Napoleón en Santa Elena, por Francois-Joseph Sandmann
Napoleón en Santa Elena, por Francois-Joseph Sandmann

El sombrero que Napoleón perdió en Waterloo, vendido por 350.000 euros

El bicorne, recogido en el campo de batalla, ha sido tradicionalmente atribuido al Emperador francés

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Un bicorne tradicionalmente atribuido a Napoleón Bonaparte ha sido vendido este lunes por 350.000 en una subasta en Lyon. Un precio récord debido a que, si bien en los 15 años de reinado, el emperador de los franceses utilizó alrededor de 120, solo diecinueve de ellos han sido identificados con claridad, incluido este.

El sombrero fue supuestamente recogido después de la derrota en el campo de batalla de Waterloo por un capitán de dragones holandés y luego pasó de generación en generación hasta el finales del siglo XIX, cuando fue vendido al propietario actual, un coleccionista (francés) de objetos históricos, según informa Etienne De Baecque, subastador de la casa de subastas De Baecque and Associates.

«Es un sombrero bastante simple, como todos los sombreros de Napoleón. Se aprecia el paso del tiempo, algo de desgaste, pero tiene algunos elementos característicos de este personaje: Napoleón no soportaba la banda interna que siempre eliminaban en sus sombreros, apunta Etienne De Baecque.

Fijado en un precio de entre 30.000 y 40.000 euros, el sombrero amartillado se vendió en una caja de madera revestida de lona y estuvo presente en la Exposición Internacional en Bruselas en 1897. Ahora ha alcanzado la elevada cifra de 350.000 euros, todavía lejos del récord de 2014 cuando un fabricante surcoreano pagó 1,8 millones de euros para comprar un sombrero del mismo tipo. No en vano, aquel sombrero de tres picos estaba en mejores condiciones y procedía de la prestigiosa colección de la familia principesca de Mónaco.

La fascinación por Napoleón

El 26 de febrero de 1815, Napoleón Bonaparte dejó atrás su exilio en la isla de Elba (situada al oeste de Italia), donde había sido recluido tras la derrota en Leipzig, para iniciar un fugaz intento por recomponer el Imperio francés: los Cien Días. Una vez recuperado su lugar en Francia, donde el Rey Luis XVIII se vio obligado a huir por aclamación popular, Napoleón se alzó por segunda vez Emperador y se dirigió, a la vista de la nueva coalición formada contra él por Austria, Rusia, Reino Unido y Prusia, en dirección a los Países Bajos. El 12 de junio se dispuso a tomar Bruselas al frente de un ejército de 124.000 hombres, pero sus enemigos no estaban dispuestos a rememorar la pesadilla otra vez y salieron a su encuentro.

Con su derrota, Napoleón perdió su aura de comandante invencible y, parece ser, también su sombrero

Las tropas de los aliados, dirigidas por el Duque de Wellington y el prusiano Blücher, con un total de 196.000 hombres, se desplegaron para neutralizar al general galo en los Países Bajos. El prusiano se dirigió hacia Ligny (en la provincia de Namur), mientras Wellington esperó a Napoleón atrincherado en Mont-Saint-Jean, muy cerca de Waterloo, para impedir su entrada en Bruselas. Tras dividir sus fuerzas para derrotar primero a Blücher, en lo que supuso su gran error estratégico, el Emperador francés ordenó avanzar contra las líneas defensivas preparadas por Wellington y situar a su artillería en primera línea para desgastar las posiciones enemigas. Para protegerse de la artillería francesa, Wellington reclamó a sus hombres echarse cuerpo a tierra, lo que hizo creer a los franceses que se trataba de un repliegue. Al estimar que se retiraban, 5.000 jinetes franceses comenzaron una carga contra la infantería inglesa, que, dispuesta en cuadros con tres filas de bayonetas, rechazaron fácilmente el ataque francés y obligaron a la caballería a huir en desbandada.

A la caída de la tarde, la situación francesa comenzaba a ser desesperada. Napoleón ordenó un ataque entre Hougoumont y La-Haye-Sainte, en el flanco derecho del centro británico. El intento fue vano, fracasando la última esperanza de Napoleón de romper las líneas aliadas aquel día. La infantería francesa fue aniquilada, mientras que la Guardia y la caballería tuvieron que replegarse. Así, la primera consecuencia de la batalla también es la más obvia: la hegemonía militar de los ejércitos napoleónicos se había esfumado definitivamente.

Con su derrota, Napoleón perdió su aura de comandante invencible y, parece ser, también su sombrero. Esta prenda y otros objetos causan hoy auténtica fascinación entre los coleccionistas. El pasado noviembre, una hoja de laurel en oro destinada a decorar la corona usada por Napoleón Bonaparte durante su coronación en 1804, alcanzó los 625.000 euros en Fontainebleau (región de París), ciudad que tiene un museo dedicado al Emperador.