Varios ciudadanos siguen la retransmisión del discurso de Erdogan en un café de Estambul
Varios ciudadanos siguen la retransmisión del discurso de Erdogan en un café de Estambul - reuters

Erdogan presenta reformas democráticas que «no son del gusto de todos»

Levanta en parte la prohibición del uso en instituciones públicas del velo, que se mantiene en la judicatura, el Ejército y la Policía

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El gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan ha hecho público hoy el esperado «paquete de reformas democratizadoras», anunciado desde hace meses, y cuyos artífices presentan como un gran gesto hacia los perdedores en los años fundacionales de la moderna República de Turquía: las minorías, especialmente kurdos y alevíes, y, sobre todo, los islamistas. La medida estrella del paquete ha sido el levantamiento de la prohibición del uso del velo en las instituciones públicas, con la excepción de la judicatura, la policía y el ejército.

La abolición de esta medida, vigente desde hace más de medio siglo, ha sido una de las grandes causas de los conservadores islamistas turcos, y en los últimos cinco años el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan ha ido levantando gradualmente las restricciones en las universidades y la administración pública. «Este paquete no es la primera, y no será la última de estas reformas», ha declarado esta mañana el primer ministro turco.

«También vamos a incrementar las penas por crímenes de odio de un año a tres años, para luchar contra la discriminación. Estableceremos una institución para luchar contra la discriminación», ha asegurado Erdogan. Un comentario que ha hecho sonar algunas alarmas, dado que los artículos del Código Penal turco que penalizan la incitación al odio religioso han sido utilizados por primera vez este año para condenar a dos intelectuales turcos por blasfemia e insultos a la fe islámica.

Concesiones a las minorías

Otras medidas tienen un cariz más positivo. La iniciativa reformadora permite la enseñanza privada -aunque no pública, como pedían los activistas- en los idiomas de las minorías, como armenio y kurdo, y restablece los antiguos nombres kurdos de las localidades en las regiones del sureste del país, a las que, tras el golpe de estado nacionalista de 1980, se les impuso un nombre turco.

Del mismo modo, Erdogan ha dejado la puerta abierta a la modificación del sistema electoral, reduciendo la barrera electoral, que se encuentra entre las más altas del mundo. Ahora mismo, un partido debe obtener al menos un 10% del total de votos para poder acceder a un escaño parlamentario. El primer ministro ha planteado tres opciones: mantener la barrera electoral, reducirla a un 5 % o eliminarla totalmente.

El paquete de reformas, sin embargo, ha dejado insatisfechos a casi todos los grupos políticos parlamentarios. Tanto el Partido Republicano Popular (CHP), la principal fuerza opositora, de orientación secularista, como los ultranacionalistas del Partido de Acción Popular (MHP), han criticado las medidas, por insatisfactorias en el primer caso, y por «traicionar la unidad de Turquía» en el segundo. No obstante, las mayores quejas han venido por parte de las minorías.

«No afronta las necesidades de Turquía»

«Los kurdos deseaban que se solucionase el problema kurdo, que se solucionase las dificultades de culto de los alevíes, y que se permitiese a todos los marginados de este país que contribuyan a su gobierno. Este no es un paquete que afronte las necesidades de democratización de Turquía», ha declarado Gültan Kisanak, co-secretaria del partido kurdo BDP.

Los representantes alevíes –cuya población se acerca a los veinte millones de personas- han sido aún más duros: «No esperábamos este nivel de intolerancia hacia los alevíes. No hay artículos para los alevíes, sobre los alevíes», se ha quejado Ali Kenanoglu, líder de la Asociación Cultural Hubyar Sultan (la fórmula legal adoptada por las organizaciones alevíes, a las que no se les reconoce el estatus de entidades religiosas).

Anticipándose a las críticas, Erdogan ya había asegurado durante la presentación del paquete que no iba a ser del gusto de todos. «No es racional esperar que este paquete solucione todos los problemas del país, aunque desearíamos que así fuese. Es difícil hacer reformas cuando el crear un punto muerto se ha convertido en una forma de hacer política», ha asegurado.