Cómo escribir la carta a Papá Noel sin caer en el «síndrome del niño hiperregalado»

Consejos para que estas fechas los juguetes no invadan la casa

MADRIDActualizado:

Cuantos más juguetes, menos ilusión. Es una máxima que comparten psicólogos y pediatras y que, advierten, hay que tener muy en cuenta de cara a la llegada de Papá Noel y de los Reyes Magos. Es la única manera de evitar la frustración tanto de hijos, como de padres e, incluso, de males mayores. Se trata, explica, de una consecuencia física directa:el exceso de regalos puede conducir a una apatía total, provocando que los menores pierdan la ilusión debido a una sobrecarga de estímulos positivos.

Esto sucede, según señala Francesc Núñez, sociólogo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), porque se cumple una ley básica de la naturaleza humana: la de los rendimientos decrecientes. «El primer paquete es un descubrimiento, pero cuando llevas veinticinco regalos abiertos... Lo único que conseguimos con esto es llevar al niño a una especie de shock emocional», advierte.

Niños sobreestimulados

De hecho, prosigue Núñez, «es probable que si se le pregunta al pequeño cuántos regalos ha tenido no sea capaz ni de responder. A lo sumo dirá que “muchos”, ¡porque los pobres tienen problemas hasta para recordarlos! Se regala mucho más de lo necesario, y más de lo que la emotividad y el cerebro de un niño pueden asumir», insiste. Pero la culpa no es suya, matiza este sociólogo. «Los adultos tenemos interiorizadas unas dinámicas consumistas que como sociedad trasladamos a los más pequeños. Ellos son las víctimas de una situación y los que sufrirán las consecuencias en función de sus carencias». «Son los padres –añade este profesional–, los que son incapaces de contenerse y de asumir las consecuencias que puede tener negar regalos a los hijos. Prefieren claudicar ante sus protestas o bien ceder a la satisfacción propia que les da contribuir a sus deseos».

Así lo corrobora la pediatra Luzdivina García (de TopDoctors), para quien gestionar las expectativas de los progenitores, en ocasiones incluso mayores que las de los niños, es otra variable de la ecuación que ella intenta hacer ver a las familias en consulta. «El esfuerzo que supone concederles todo lo que piden o sorprenderles con algo que va más allá puede llegar a convertirse en un mecanismo compensatorio, porque verles disfrutar nos hace felices. El problema es de los adultos, pero los niños obviamente son los que sufren las consecuencias».

Economía familiar

Además, advierte García, «la emotividad de estas fiestas no debe comprometer la economía familiar. Hay que quitarse la idea errónea de que en la cantidad o en la cuantía económica está la felicidad de los niños». Así lo corrobora la doctora Natalia García, psicóloga de Psikids, quien recuerda que «los niños no valoran el coste económico del regalo como lo hacen los mayores, que incluso en alguna ocasión piden un préstamo personal para comprar todo lo que aparece en la carta a los RR.MM.». «Ya puede ser un juguete de 200 euros, que uno de 300, para el niño es lo mismo que uno de 25. Máxime cuando durante todo el año se le ha estado comprando constantemente todo lo que se le ha antojado. Que si ahora una peonza, que si ahora un “slime”, o cualquier baratija que se le ocurra... Si de manera habitual se le da lo que pide, cuando llegue el 6 de enero es imposible que tengan la ilusión que debería tener en estas fechas», insiste.

Abuelos, tíos...

El problema se hace extensible, además, a los abuelos, los tíos, los padrinos... «Es necesario hablarlo y coordinarlo con la propia familia y amigos. Hay que tener en cuenta que durante estas fiestas no solo vienen los Reyes Magos a casa, también traen regalos –y cada vez más– Papá Noel, el Niño Jesús, el regalo del amigo invisible... Los niños pierden la capacidad para valorar el detalle», explica el psicólogo y profesor de la UOC, José Ramón Ubieto, coautor, junto al psiquiatra Marino Pérez, del libro «Niñ@s Hiper» .

Porque cuando los menores reciben muchos regalos, no solo pierden la capacidad de centrarse y de disfrutar plenamente. Acceder a sus exigencias les puede convertir, explica, «en niños y futuros adultos continuamente insatisfechos». Lo que Núñez define como «síndrome del niño hiperregalado», «provoca entre otras cosas que los más pequeños de la casa además de no apreciar los regalos, pierdan la ilusión, y se vuelvan caprichosos, egoístas y consumistas». «Lo que les estamos enseñando, acostumbrándoles a tener de todo y de manera inmediata, es a no tolerar la frustración», añade la psicóloga de Psikids.

Por todo ello, la recomendación de este profesional pasa por gestionar las expectativas de los niños de forma previa. Este diálogo, aconseja la pediatra Luzdivina García, «debe existir porque hasta que no tienen 9 o 10 años los niños no están capacitados para elegir entre tanta diversidad y oferta». Tal y como propone esta pediatra, para intentar minimizar la saturación de los niños se puede llevar a la práctica la regla de los cuatro regalos. «Se les puede contar, por ejemplo, que hay un “máximo” de regalos que Papá Noel o los Reyes Magos pueden cargar, y que el cuarto lo dejarán en casa de otros familiares. Es asombroso como los niños pueden razonar y adaptarse sin problemas a esos ajustes».

Qué regalar y por qué

Para Núñez no se trata tanto de un número concreto, pero sí de que el adulto «ponga un dique de contención» e intente limitar el número de objetos que se van a recibir en casa. De esta forma, la propuesta de este sociólogo pasa porque cada presente tenga un motivo: «es decir, que se regale algo para leer, algo que pueda ponerse (zapatos, ropa y complementos), algo que realmente necesiten (una mochila para el colegio, por ejemplo), y finalmente algo que deseen, el juguete que han pedido en todas las cartas de los Reyes y Papá Noel. Este último es innegociable, y deberíamos respetarlo». « Es una manera de poner sensatez y buscar una lógica que sea aceptable para las familias y poner límites de alguna forma a esta situación».

En cuanto a los niños algo más mayores, si bien hay que seguir alimentando esa emoción, éstos ya cuentan con una madurez que les permite elegir con mayor criterio y que, según la psicóloga de Psikids, hay que aprovechar para hacerles partícipes de la realidad económica familiar y transmitirles los valores familiares. «Los niños son extremadamente inteligentes y es deber de los padres infundirles sensatez, sentimiento social y, en la medida de lo posible, y sin llegar a transmitirles demasiadas preocupaciones adultas, hacerles entender la realidad familiar».

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