Robert Mugabe, el hombre que no quiso ser Nelson Mandela
Mugabe, durante su investidura como presidente en junio de 2008 - reuters
perfil

Robert Mugabe, el hombre que no quiso ser Nelson Mandela

Al igual que el líder sudafricano, el presidente de Zimbabue logró la liberación de su país tras años de cárcel y lucha contra un régimen supremacista blanco. Él, sin embargo, no ha sabido abandonar el poder y convertirse en una figura de unidad nacional

Actualizado:

Nelson Mandela, el primer presidente negro de Sudáfrica, dejó el Gobierno a los 81 años tras cumplir un solo mandato. Robert Mugabe, primer presidente de Zimbabue tras la independencia colonial, opta hoy a su octava legislatura a la edad de 89 años. Ambos fueron en su juventud luchadores por la libertad y la emancipación del pueblo africano, pero ocuparán páginas distintas en los libros de historia. Mientras uno es venerado por todo los sudafricanos como un héroe nacional, otro ha dividido a su país hasta llevarlo a la fractura política y social.

Enquistado en el poder, incapaz de asumir su derrota en los pasados comicios de 2008, represor de las voces disidentes durante décadas, revanchista con las minorías, Robert Mugabe ha desaprovechado la oportunidad de ser recordado en Zimbabue como el padre de la patria.

Robert Mugabe nació el 21 de febrero de 1924 en Matibiri, al noreste Harare, entonces conocida como Salisbury, la capital de la antigua colonia británica Rodesia. Maestro de profesión y de formación católica, con seis títulos universitarios, comenzó la lucha política a los 36 años, cuando se unió al Partido Nacional Democrático.

En 1964, el mismo año en que Mandela fue condenado cadena perpetua, Robert Mugabe fue enviado a prisión debido a un discurso subversivo contra el Gobierno de Ian Smith. Tras diez años de prisión, el líder africano abandonó el país para dirigir desde Mozambique la guerra de guerrillas que operaban contra el régimen impuesto por la minoría blanca de Rodesia.

En 1979, Mugabe regresó a su país, recién convertido en Zimbabue, y se proclamó primer ministro en las elecciones de 1980, hasta convertirse en presidente en 1987 tras la creación del cargo.

Totalitarismo

En sus primeros años de gobierno, el nuevo presidente fue alabado como uno de los grandes líderes africanos por la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, aunque pronto se atisbaría el carácter totalitario que lo ha acompañado toda su vida.

Mugabe emprendió una ofensiva brutal contra su oposición política, liderada por Joshua Nkomo, que se cobró más de 20.000 vidas, la mayoría de la etnia Ndebele, según la Comisión Católica de Justicia y Paz. En una campaña de represión conocida como «Gukurahundi» y dirigida por la Quinta Brigada, entrenada en Corea del Norte, el líder zimbabuense aniquiló a sus adversarios hasta forzar en 1987 su integración en su actual partido, el ZANU-PF (Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico).

Desde entonces, ha ganado sistemáticamente las elecciones presidenciales, empañadas por el fraude, la intimidación y la represión de la disidencia.

Zimbabue, conocida como el «granero de África», acabó por sumirse en una de las mayores crisis económicas de la historia cuando en el año 2000 el Gobierno de Mugabe emprendió la expropiación de miles de explotaciones a los granjeros blancos.

La situación desató la escasez de alimentos, una inflación superior al 150.000 por ciento y un desempleo del 80 por ciento, que Mugabe atribuyó a una conspiración de los gobiernos occidentales para derrocarle.

Las políticas de «indigenización» han continuado con la entrega de accionariado de empresas extranjeras para su redistribución a los zimbabuenses negros, que han acabado mayoritariamente en manos de sus aliados políticos del ZANU-PF.

«Demasiado bueno»

La formación del Gobierno de unidad tras la violencia postelectoral de 2008, cuando se negó a admitir su derrota frente al candidato opositor Morgan Tsvangirai, han acabado por traer estabilidad y crecimiento económico a Zimbabue tras más de una década de debacle.

Y su reforma agraria empieza a dar sus frutos. Desde la introducción del dólar en 2009, la producción ha aumentado anualmente hasta acercarse a los niveles previos a la reforma agraria, ha dado un medio de vida a 18.000 granjeros negros y emplea a un millón de personas.

Robert Mugabe acude de nuevo a unas elecciones, negándose el retiro que podría haberse merecido tras tantos años de lucha. Como hizo Nelson Mandela. Aunque él, a fin de cuentas, no es como el exmandatario sudafricano. «Mandela ha ido un poco demasiado lejos en su buen trato a las comunidades no negras, algunas veces a costa de los negros», aseguró en una entrevista reciente. «Fue demasiado bueno, demasiado santo».