedusa e Italia solos no pueden hacer frente al drama de la inmigración. La guerra de Siria ha agravado la situación. Los traficantes de seres humanos saben que su mercado continúa expandiéndose.

El auténtico boom se registró en el 2011, año de la llamada primavera árabe, cuando 140.000 personas alcanzaron los confines meridionales de Europa: 67.000 en Italia y 57.000 en Grecia.

Tras el trágico naufragio del pasado 3 de octubre, Italia se ha visto impotente para frenar el imparable flujo de inmigrantes.

El gobierno italiano ha hecho un urgente llamamiento a las autoridades europeas para que afronten como un problema prioritario la inmigración y se revisen las políticas de acogida, en particular las del derecho de asilo político. A partir del hecho de que la mayoría de estos inmigrantes huyen de sus países no solo por cuestiones económicas, sino sobre todo para evitar regímenes de opresión y escapar de guerras y de persecuciones. Son, por tanto, prófugos políticos. Por ello, el gobierno italiano ha pedido urgentes modificaciones al reglamento de Dublín (que determina a qué Estado de la UE compete examinar una petición de asilo o el reconocimiento del estatus de refugiado a un inmigrante) porque exige “demasiado” a los países del Mediterráneo.

En junio, la Unión Europea modificó el reglamento de Dublin del 2003, según el cual, a la llegada a Europa, un inmigrante podía hacer petición de asilo solo en el primer país de la UE en el que ponía pie. Se trata de un reglamento con el que se siente muy cómoda Alemania, porque al estar casi completamente rodeada de otros países de la UE, es prácticamente imposible a los inmigrantes entrar legalmente en territorio alemán. La consecuencia es que Alemania, la cuarta potencia económica mundial, está en el undécimo puesto en Europa en la clasificación de los países que acogen más peticiones de asilo en proporción a su población: Alemania acoge 945 por millón de habitantes, frente a los 4.980 de Malta, que ocupa el primer puesto.

En definitiva, Italia se siente sola, aunque todos los países europeos no se cansan de reiterar que la inmigración es un problema que afecta a todos los estados de la UE. El alemán Martin Schulz, presidente del parlamento europeo, ha invocado una amplia distribución de las responsabilidades, porque “la inmigración es una cuestión de solidaridad entre los estados de la UE”.