Armas químicas: qué países las tienen y cómo se desmantelan
Simulacro de atentado con armas químicas en Madrid - jaime garcia

Armas químicas: qué países las tienen y cómo se desmantelan

Su supuesta utilización por parte del régimen de Bashar al Assad es el principal argumento de EE.UU. para atacar Siria

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El ser humano las utilizó por primera vez durante la Primera Guerra Mundial. Desde que el Ejército alemán emplease el gas mostaza o iperita en la batalla de Ypres -de ahí su nombre- las armas químicas han matado y envenenado en muchas guerras. Pasó en la de Irán-Irak. Y en la de Vietnam, en la que el «agente naranja», el cancerígeno herbicida con el que los Estados Unidos pretendían defoliar los bosques en los que se refugiaba el Viet Cong, provocó cáncer y malformaciones a cientos de miles de personas. Ahora, su utilización por parte del régimen de Bashar al Assad es el principal argumento de Estados Unidos para atacar Siria. Para conocer cómo se anulan los arsenales de este tipo, qué países los tienen y el peligro que entrañaría bombardearlos, ABC.es se ha puesto en contacto con la comandante Rosario Quesada, jefa del Laboratorio Químico del Regimiento NBQ* del Ejército español.

En primer lugar, según la comandante Quesada, es muy probable que un ataque sobre posiciones en las que hubiese armas químicas liberase una gran nube tóxica. Al caer un proyectil sobre un arsenal de este tipo, los agentes químicos que contuviese podrían transformarse en gas por el calor, dando lugar a la antedicha nube. Pero en cualquier caso, ésta sería mucho menor que la que surgiría tras una explosión en el aire, es decir, en un típico ataque con agentes químicos. «Hemos realizado una simulación con un software específico, y calculamos que una explosión con 200 kilos de sarín en el aire produciría daños severos a personas situadas hasta a 3.000 metros de distancia del lugar de la detonación. La “zona crítica”, en la que moriría el 90% de la gente, alcanzaría los 1.800 metros. Pero si la explosión fuese en tierra se producirían daños severos a 800 o 500 metros, y la “zona crítica” alcanzaría sólo los 20 metros», afirma la experta.

El arma Crash Pad es capaz de incinerar los agentes químicosCon todo, en este momento el Departamento de Defensa estadounidense está desarrollando las conocidas como «Agent Defeat Weapons» o Armas Neutralizadoras de Agentes Químicos, como la Crash Pad y la PAW o Arma de Ataque Pasivo. «La primera es un proyectil prefragmentado que contiene un explosivo de alta energía y fósforo blanco. Primero perfora el contenedor del agresivo químico, y posteriormente explosiona fragmentando todo lo que la rodea y liberando el fósforo blanco, una sustancia que puede llegar a arder hasta a 1.500 grados centígrados. De esta manera, incinera todo el agente químico», explica Quesada.

La PAW, en cambio, no funciona con explosivos. «Se lanza desde un avión, y cuando está en el aire se abre arrojando unas barras de tungsteno o acero que perforan los proyectiles o contenedores con agresivos químicos, provocando el derrame de estas sustancias al suelo, que luego habría que descontaminar», cuenta la comandante. «Hay que recordar que muchas armas químicas tienen munición binaria, es decir, dos sustancias precursoras no agresivas que permanecen separadas por un disco en el proyectil hasta que este es lanzado, momento en el que se mezclan dando lugar a la sustancia mortal. Esto ocurre con los misiles con sarín, que en realidad contienen alcohol isopropílico y metilfosfonil difluoruro, dos precursores inertes, no agresivos, que cuando se mezclan una vez lanzada la bomba dan lugar al agente nervioso», añade. Así, la PAW conseguiría derramar estas sustancias que, por separado, no son peligrosas.

Anulando la ponzoña

El proceso de desmantelamiento de armas químicas, muy complejo, se lleva a cabo en instalaciones construidas específicamente para este fin, en muchos casos, cerca del lugar donde se encuentra el arsenal a anular. «El trabajo es muy cuidadoso, porque algunos de los proyectiles están ya muy viejos, y además los agentes que contienen los han corroído», afirma la comandante Quesada. En primer lugar se separan el agresivo químico, la espoleta con el explosivo y la carcasa. Y posteriormente, se descontaminan las tres partes por separado. En lo que se refiere al agente, se pueden emplear distintos métodos.

«Uno es la incineración, que tiene una pega: durante la quema siempre se pueden generar gases tóxicos. Otro es la neutralización con agua caliente y una solución de sosa caustica con la que se separa el agente químico del contenedor y del explosivo», afirma la experta. «Después, mediante un tratamiento de hidrólisis [desdoblamiento de las moléculas por acción del agua], en el que se emplea agua y un oxidante, se elimina o minimiza la toxicidad del agresivo. Las partes metálicas se descontaminan con calor, y lo que quede del químico se mezcla con agentes bituminosos, derivados del petroleo como el asfalto o el alquitrán, creando así un “lodo” que se guarda en bidones especiales como residuo tóxico», explica.

También existe un tercer método con agua «supercrítica» o a alta temperatura y presión. «Los agresivos químicos son compuestos orgánicos normalmente no miscibles con el agua, pero en esas condiciones de temperatura y presión sí lo son, de manera que con esta técnica se provoca un proceso de oxidación que los va destruyendo», asegura Quesada. Una cuarta técnica, que aún se está investigando, es la del biotratamiento. «A la neutralización con sosa de la que hemos hablado antes se añaden unas proteínas capaces de catalizar la reacción, reduciendo de esta manera el calor que se genera y la cantidad de agua necesaria para hidrolizar después el agresivo. De esta manera, la cantidad de deshecho resultante es mucho menor», explica.

El acuerdo internacional

Aunque han sido utilizadas con profusión en la historia reciente, hoy existe un consenso internacional contra el empleo de las armas con agentes tóxicos. La Convención sobre las Armas Químicas prohíbe su desarrollo, producción, almacenaje y uso, y promueve su destrucción. Por otra parte, la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), única entidad encargada de la aplicación de la Convención, vigila e inspecciona los arsenales e instalaciones de fabricación, así como su destrucción, en los países que la hayan firmado y ratificado.

«En su informe de 2012, que recoge los datos obtenidos en el año anterior, la OPAQ concluye que Estados Unidos se ha deshecho del 89% de su arsenal, y Rusia del 60%, y que casi todas las instalaciones de fabricación han sido desmanteladas o reconvertidas para fines pacíficos. En total, bajo su supervisión se han destruido ya el 81% de los agentes químicos declarados», asegura la comandante Quesada. En el pasado, países como Sudáfrica, Alemania y Canada desarrollaron programas de armas químicas. En la actualidad, EE.UU., Rusia, China, Japón, India, Irán, Libia, Serbia, Bosnia y Herzegovina, Francia y Reino Unido han desmantelado o están desmantelando sus arsenales. En Europa incluso quedan armas de la II Guerra Mundial por anular, pero ya no existen fábricas de producción.

Todos los países del mundo han firmado y ratificado la Convención sobre las Armas Químicas, salvo Birmania e Israel, que la han firmado pero todavía no la han ratificado, y otros cinco Estados que no han hecho ninguna de las dos cosas: Corea del Norte, Angola, Sudán del Sur, Egipto y, como no, Siria. Entonces, ¿podemos concluir que estos siete países fabrican y esconden armas químicas? «Bueno, los que han declarado poseer este tipo de armas están en la OPAQ. Sobre los que no están en la OPAQ... lo que sepan los servicios de Inteligencia, yo no lo sé», asegura Quesada.

* Se encuentra en Valencia y constituye el referente obligado del Ejército de Tierra en todo lo que se refiere a la defensa contra agresivos de carácter nuclear, biológico y químico, de ahí sus siglas.