Retrato oficial de Neil Armstrong, en 1968, captado como comandante del Apolo 11
Retrato oficial de Neil Armstrong, en 1968, captado como comandante del Apolo 11 - AFP

Neil Armstrong: el gran piloto de naves espaciales

Astronauta y primer ser humano en pisar la Luna

*Ministro de Ciencia, Innovación y UniversidadesActualizado:

Uno de los personajes indiscutibles para nosotros los astronautas profesionales es Neil Armstrong. Por supuesto era él quien andaba por la Luna aquel día de nuestra niñez de 1969 y el que por ello siempre fue objeto de nuestra admiración. Pero estando dentro aprendimos a apreciar todas sus otras cualidades.

Neil fue siempre un entusiasta de los aviones. Aprendió a volar justo al terminar la Segunda Guerra Mundial, a los 16 años, aprovechando que había gran cantidad de pilotos y aviones recién vueltos de la contienda ofreciendo sus servicios. Cinco años más tarde ya le tocó volar en un avión militar sobre Corea, donde tuvo que lanzarse en paracaídas después de ser ametrallado: eso debe de marcar muchísimo.

Cuando estuvo en Madrid, el 3 de mayo de 1975, nadie le reconoció por la calle. Preguntado por periodistas de ABC, el lacónico astronauta reconoció que le gustaría volver a la Luna y que se sentía afortunado de vivir en la época en la que el hombre exploraba el Universo.
Cuando estuvo en Madrid, el 3 de mayo de 1975, nadie le reconoció por la calle. Preguntado por periodistas de ABC, el lacónico astronauta reconoció que le gustaría volver a la Luna y que se sentía afortunado de vivir en la época en la que el hombre exploraba el Universo.

Neil no era solamente un entusiasta de pilotar aviones, sino también de comprender cómo funcionaban, así que en seguida se salió del ejército para hacer el grado de ingeniero aeronáutico. Luego, como piloto de pruebas de NACA/NASA, en seguida destacó por su capacidad analítica y su volar exacto y milimétrico. También por su capacidad de trabajar horas y horas preparando pruebas y ayudando a los ingenieros a dilucidar el camino a seguir para resolver los problemas. Neil se hizo un experto absoluto en simuladores de vuelo, cuyo ajuste por entonces era más un arte más que una ciencia. Él era el único piloto capaz de ayudar a ellos porque sabía la sensación que se buscaba y a la vez conocía la matemática. Luego, esa experiencia le permitió entrar en el segundo grupo de astronautas en 1962.

NASA nombró a Neil comandante para el vuelo número 11, en el que preveían alcanzar la Luna. Su confianza en Armstrong era máxima, aunque él decía que veía un 90% de probabilidades de volver con vida, y un 50% de alunizar. Pero al final todo salió bien. Incluso, Neil tuvo una ocurrencia: echar polvo lunar en una caja, aunque solo le habían pedido rocas, porque cabía. Gracias a este gesto se detectó el «Helio 3», un isótopo casi inexistente en la Tierra, y una de las esperanzas de generar energía nuclear sin residuos algún día.

Todos los que iban a ir a la Luna se arremolinaron después en torno a Neil y a Buzz para aprender todo lo posible sobre cómo manejar el modulo lunar, qué hacer con el polvo, cómo caminar, cómo desplegar la bandera y que quedara bonita… En gran medida el éxito de todo el Apolo se debió a esa primera tripulación. Neil tenía un carácter reservado. Sus compañeros coinciden en que era «reflexivo» y su familia le ha llamado «el héroe reacio». Él nunca quiso serlo, sólo hacer su trabajo lo mejor posible. Para nosotros fue siempre el número uno.