Emilio Herrera desarrolló este traje «estratonáutica» que más tarde fue adaptado por la NASA para sus viajes al espacio
Emilio Herrera desarrolló este traje «estratonáutica» que más tarde fue adaptado por la NASA para sus viajes al espacio - ABC

El inventor del traje espacial que rechazó a la NASA por no usar la bandera de España en su misión

Emilio Herrera, un ingeniero e inventor granadino, creó una «escafandra astronáutica» que la Agencia Espacial adaptó para los viajes a la Luna décadas después

Actualizado:

ABC, martes 22 de julio de 1969. «Un pie se descuelga por las escalerillas del módulo lunar posado en el Mar de la Tranquilidad. Desciende, la punta de la bota toca el fino polvo que hay debajo. Es la primera vez en la historia de la Humanidad que el hombre camina sobre la Luna. Neil Armstrong da pasos cortos, carga todo su cuerpo sobre los pies, como queriendo cerciorarse de la firmeza del suelo. Son las 3.56 (hora española) y cientos de millones de ojos siguen atónitos y sorprendidos el increíble momento».

Así anunciaba este diario la llegada del hombre a la Luna hace 50 años. Lo que muy poca gente sabe es que el traje en el que iban enfundados los astronautas que protagonizaron aquella hazaña, Neil Armstrong y Buzz Aldrin, estaba basado en uno que había inventado un español 30 años antes que la NASA. Su nombre era Emilio Herrera, nacido en Granada el 13 de febrero de 1879, en el seno de una familia burguesa de tradición militar, al que más tarde se conoció como el «Verne español».

A lo largo de su vida fue aviador, ingeniero, militar, político y aventurero, además de inventor. Desde muy joven destacó por su curiosidad y su vocación científica, a lo que pronto añadió su sueño por realizar viajes verticales. Por eso empezó a principios del siglo XX a intentar encontrar los medios necesarios para lograrlo, inclinándose más por la ciencia y la tecnología que por la ficción. De ahí surgió su «escafandra astronáutica» que la NASA adaptó para los viajes espaciales décadas después. E incluso intentaron contar con sus conocimientos, pero se negó.

Herrera era, según los testimonio de quienes les conocieron, un tipo singular, discreto y paradigmático. También un ferviente católico practicante, además de monárquico, conservador y liberal, lo que no le impidió ser presidente del gobierno republicano en el exilio, entre 1960 y 1962. Aún así, hasta hace poco no estaba lo suficientemente reconocido ni en su ciudad natal, donde tan solo una plaza y un monolito recuerdan sus aportaciones. Fue en 2017, por fin, cuando el Parlamento andaluz y multitud de instituciones colaboraron para celebrar el 50 aniversario de su muerte con todo tipo de actividades.

La llegada del hombre a la Luna

Pronosticó la llegada del hombre a la Luna en 1932 y trabajó para que así fuera. Primero por medio de la carrera estratosférica que se estaba librando en globo. «Toda mi preferencia ha sido siempre por los viajes en dirección normal [perpendicular] a la superficie terrestre, bien elevándome a las nubes, bien descendiendo a las entrañas de la Tierra o bajo el agua de los mares», contaba en 1933, durante su discurso de entrada en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Fue alrededor de esta fecha cuando inventó y diseñó la famosa «escafandra estratonáutica».

No cabe duda de que era más un hombre de ciencia que de política. Sus conocimientos abordaban multitud de materias, hasta el punto de que fue miembro de la Unesco en calidad de consultor para el uso pacífico de la energía nuclear e impulsó en Cuatro Vientos el Laboratorio Aerodinámico y la Escuela de Ingenieros Aeronáuticos. Y, además, se codeó con científicos tan importantes como el mismo Albert Einstein y fue amigo de personalidades de otros ámbitos como el Rey Alfonso XIII.

Su pasión por volar, sin embargo, se impuso a todos esos proyectos. Por eso acabó convirtiéndose en uno de los primeros pilotos de globo de España. Y por eso más tarde se pasó a los aviones, hasta que, en 1914, fue protagonista de las portadas de los periódicos al ser la primera persona que cruzó el estrecho de Gibraltar en aeroplano.

El traje

A pesar de su fracaso en el primer intento de ascensión a más de 22.000 metros de altitud, con el objetivo de establecer el récord de altura con un globo de barquilla abierta, Emilio Herrera no se desanimó en su sueño de conquistar el espacio exterior. Su plan inicial era tomar las medidas necesarias para estudiar la radiación cósmica una vez que el hombre hubiera alcanzado la estratosfera.

La escafandra de Herrera puede ser considerada una de las mayores aportaciones europeas a la conquista del espacio. Se trataba de una vestimenta diseñada para protegerse de las temperaturas extremas, la baja presión y la falta de oxígeno de la estratosfera. De ahí que muchos la consideren precursora de los trajes espaciales actuales, como él mismo ya apuntó en 1935, en un artículo publicado en la revista «Madrid Científico»: «Este será el atuendo de los navegantes que en los futuros paseos por la estratosfera podremos admirar brillantes y deslumbradores».

El ingeniero granadino estaba convencido de que primero había que llegar a las capas superiores de la atmósfera para poder intentar después alcanzar el espacio. Para ello, defendía, los futuros astronautas necesitarían llevar un traje protector que les permitiera salir de la nave para hacer las reparaciones pertinentes y, llegado el caso, para caminar por la superficie de la Luna.

El suyo contaba con tres capas: una de caucho, otra de lana y una tercera de lona muy resistente. La zona de las articulaciones estaba diseñada como un acordeón reforzado con cables con el que el astronauta podría moverse fácilmente. Y tenía también una capa de aluminio pulimentado y una tela de plata para cubrir el casco y el traje, y que este reflejara los rayos solares. Así evitaría el recalentamiento. Lo que el ingeniero granadino no previó es que, a temperaturas tan bajas, el dióxido de carbono producido por la respiración se congelaría dentro de la bombona que incluyó y obstruiría el sistema.

La Guerra Civil

Por desgracia, Emilio Herrera no pudo probar su traje por el estallido de la Guerra Civil, aunque lo tuviera todo preparado. El traje fue destruido y la tela del globo con el que pensaba ascender hasta la estratosfera fue utilizada por los soldados republicanos para hacer abrigos. Aún así, su invento acabó llegando a oídos de la NASA, que le ofreció trabajo mientras él vivía en el exilio de Francia.

Algunas fuentes aseguran que el granadino declinó la oferta, porque la Agencia Espacial estadounidense se negó a satisfacer su petición: que el satélite en el que se iba a llevar a cabo la misión espacial para probar su prototipo de traje llevara también la bandera de España. Según cuenta Carlos Lázaro Ávila en su libro « La aventura aeronáutica», el ingeniero granadino le dijo a su secretario: «Los americanos son como niños, creen que con el dinero pueden comprarlo todo».

A pesar de ello, jamás abandonó su faceta investigadora. De hecho, antes de que se supiera, él ya sospechó que Alemania estaba fabricando la bomba atómica. De hecho, escribió sobre ello para una revista francesa, cuya publicación en Alemania los nazis censuraron. Y también rechazó una gran oferta económica de estos para que trabajara para ellos.

Hace pocos meses, el Gobierno de Pedro Sánchez, a iniciativa del ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, trató de devolver «el honor y la memoria» a este inventor a quien la dictadura de Franco retiró la medalla de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales por razones políticas. «Herrera fue un hombre excepcional, que se implicaba con fuerza y empuje en los proyectos que emprendía. Su historia me es muy cercana por mi formación y trayectoria», destacaba este a EFE en mayo. «Impulsado por la figura de su padre, que organizaba ferias y espectáculos científicos en Granada a finales del XIX, Emilio se interesó desde muy joven por la ciencia», añadió también Juan F. Cabrero Gómez, físico del Laboratorio de Instrumentación Espacial Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).