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¿Quién envenenó con polonio 210 a Litvinenko?

Día 25/03/2013 - 09.19h
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Seis años después de la muerte del exespía del KGB en Londres aún se investigan teorías contradictorias

El Alekander Litvinenko, el exagente de la KGB envenenado con polonio-210 altamente radiactivo en 2006, trabajó para el CNI, los servicios de inteligencia españoles, según recoge el diario británico «The Guardian». El abogado de la viuda del agente vigilaba a mafias rusas en España para dar información al CNI.

Alexander Litvinenko murió ante los ojos del mundo, consumiéndose en un hospital londinense tras haber sido envenenado con polonio-210 altamente radiactivo. La agonía del expía del KGB exiliado en el Reino Unido terminó el 23 de noviembre de 2006, veinte días después de reunirse con dos antiguos colegas de los servicios secretos rusos en un hotel de Londres.

Seis años después, aún se investiga quién estuvo detrás de la muerte del antiguo coronel del espionaje exterior ruso. ¿Fue un accidente en un negocio de tráfico de polonio? ¿Fue un asesinato? ¿Quién suministró el veneno?

Litvinenko había concertado una cita el 1 de noviembre con Andrei Lugovoy, un viejo conocido suyo, exoficial de los servicios secretos rusos que entonces dirigía una agencia de guardaespaldas en Moscú y reclutaba reciclados agentes del KGB. El exespía tomó un té con Lugovoy y con otro antiguo colega, Dmitri Kovtun, en el bar del exclusivo hotel Millennium de Grosvenor Square. En el lugar hubo otro ruso, Vyacheslav Sokolenko, que aseguró que solo había saludado a los presentes.

¿Quién envenenó con polonio 210 a Litvinenko?
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Litvinenko, en 2002

El mismo día había acudido al restaurante japonés Itsu de Piccadilly Circus. Allí había quedado con el experto en seguridad italiano Mario Scaramella a quien le pasó documentación sobre los posibles asesinos de Anna Politkóvskaya, acribillada en Moscú. Litvinenko colaboraba con la conocida periodista y había emprendido su propia investigación sobre su muerte. Scaramella le advirtió, por su parte, de que su nombre figuraba en una lista de supuestos objetivos del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antigua KGB).

Horas después, Litvinenko comenzó a sentirse mal. Pronto sospechó de su envenenamiento, puesto que tomó potásico férreo, un antídoto del talio. Era el veneno preferido en operaciones secretas por ser insípido, incoloro e inodoro. Se equivocó. En su caso se había empleado polonio 210, un isótopo del polonio, un raro metaloide radiactivo presente en minerales de uranio casi desconocido hasta entonces. Se encontraron restos de esta sustancia radioactiva, que también se produce de forma artificial en reactores nucleares, en varios lugares de Londres que Litvinenko había visitado, en Rusia y en dos vuelos de British Airways. El exespía habría recibido una dosis cien veces mayor que la considerada letal.

«Que Dios le perdone, señor Putin»

El 23 de noviembre de 2006 fallecía en la unidad de cuidados intensivos del University College Hospital de Londres, no sin antes haber acusado al Kremlin de su muerte. Litvinenko había pedido asilo en 2002 al Reino Unido por la «incesante persecución» a la que le sometían los servicios secretos rusos desde que en 1998 denunciara públicamente una serie de acciones ilegales del FSB, que entonces encabezaba Vladimir Putin. El exespía se habría negado a asesinar a Borís Berezovsky, exsecretario del Consejo de Seguridad de Rusia y enemigo declarado del presidente ruso.

«Usted puede tener éxito en silenciar a un hombre, pero los gritos de protestas de todas partes del mundo van a resonar, señor Putin, en sus oídos el resto de su vida. Que Dios le perdone por lo que ha hecho, no sólo a mí, sino a la querida Rusia y a su pueblo», dejó escrito el antiguo agente ruso antes de morir.

Su caso, a juicio de Litvinenko, demostraba que lo que había estado denunciando era verdad. El ex agente acusó en su libro «El FSB explota Rusia» a los servicios secretos rusos de una serie de atentados contra bloques de viviendas en Moscú en 1999 que se atribuyeron a terroristas chechenos y pudieron ser determinantes en la victoria electoral que llevó a Putin al Kremlin.

Putin se defendió entonces asegurando que no había pruebas que demostraran que se trató de «una muerte violenta» y calificó de tragedia el fallecimiento del ex espía ruso en Reino Unido.

La investigación de Scotland Yard apuntó a Lugóvoi como autor del envenenamiento y la Fiscalía británica pidió la extradición del también exespía ruso, pero hasta el momento las autoridades rusas se han negado a concederla.

Lugovoi, por su parte, se declaró inocente y acusó al MI-6. En una conferencia de prensa en Moscú en 2007 junto a Dmitri Kovtun, a quien Londres considera su cómplice, sostuvo que Litvinenko y el magnate ruso Berezovsky fueron reclutados por el servicio secreto británico e intentaron que él también se uniera. «Litvinenko escapó al control del MI-6 y fue liquidado», aseguró.

Del Kremlin al MI-6

La investigación del caso también va a examinar esta posible vinculación al igual que el posible papel que desempeñó el FSB, según señaló hace apenas unas semanas el abogado Hugh Davies. «La investigación estudiará la posible culpabilidad tanto del Estado ruso como del Reino Unido, ya sea administrando el veneno a Litvinenko a través de uno de sus espías o no ofreciéndole la protección necesaria ante el peligro de muerte», apuntó.

Davies añadió que cada vez hay «más teorías contradictorias» alrededor de la muerte del exespía del KGB en las que se involucra a Berezovsky, a grupos chechenos e incluso a mafias arraigadas en España.

Su viuda, Marina Litvinenko, no tira la toalla. Esclarecer la muerte de su esposo es «muy importante» para ella y «también para Rusia y el Reino Unido».

Litvinenko fue sepultado en un ataúd sellado para evitar escapes radiactivos en el cementerio de Highgate de Londres.

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