¿Habrá golpe de Estado en Turquía?
Erdogan (d), en 2010, junto al entonces jefe del Estado Mayor Ilker Basbug (i) - efe

¿Habrá golpe de Estado en Turquía?

El Ejército turco ha derrocado a cuatro gobiernos desde 1960

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«Turquía ya no es un país donde cualquiera se levanta por la mañana y puede llevar a cabo un golpe de Estado». Son palabras del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, pronunciadas en abril de 2012. Estas declaraciones cobran de nuevo relevancia en el contexto de la evidente tensión en la que se encuentra sumido el país debido al conflicto desatado por los planes de reurbanización del estambuleño parque Gezi, con el añadido de que ahora planea la sombra del golpe de Estado en Egipto. Hecho que, por cierto, Turquía ha sido el único país que ha condenado.

«Los gobiernos elegidos sólo pueden ser apartados del poder por la voluntad popular», declaró el pasado 4 de julio el ministro de Asuntos Exteriores turco, Ahmet Davutoglu. Erdogan fue más allá, negándose a hablar con el nuevo vicepresidente egipcio, Mohamed el Baradei, y dejando clara su postura: «¿Cómo podría hablar contigo? No has sido elegido, has sido nombrado por los dirigentes del golpe de Estado».

«¿Cómo podría hablar contigo si te han nombrado los golpistas?»El gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), el de Erdogan, nunca ha ocultado su determinación de someter a las Fuerzas Armadas a la autoridad civil, teniendo en cuenta que el Ejército turco ha llevado a cabo tres golpes de Estado entre 1960 y 1980, además de forzar la dimisión, en 1997, del islamista Necmettin Erbakan, en cuyo partido militaba el actual primer ministro. Por ello, a partir de 2007, emprendió una larga batalla jurídica contra el golpismo que ha provocado la encarcelación de más de trescientos oficiales turcos, entre ellos figuras destacadas como la del exjefe del Estado Mayor Ilker Basbug, primer militar de este rango detenido en la historia de Turquía.

Así, ante el evidente temor a una actuación del Ejército, que se ha considerado a sí mismo durante décadas garante de la Constitución laica del Estado, el Parlamento turco ha modificado este mes de julio el Código Interno de Servicio de las Fuerzas Armadas eliminando la normativa que «justificaba» los golpes de Estado, tal y como informa el corresponsal de ABC en Estambul, Daniel Iriarte.

Hasta ahora, el artículo 35 rezaba: «El deber de las Fuerzas Armadas es proteger y salvaguardar la patria turca y la República de Turquía, tal y como estipula la Constitución». En la nueva redacción se asegura que dicho deber es «proteger la patria turca contra las amenazas y los peligros provenientes del exterior, asegurar la preservación y el fortalecimiento del poder militar para que sea disuasorio, cumplir con sus deberes en el extranjero conforme a las decisiones del Parlamento y ayudar a mantener la paz internacional».

En otro artículo, que definía el servicio militar como «la responsabilidad de aprender y conducir el arte de la guerra para proteger la patria turca, la independencia y la República», se ha suprimido toda la segunda parte, eliminando cualquier toda referencia a los elementos a defender, anuncia Iriarte.

Taksim no es Tahrir

Aunque algunos analistas alertan de que Turquía podría contagiarse del golpismo egipcio, Barah Mikaïl, experto en Oriente Medio de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (Fride), no es de la misma opinión. «Si bien mucha gente cree que los Hermanos Musulmanes y los islamistas en general tienen un destino común, se olvida fácilmente que cada país tiene su propia historia y su propio sistema institucional». Mikaïl aconseja que no se sobrestime lo sucedido en Egipto. «Turquía no es árabe, y su población, que vive en una democracia, no se identifica con las revoluciones de los países árabes», afirma.

«Turquía no es árabe, y los turcos no se identifican con las revoluciones árabes»El experto admite que la conocida como «Primavera árabe» ha animado a los ciudadanos de la región a expresar con energía sus reivindicaciones. «Lo que no quiere decir que las protestas en los diferentes países estén conectadas. Los turcos salieron a la calle para criticar el proyecto Gezi Park y las medidas autoritarias del Gobierno de Erdogan, dos razones que no tienen nada que ver con lo ocurrido en Egipto», explica. «Y en cualquier caso, no debemos olvidar que, a pesar de sus errores, el AKP sigue siendo una partido político muy poderoso y popular en Turquía», añade.

Según el analista de Fride, aunque al igual que los Hermanos Musulmanes en Egipto «el AKP ha intentado “islamizar” Turquía, y lo sigue haciendo, como demuestra su deseo de limitar el consumo nacional de alcohol», la vida política turca y la egipcia siguen lógicas muy diferentes.

Lobos fascistas

La sociedad turca es mayoritariamente nacionalista y en ocasiones muestra «tics paranoicos», cree Barah Mikaïl. Tampoco se debe olvidar que el fundador de la Turquía moderna fue Mustafa Kemal Atatürk, un militar. «El militarismo turco, que tiene algo de estructural, se puede explicar en gran parte por el trauma que sufrió el país por la caída del Imperio otomano tras la Primera Guerra Mundial. Los turcos no querían perder más territorios, y creyeron entonces que el mantenimiento de un Ejército poderoso garantizaba la integridad territorial del país», explica el analista de Fride.

«En cualquier caso, aunque la red Ergenekon [trama militar golpista] es una realidad, hoy el Ejército turco quiere dar la imagen de institución que hace su propio trabajo: defender los intereses del país, su integridad territorial y los principios kemalistas», asegura Mikaïl. «Todavía se pueden encontrar elementos golpistas, pero son una minoría y no parece que tengan el apoyo suficiente para cambiar el sentido de la marcha política turca», afirma.

Con todo, Mikaïl cree que, llegado el caso, tanto el primer partido político de la oposición, el secular y kemalista Partido Republicano del Pueblo (CHP), como la tercera formación del país, el ultraderechista Partido de Acción Nacionalista (MHP), apoyarían cualquier golpe de Estado del Ejército contra el Gobierno de Erdogan, aunque aclara que «son suposiciones y hoy ambos partidos tienen más interés en seguir las reglas del juego democrático».

El analista tampoco cree que la organización neofascista Lobos Grises, vinculada al MHP, pueda aprovecharse de la reciente crisis política. «Turquía no es Egipto, pero tampoco es Grecia, donde el desastre económico ha dado fuerza a la extrema derecha. Es cierto que los Lobos Grises y el MHP tienen su base social, pero no parece que ésta vaya a crecer a corto plazo. Turquía sigue siendo una democracia, con problemas, pero no como los de los países árabes y del sur de Europa», sostiene.

Un futuro europeo en juego

Desde su llegada al poder en 2002, el AKP ha promovido una serie de reformas legislativas que han limitado progresivamente el papel de las Fuerzas Armadas en la vida civil turca. El referéndum sobre la reforma constitucional de septiembre 2010 supuso el mayor paso en este sentido. «Lo cierto es que el Ejército aún conserva mucho poder en Turquía, y su silencio no significa que haya decidido retirarse de los asuntos civiles del país», advierte Mikaïl. «Pero por otra parte, sabe que someterse a estos cambios es importante para dar una buena imagen de Turquía en el exterior y facilitar su acceso a la Unión Europea a largo plazo», matiza.

En cualquier caso, según el experto de Fride, la Unión ya no quiere a Turquía. «Un golpe militar tendría como consecuencia la suspensión de los acuerdos económicos entre la UE y Turquía y congelaría el proceso de integración. Pero nada más». En su opinión, «los europeos siguen jugando un papel hipócrita en cuanto a la adhesión de Turquía a la Unión Europea. No la desean, pero no lo dicen de manera clara. Así, un golpe les daría más argumentos para el rechazo a la adhesión de Turquía».