«Si abres esa caja que lleva años guardada en tu casa ¡estás perdido!»

Dos expertas en organización aseguran que el orden aporta equilibro y serenidad a las relaciones en la familia

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El orden en el hogar influye en la armonía familiar. Al menos así lo aseguraron Lucía Simón, abogada y formadora en Home Management, y Vanesa Travieso, coach de organización, durante el IV Encuentro Influencers & Maternidad organizado por la Fundación RedMadre.

Durante el evento, celebrado en la Fundación Botín, estas dos expertas explicaron que el orden no puede ser siempre perfecto y, que aunque se aspire en muchos casos a ello, «no podemos volvernos locos para mantener todo en orden porque eso altera a la propia persona y al resto de los miembros de la familia». Añadieron que hay que ser prácticos y funcionales, «porque si nos obsesiona, puede suponer un problema serio en la convivencia familiar», coincidieron estas ambas.

Según Lucía Simón, «la organización es diferente para cada familia, y debe ser aquella que a ellos les haga felices». En este sentido, Vanesa Travieso añadió que en las casas «hay tiempos de desorden y hay que disfrutarlos. Hay que permitir que, por ejemplo, en un momento de juego, estén los juguetes tirados por el suelo y no ir detrás de los pequeños colocando todo aquello con lo que se divierten».

En la jornada también se apuntó que el orden no es innato. Se aprende. «Hay modelos adquiridos de nuestras familias de origen —señaló Travieso—. Desde generaciones anteriores nos han enseñado a guardar y guardar y no es culpa nuestra que acumulemos tantas cosas en los hogares porque es lo que hemos visto hacer en nuestras familias. El problema es que nos enseñan a caminar, leer, escribir, pero nadie nos dice cómo ordenar. Cuando somos pequeños nos mandan "a recoger" y en los mejores casos nos dan una caja para guardarlo todo, pero sin orden ni criterio. Resultado: no aprendemos cómo ordenar».

Simón apuntó que hay que enseñar a los hijos «desde muy pequeños organizar las cosas porque eso tiene unos beneficios brutales en el resto de su vida en todos los aspectos. «A través del aprendizaje del orden en el hogar se adquieren destrezas que posteriormente se trasladarán al mundo laboral, a las relaciones sociales... A los niños les da a entender, además, el trabajo que supone para los otros y a respetar que ordenar conlleva tiempo y esfuerzo. Hay que implicar, sin duda, a los hijos en esta labor», matizó Lucía Simón.

El problema de la falta de organización en muchos hogares «es la pereza y no saber dónde colocar las cosas. Si al llegar a casa —explicó Travieso— sabemos que las llaves se dejan en una cajita a la entrada, no hay problema. Pero el conflicto surge cuando no sabemos dónde colocar los libros que hemos comprado, la ropa nueva, esos zapatos que están viejos pero son cómodos... Al final se dejan en cualquier sitio».

A todo ello, añadió que se suma el problema del apego que tienen normalmente las personas con sus pertenencias. «Apego porque un determinado objeto nos lo regaló alguien al que apreciamos, a algo que compramos y no usamos, pero lo guardamos por que es caro o está nuevo... En ocasiones no tiramos nada. Vamos por la calle nos dan un papelito publicitario que no vamos a usar nunca y lo guardamos en el bolso, junto a los papeles de los caramelos, los tiques... Ya el bolso de las mujer es una acumulación de cosas que no usamos. Los hombres suelen ser más ordenados porque tienen menos cosas, son más prácticos y tienen un apego diferente a las cosas».

Hay momentos que son más propicios para desprenderse de cosas en el hogar como una mudanza, los cambios de estación, un divorcio..., son circunstancias en las que se ordena y se colocan las cosas de otra manera. «En las mudanzas, por ejemplo, —apuntó Travieso— es el momento de tirar cajas que llevamos años sin abrir. No se deben abrir ya porque, si durante tanto tiempo no se ha utilizado, mejor deshacerse de ella. Si la abres estás perdido, no sabrás qué descartar», puntualizó.

El orden se aprende

Lucía Simón insistió en que el orden se aprende. «Se tardan 21 días en adquirir nuevos hábitos. El orden aporta serenidad, pero un orden estricto aporta rigidez, algo que no es bueno. Está bien enseñarlo a los hijos. Hay métodos para que participen los niños en la organización del hogar desde pequeños. También se pueden aprovechar las reuniones familiares y hablarles de cómo se deben implicar en el hogar».

En este sentido, Vanesa Travieso añadió que nadie puede deshacerse de cosas que no son de uno mismo y «si queremos ordenar la habitación de nuestro hijo, hay que hacerlo con él y darle la opción de que tire cosas que ya no use, o las done. Es una forma de enseñarle para que no quieran desde pequeño quedarse con todo. No es recomendable que lo organicen todos los padres a escondidas porque, si lo hacen de forma conjunta, los hijos aprenderán a ordenar y tomar decisiones sobre lo que quieren y lo que no quieren».

Pero el orden no solo afecta a la relación con los hijos, también puede alterar las relaciones de pareja. «Hay que evitar —advirtió Simón— la rigidez a la hora de hacer tareas entre los dos miembros del la pareja, el "vamos a medias, al 50%". Los dos deben hacerlo en equipo, según la carga de cada uno en el día a día en función con otros aspectos como el laboral, el cuidado de padres... Actualmente, el hombre se implica más en estas tareas gracias a la corresponsabilidad».

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