Silvio Berlusconi, un personaje ambiguo a la deriva por el temor de ir a prisión
Berlusconi, como primer ministro, en enero de 2006 - afp

Silvio Berlusconi, un personaje ambiguo a la deriva por el temor de ir a prisión

En los dos últimos meses el exprimer ministro ha adoptado cada día una decisión diferente

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Se sabía que Silvio Berlusconi no pegaba ojo desde que fue condenado por fraude fiscal, el pasado 1 de agosto, por el Tribunal Supremo. El propio Cavaliere lo confirmó ayer, hablando por teléfono a una reunión de sus seguidores de Nápoles, tras haber obligado a dimitir a los 5 ministros de su partido, abriendo así virtualmente una crisis gobierno. «Por fin anoche pude dormir sereno, diez horas, tras 55 noches pésimas de insomnio; me siento con 37 años», confesaba Berlusconi el domingo, el día de su 77º cumpleaños.

En estos dos últimos meses, su actuación no ha podido ser más errática: el exprimer ministro adoptaba cada día una decisión diferente, lo que pensaba y decía por la noche ya no servía por la mañana. Se explica así que hasta el último momento Marina Berlusconi, hija primogénita del Cavaliere, intentara evitar la crisis y que el padre cediera a las presiones de los extremistas del partido, «quizás al corriente del frágil equilibrio psíquico del padre», según cuentan diversos medios italianos. El domingo fue la última jornada tranquila del Cavaliere, antes de su batalla política final. Y Berlusconi lloró, cuando los hijos le entregaron, junto a una inmensa torta de cumpleaños adornada con la «S», de Silvio y de Superman, una carta de felicitación: «Eres un papá maravilloso y no te abandonaremos jamás».

«¿Si me arrestan el partido qué hará?»

Antes de recibir la condena definitiva del Tribunal Supremo, Silvio Berlusconi había intentado mostrarse como hombre de Estado, como un líder que ofrecía el apoyo de su partido a un gobierno de coalición para salvar al país de la crisis económica. En el fondo, Il Cavaliere pretendía sacar provecho de su posición en la mesa negociadora del Gobierno, con el objetivo último de lograr un salvoconducto que le diera inmunidad y evitara su expulsión del Senado. Cuando, tras ser condenado, ha visto que su expulsión será inevitable, Berlusconi adoptó la decisión irresponsable de abrir una crisis de gobierno.

En el fondo, a Berlusconi se le han cruzado los cables y ha cometido gravísimos errores. Además de abrir una crisis absurda, su mayor locura en los últimos días fue obligar a los parlamentarios de su partido a amenazar con su dimisión, si Berlusconi era finalmente expulsado del Senado, una decisión, que de haberse producido, hubiera sido un escándalo, algo nunca visto en una democracia occidental. En los últimos meses, los movimientos y decisiones de Berlusconi han estado condicionado por el temor de ser arrestado. Lo confirma un parlamentario de su partido a La Stampa: «Está obsesionado con el miedo de acabar en la cárcel. En las reuniones de los grupos parlamentarios parece ausente y como si no escuchara; luego, cada cuarto hora, parece que se despierta y pregunta: “¿Pero si me arrestan, el partido que hará?”». Una obsesión, añade el parlamentario, que tiene fundamento, «porque hay magistrados que harían cualquier cosa para pasar a la historia por haber enviado al Cavaliere a prisión».

Precisamente, fue el pronóstico de un final dramático que le hizo el sábado su diputado-abogado, Nicolò Ghedini, lo que incendió a Berlusconi hasta el punto de decidirse a abrir la crisis de gobierno. «En veinte días puedes ser arrestado», le sentenció su abogado.

Un personaje ambiguo

Los últimos meses de Berlusconi reflejan lo que ha sido durante 20 años su vida política, desde que se presentó a las lecciones fundando Forza Italia, en 1994. A este respecto, el profesor Giovanni Orsina, autor del elogiado libro «El berlusconismo en la historia de Italia», hace a ABC este análisis: «Il Cavaliere ha sido un personaje que ha encarnado una gran ambigüedad: Por una parte, ha sido un populista, demagogo, antipolítico, irreverente frente a ciertos poderes e instituciones; por otra, ha desempeñado un papel de centro-derecha moderado y responsable, ganando elecciones con millones de votos. Pero, al final, en su lucha contra la magistratura ha perdido, ha sido derrotado, y después de dos meses de tormento, Il Cavaliere ha roto con las voces que le pedían moderación, y con la componente moderada de su biografía, y se ha impuesto su carácter negativo, rabioso y destructivo».

Berlusconi da hoy la sensación a todo el mundo de ser un personaje a la deriva. De ahí que el primer ministro, Enrico Letta, le deseara anoche, como regalo en su onomástica, «largos años de serenidad». Quizás en compañía de su novia Francesca Pascale, de 28 años, que la pasada semana confesaba a un semanario que había propuesto el matrimonio al Cavaliere: «Ahora Silvio debe decirme solo que sí».