Varias personas pasan junto a una imagen tomada por el fotógrafo checo Josef Kouldelka en Praga (República Checa)
Varias personas pasan junto a una imagen tomada por el fotógrafo checo Josef Kouldelka en Praga (República Checa) - EFE

El día en que murió la utopía comunista

La noche del 20 al 21 de agosto de 1968, 170.000 soldados y 4.600 tanques del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia para poner fin a la llamada «Primavera de Praga»

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Ninguno de los dos países que protagonizaron esta historia existen ya, aunque los verdaderos protagonistas fueron los ciudadanos de la entonces Checoslovaquia, un país que había comenzado a tomar su propio camino, huyendo de la dictadura soviética y todavía convencido de que podía promover un «socialismo con rostro humano». Tal día como hoy hace cincuenta años despertaron de ese sueño. La noche del 20 al 21 de agosto de 1968, 170.000 soldados y 4.600 tanques del Pacto de Varsovia, procedentes de la URSS, Bulgaria, Polonia, Alemania Oriental y Hungría, invadieron Checoslovaquia para poner fin a la llamada ' Primavera de Praga' (Prazské Jaro), un período de reformas económicas y políticas bajo el impulso del entonces líder del Partido Comunista checoslovaco, Alexander Dubcek, que pretendía abrir el país a las libertades civiles. Fue un punto de inflexión en la historia de comunismo, que nunca más pudo ya ocultar su íntima asociación con la opresión. Dos décadas después caería por su propio peso el Muro de Berlín.

«Salí de casa para ir a trabajar sin haber escuchado la radio, me encontré con los tanques en la calle y me enteré de lo que pasaba por el boca a boca. En ese momento no podía creer que nuestros amigos soviéticos hiciesen aquello. En un instante se había roto el mundo tal y como yo lo había entendido», recuerda Emil Sozka, un impresor que evitó enfrentarse a las tropas a pedradas, como hacían muchos de sus compañeros de estudios, porque su madre le hizo prometer que no se pondría en peligro.

La invasión de Checoslovaquia a través de la bautizada como Operación Danubio recordaba, de hecho, a la entrada de la URSS en Hungría en 1956 y fue el primer episodio de la Doctrina Brezhnev, con la que el entonces líder soviético sujetó con mano de hierro a todos los países de la órbita de Moscú para que se mantuvieran dentro de su visión ortodoxa del comunismo. La dureza aplicada desde entonces por la URSS no impidió la desaparición del Pacto de Varsovia, primero, y de la propia Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, después, disueltas ambas estructuras en 1991 por la Perestroika, impulsada por Mijail Gorbachov y heredera en muchos aspectos de las reformas diseñadas por Dubcek.

Cientos de personas participaron ayer en una protesta frente a la Embajada rusa en Praga
Cientos de personas participaron ayer en una protesta frente a la Embajada rusa en Praga - EFE

La resistencia de la población de Checoslovaquia a esa ocupación de 1968 permanece vigente como uno de los símbolos de la represión de la URSS ante cualquier tipo de cambio o apertura, aunque en los últimos años los medios de comunicación rusos afines a Putin han comenzado a defender abiertamente la invasión. La página web de la televisión Zvezda, propiedad del Ministerio de Defensa de Rusia, publicó el año pasado un artículo titulado «Checoslovaquia debe agradecer 1968 a la URSS», donde se mantenía que la intervención en ese país centroeuropeo evitó un golpe de Estado planeado por Occidente que habría provocado un baño de sangre. Pero las fotografías cuentan otra historia. Las imágenes de los tanques soviéticos rodeados de ciudadanos desarmados que pedían explicaciones a los soldados o que miraban con estupor cómo los carros de combate aplastaban autobuses y coches convertidos en barricadas dieron la vuelta al mundo, comparándose inevitablemente con las escenas que unos meses antes se habían vivido en el Mayo francés.

«Habíamos alzado banderas por la libertad y por la igualdad, pero en ese momento entendimos que el socialismo se sostenía sobre la opresión y la sumisión a estados policiales y represivos», sigue Sozka, «quedamos en shok y nunca más pudo hablarse del socialismo con la cabeza alta».

La tentativa de democratizar al socialismo con la glasnost y la perestroika de Gorbachov en la Unión Soviética, con reformas hacia la transparencia informativa y la democratización, fracasó víctima de la deslegitimación del sistema, la corrupción, la burocracia y la ineficiencia económica. Cuando le preguntaron a Gorbachov cuál era la diferencia entre sus políticas y las de la Primavera de Praga, respondió: «Veinte años».