Druidas y ritos maditos: la verdadera historia de los huevos de Pascua

Los fenicios, según Plutarco, representaban a un ser supremo en sus relaciones sexuales con la forma de este alimento. Para los sacerdotes britanos, por su parte, portar un «huevo de serpiente» era sinónimo de buena suerte

MadridActualizado:

Tanto la Semana Santa como la Pascua, la fiesta en la que se rememora la resurrección de Cristo, están rodeadas de decenas de tradiciones. De ellas cuelgan desde las populares torrijas ( sumamente sencillas de cocinar, por cierto), hasta las procesiones que logran tomar ciudades enteras. No obstante, entre todas ellas hay una que encandila a los más pequeños de la casa: la decoración de huevos de chocolate como presente para familiares y amigos. Y todo ello, a pesar de que -en pleno 2019 como estamos- se desconoce cuál es su origen.

¿Dónde y cuándo hunden sus raíces los huevos de Pascua? Las teorías se cuentan por decenas. Una de las más extendidas es la que afirma que provienen del Antiguo Egipto, donde eran vistos como un símbolo de vida y resurrección. Ejemplo de ello es que, en la cosmogonía hermopolitana (una de las tesis de la tierra de los faraones que busca explicar el nacimiento del mundo) se explica que nuestro mundo fue alumbrado cuando ocho dioses forjaron un «huevo primordial» del que eclosionó el mismo Ra en forma de halcón.

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Después de los egipcios fueron muchos los pueblos que utilizaron este alimento como un símbolo de fecundidad y vida. En el hinduismo, por ejemplo, se especifica que el Brahma (el ser vivo original) surgió de un huevo cuyos restos, a su vez, formaron el cielo y la tierra. En dicha religión, la mayoría de los dioses están ligados íntimamente a este símbolo. Ejemplo de ello es que el Prajapati (el nombre que reciben varias deidades supremas) creó el mundo a partir de un huevo alumbrado tras zambullirse en las aguas.

El huevo también fue un símbolo sagrado para los druidas britanos. Plinio, en su «Historia natural», desvelaba que decenas de serpientes de estas tierras se enrollaban durante el verano en un abrazo que, debido a «la baba de sus gaznates y a las secreciones de sus cuerpos» era llamado el «huevo de la serpiente». En sus palabras, los sacerdotes locales veían este símbolo como un talismán de poder para sus rituales y hacían lo imposible por conseguirlo. Y eso, a pesar de que había que arriesgar la vida para hacerse con él. La sociedad, por su parte, creían que era un talismán con virtudes protectoras y curativas.

Uno de los últimos pueblos que veía el huevo como un símbolo de poder fue el fenicio. No en vano, creían que la cosmogonía comenzaba con un «huevo cósmico» (Mot) nacido de la unión del caos primitivo con una divinidad. También eran partidarios de que la separación de este símbolo provocó el alumbramiento del cielo y la tierra. Plutarco, por su parte, afirmaba en sus textos que los fenicios reconocían a un «ser supremo» al que representaban en sus orgías con forma ovalada.

Una vez explicada la importancia del huevo para las diferentes culturas cabe hacerse una pregunta: ¿Cuándo nació la tradición de entregarlo como regalo?

Una de las tesis más populares afirma que el origen se encuentra en la China del año 1000 a.C., donde se celebraba la llamada fiesta de la renovación de la Naturaleza por el calor de la primavera. Como durante los festejos estaba prohibido encender fuego, era necesario preparar previamente alimentos que no se corrompieran. Entre ellos destacaban los huevos cocidos y lo duros; los cuales -además- se pintaban y se regalaban a amigos y familiares.

La fiebre por el huevo en la cristiandad llegó en el siglo XVII, cuando el Papa Pablo V bendijo en una plegaria este alimento. ¿Con qué objetivo? Que la Iglesia pasase página y se olvidase de que, en el siglo IX, esta institución había prohibido a los feligreses su consumo durante la Cuaresma por considerarlo carne. No obstante, fue ese veto el que ayudó a que se empezase a regalar en Pascua ya que, cuando llegaba a su fin la censura, se desataba la fiebre del huevo.