Nervios en Berlín por la visita de Putin

Hace años que la relación entre Alemania y Rusia permanece en punto muerto debido a crisis ya arraigadas como Siria y Ucrania

Corresponsal en BerlínActualizado:

Será la segunda cumbe germano-rusa en cuatro meses. «Putin sueña con nuevas alianzas por el caos que está generando Donald Trump», dejan caer optimistas fuentes políticas de Berlín que creen que en los últimos días se ha producido un proceso de reorientación internacional de Moscú. Las últimas declaraciones públicas entre los gobiernos, sin embargo, no han sido especialmente amistosas y han causado cierto nerviosismo. El ministro de Defensa ruso atacó el fin de semana pasado a su homóloga alemana por haber pedido enjulio una «posición más fuerte» contra Rusia. «Debería acordarse de lo que le pasó a su abuelo cuando Alemania quiso mantener una posición más fuerte contra Rusia», respondió Sergei Schoigu a las declaraciones de Ursula von der Leyen, «después de todo lo que Alemania le ha hecho a nuestro país, un discurso como ese no puede volver a escucharse en al menos 200 años».

Hay que decir que prensa rusa como «Nesawissimaja» ha puesto en boca de la ministra alemana varias declaraciones como supuesta prueba de una justificación de ataques nucleares contra Rusia, informaciones que caldean especialmente el clima del encuentro y a las que la prensa satírica berlinesa cita refiriendo como fuente a la «Fake News Agency». Bromas aparte, hace años que la relación entre Alemania y Rusia permanece en punto muerto debido a crisis ya arraigadas como Siria y Ucrania. Ahora hay esperanzas de resetear la situación y superar el bloqueo gracias a una conversación sobre las sanciones comunes que Alemania o Europa podrían imponer conjuntamente con Rusia a las empresas estadounidenses. Hay además un punto en el programa que también sugiere la necesidad de un acercamiento: la conversación sobre el disputado gasoducto Nord Stream 2 para transportar gas ruso con destino a Alemania a través del Mar Báltico.

Junto con el desconcierto generado por Trump, ese es el elemento que los equipos que preparan la reunión señalan como punto de apoyo para la palanca diplomática. Estados Unidos afirma que el proyecto aumentará la dependencia energética que Alemania tiene de Rusia. Ucrania teme que el gasoducto permitirá a Rusia dejarla fuera del negocio del gas. Los países europeos al este de Alemania, nerviosos por la intrusión rusa, también han mostrado preocupación sobre el proyecto.

Los dos jefes de gobierno, que se reunieron por última vez en mayo en el balneario ruso de Sochi en el mar Negro y que mantienen una fluida comunicación telefónica, con llamadas cada dos semanas como máximo, volverán a verse en el palacio de Meseberg, en las afueras de Berlín, y ofrecerán una breve comparecencia ante los fotógrafos antes dela conversación en la que no responderían a preguntas.

«Cabe esperar que las conversaciones se centren en las relaciones bilaterales y, ciertamente, en el conflicto sirio, así como en la situación en el este de Ucrania y cuestiones energéticas», ha dicho el portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert, recordando que Alemania quiere que Rusia ponga fin al alto al fuego en Siria con Estados Unidos, así como una resolución del conflicto en el este de Ucrania, donde el Kremlin respalda a los separatistas que van contra las fuerzas del Gobierno ucraniano. Preguntado sobre si Rusia había manifestado durante las conversaciones su disposición a cumplir con las demandas europeas de que Ucrania siga siendo un enlace del gas ruso con Europa, Seibert se ha limitado a responder que «las conversaciones no han finalizado». Las bases de esta conversación fueron puestas por Merkel y el ministro alemán de Exteriores, Heiko Maas, durante la reunión que mantuvieron con el jefe de la diplomacia rusa, Sergei Lavrov, en Berlín el mes pasado, junto con el jefe del Estado Mayor del Ejército ruso, Valery Gerasimov.