Espiar emails y blackberrys de líderes extranjeros para proteger el «bienestar económico»
Cameron recibió a Putin este domingo en Downing Street; en 2009, Gordon Brown espió al ruso Medvedev - abc
la inteligencia británica, destapada

Espiar emails y blackberrys de líderes extranjeros para proteger el «bienestar económico»

La inteligencia británica, amparada por una controvertida ley de 1994, espió «en directo» los correos electrónicos y las llamadas telefónicas de líderes de Turquía, Sudáfrica y Rusia en 2009

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En 1994, el Reino Unido aprobó una ley que generó fuertes sospechas entre sus socios europeos. La Ley de Servicios de Inteligencia (ISA por sus siglas en inglés) daba un amplio margen de maniobra a los servicios de inteligencia de Su Majestad para defender «la seguridad nacional», «el bienestar económico» o la «prevención de delitos graves». En particular, la cláusula económica despertó el temor de que Gran Bretaña estuviera dispuesta a hacer trampas o tomar atajos en beneficio de sus propias empresas o su producto interior bruto.

En 2009, Gordon Brown presidía el G20 en los meses posteriores al crack de 2008Ahora, la documentación que se llevó a Hong Kong Edward Snowden, el joven exanalista de la CIA desaparecido tras desvelar las actividades de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EE.UU., podría haber destapado también sorprendentes prácticas de la inteligencia británica. Según ha desvelado este lunes el diario «The Guardian», los agentes británicos organizaron un sofisticado operativo de escuchas para espiar las comunicaciones de las delegaciones participantes en dos reuniones del G20 en abril y septiembre de 2009.

El G20 fue el foro multilateral clave

Aunque las nuevas informaciones, producidas a partir de documentos y de presentaciones de Power Point proporcionadas por Snowden al diario londinense, no confirman si la base legal del operativo fue la ISA de 1994, el contexto es clave. En 2009, el entonces primer ministro, el laborista Gordon Brown, se enfrentaba al reto –y a la oportunidad– de presidir el G20 en los meses posteriores al crack financiero de septiembre de 2008. El propio Reino Unido aplicaba en la época su propio torniquete a la crisis sangrante con inyecciones de capital a dos de sus grandes bancos, el RBS y Lloyds. Y, mientras Brown y Obama defendían la estrategia de los mega-paquetes de estímulo para reconducir la situación, otros miembros europeos del G20, como Francia y Alemania, preferían hablar de regulación de los indomables mercados.

Fue la época dorada del G20 por su papel, ampliamente reconocido, de foro en el que se capearon las turbulencias en los albores de la crisis financiera. Este organismo informal reúne a las grandes economías industrializadas del G8 –que inician hoy una cumbre de dos días con esta noticia-bomba para desayunar– con algunos de los países emergentes, como Turquía, Argentina, México, India o Sudáfrica. Y su papel clave en los angustiosos meses de 2009 explica el contenido de uno de los documentos preparados por el Cuartel General de Comunicaciones británico (GCHQ, la agencia encargada de la vigilancia y descifrado de las comunicaciones, equivalente al NSA en EE.UU.) antes de una de sus reuniones, celebrada en Londres el dos de abril.

Diversas técnicas empleadas en un amplio operativo

Tras resumir los dos grandes objetivos de Brown para la reunión, «coordinar los esfuerzos de recuperación para evitar que la recesión se convierta en depresión» y la «reforma de las instituciones financieras internacionales», el GCHQ resume así su tarea: «Asegurarse de que la inteligencia relevante para la consecución de los objetivos del Gobierno de Su Majestad durante su presidencia del G20 llega a los clientes en el momento adecuado y de forma que les permita hacer un buen uso de esa inteligencia».

Los «clientes» serían, obviamente, los ministros y negociadores británicos y, aunque no aportan documentos que lo demuestren, «The Guardian» considera que tanto el «premier» laborista como su ministro de Exteriores, David Miliband, debían al menos estar al corriente de una extensa operación de espionaje de líderes extranjeros. Las técnicas empleadas fueron diversas, y su destape supone sin duda un fuerte traspiés para Gran Bretaña y una mancha en la reputación diplomática del país.

1. Internet-cafés falsos. Los agentes del GCHQ instalaron internet-cafés, habilitados para uso de los participantes en la cumbre de Londres, debidamente equipados con métodos de interceptación de comunicaciones. Estos les permitieron «leer los emails de la gente antes que ellos mismos, o al mismo tiempo», porque podían espiar los correos a medida que los participantes en la conferencia los tecleaban, «sin tener que sacarlos del servidor remoto», según se lee en los documentos a los que ha tenido acceso «The Guardian».

Además, «pudimos extraer información clave de acceso», dice el documento, en una probable referencia a que se hicieron con las claves y contraseña de acceso a las cuentas, lo que les garantiza «opciones de inteligencia duraderas incluso una vez haya terminado la conferencia».

2. Blackberrys pinchadas. Los espías británicos penetraron los mecanismos de seguridad de las Blackberrys de los participantes para escuchar sus llamadas y leer sus emails, con lo que obtuvieron «copias avanzadas de los briefings sobre el G20 a los ministros...» de los países participantes. Según ha trascendido, el ministro de finanzas turco, Mehmet Simsek, y varios miembros de su equipo fueron espiados así en una segunda cumbre del G20 en septiembre de 2009, también en Londres.

Otro de los países identificados por el material desvelado por «The Guardian» es Sudáfrica, un viejo aliado británico y miembro de la Commonwealth, cuyo ministerio de Asuntos Exteriores sufrió un auténtico asedio de los ciber-espías británicos hasta que el equipo de explotación de redes informáticas («Computer Networks Exploitation») del GCHQ logró descifrar las claves de acceso y penetrar su red informática para extraer los documentos preparatorios de las reuniones del G20. Las órdenes recibidas por los agentes restringen a la información sobre el G20 el ámbito de sus pesquisas. Los británicos querían saber de antemano cómo pensaban sus compañeros de mesa.

3. Espionaje en tiempo real y en pantalla gigante. Para la reunión de septiembre, el GCHQ decidió proyectar en directo sus interceptaciones en una pantalla gigante de quince metros cuadrados, en la que se visualizaban todas las llamadas que estuvieran realizando los delegados en el momento junto a un gráfico de actividad. La misma información se proyectaba en los monitores de los 45 analistas dedicados a analizar en tiempo real el material espiado. «Por primera vez, los analistas tenían una imagen en directo de quién hablaba con quién, actualizada constante y automáticamente», se lee en un documento interno.

«Los soplos en tiempo real son esenciales», dice un informe del GCHQSegún explican los informes que ha leído «The Guardian», esa información era transmitida rápidamente a los representantes británicos en la reunión, que jugaban así con una valiosa ventaja negociadora. «En una situación en tiempo real así, la inteligencia recibida puede ser utilizada para influir hechos en el terreno que tienen lugar minutos y horas más tarde», explica un informe interno de inteligencia. «Esto significa que no es suficiente con repasar registros de llamadas a posteriori, los soplos en tiempo real son esenciales», concluyen.

4. Espionaje al presidente ruso Dmitri Medvedev. La inteligencia británica pusos los radares del centro de comunicaciones de Menwith Hill, en Yorkshire, a la escucha de las comunicaciones entre la embajada rusa en Londres y Moscú, en un intento, al parecer, de descifrar las comunicaciones del presidente ruso, Dmitri Medvedev, uno de los asistentes a la cumbre del G20 en Londres en abril. Las instalaciones se encuentran en una base de la Fuerza Aérea, y son la principal estación de interceptaciones de la inteligencia británica. Además, están destinados en ella cientos de agentes de la NSA estadounidense, que tiene aquí uno de sus principales «nidos» en Europa.

El mismo 1 de abril en que Medvedev llegó a Londres, las antenas europeas del NSA interceptaron comunicaciones de la delegación rusa con Moscú. Los agentes detectaron que la señal se emitía desde la embajada rusa en Londres, lo cual les llevó a concluir que habían descubierto quizás «un cambio en la forma en que se transmiten las señales de los líderes rusos». En una muestra más de las implicaciones geoestratégicas del caso Snowden, «The Guardian» explica que EE.U. compartió documentos sobre el espionaje a Medvedev con servicios de inteligencia de Australia, Canadá y Nueva Zelanda, además de Gran Bretaña. Se da por hecho que estos aliados anglófonos de Estados Unidos forman parte integral de la telaraña de espionaje global de Washington, de la que van trascendiendo comprometedores detalles.

Las últimas revelaciones pueden abrir una grave crisis de confianza entre EE.UU. y China, al trascender accciones de ciberespionaje contra Pekín, además de hacer más indigesta la cena de esta noche en la cumbre del G8 en Irlanda del Norte, en la que Obama y Cameron pretenden convencer a Putin que mueva ficha para sacar a su protegido Assad del poder en Siria.