«Los sistemas educativos de éxito atraen a los mejores profesores», señala el representante de PISA
«Los sistemas educativos de éxito atraen a los mejores profesores», señala el representante de PISA - Maya Balanya

El director de la OCDE: «El alumno español memoriza pero es débil a la hora de encontrar soluciones propias»

Andreas Schleicher emprendió y supervisa el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA)

MADRIDActualizado:

Andreas Schleicher es el director de Educación y Competencias de la OCDE, y la persona detrás del Programa para la Evaluación Internacional del Alumnos, más conocido por sus siglas PISA. Ahora acaba de presentar su libro «Primera clase. Cómo construir una escuela de calidad para el siglo XXI», con el que trata de dar una visión global de qué es lo que hacen los sistemas educativos de éxito alrededor del mundo.

¿Qué tienen en común los principales sistemas educativos de éxito del mundo?

En primer lugar, enseñan menos cosas, pero en mayor profundidad. Son conocimientos más profundos de menos disciplinas. Típicamente, también atraen a los mejores profesores, y no solo financieramente, sino también de una forma intelectual. Es decir, no es que estén pagados necesariamente mejor, sino que también pueden desarrollar mejor su carrera, porque existe un sistema que les apoya en su desarrollo profesional. Además, ponen a los docentes con más talento a los colegios con menos recursos. Otra cosa que también hemos podido observar es que estos sistemas permiten a los maestros trabajar con los padres. Asimismo, este tipo de sistemas educativos va de la mano con la Universidad y el mundo laboral. De esta forma, la transición es mucho más suave: han comprendido que el aprendizaje consiste en preparar a los alumnos para el día de mañana.

Los sistemas con mejores resultados tienen más en común: los alumnos son buenos solucionando problemas de forma tanto individual como colaborativamente. Definitivamente, están enfocados a la colaboración. Y los profesores trabajan a nivel individual con el alumno.

Señala usted en su libro que Finlandia intenta atraer a los mejores, mientras que en España se necesita la nota mínima para acceder a la carrera docente. ¿Debería nuestro país subir la nota de acceso?

Seleccionar a los mejores para esta profesión es importante, pero no se consigue únicamente elevando la nota de entrada. La cuestión para mi se basa más en cómo hacemos para que esta sea una profesión atractiva. A los profesores en Finlandia se les concede mucha autonomía profesional, y es una cultura más colaborativa. Cuando les contratan les preguntan cómo quieren desarrollar su carrera, si hacia la investigación, la docencia pura y dura, si quieren seguir aprendiendo (les garantizan unas 100 horas de nuevos aprendizajes al año)... Todo en aras de su desarrollo profesional. Son solo algunos de los aspectos que hacen que los finlandeses quieran convertirse en profesores. Es verdad que en España los salarios están bastante bien, pero por contra el trabajo de estos profesionales no recibe el apoyo suficiente.

También echa usted por tierra el mito de la efectividad de las clases pequeñas, con poco ratio de alumnos por profesor.

Si no cambias las prácticas de enseñanza, da igual que tengas 10 alumnos que 29. Por supuesto que haya clases más pequeñas, con menos alumnos, es en principio mejor, pero la cuestión es: ¿si tienes un euro de más en qué es mejor invertirlo? ¿En estar más tiempo con los alumnos, o en el desarrollo profesional de tus profesores?

En España los profesores pasan de una clase a otra. La educación en este país tiene un enfoque industrial, donde los docentes se limitan a transmitir el plan de estudios. No son los propietarios de su tiempo. Pero esto no es un trabajo como el que se hace en una fábrica. Se trata de que sean empleados que conozcan su trabajo, que se formen continuamente y puedan hacer sus propias propuestas, que sean innovadores. Los alumnos no van a aprender si no ven que sus profesores no se están actualizando y renovando.

¿En que cree usted que deben mejorar los alumnos españoles que se enfrentan a las pruebas de PISA?

Los alumnos españoles son los mejores a la hora de recordar fechas, contenido... pero son débiles en habilidades para encontrar soluciones propias a los problemas. Los resultados PISA muestran que las estrategias de aprendizaje dominadas por la memorización ayudan cada vez menos a los estudiantes. Por eso reforzar el pensamiento crítico de los alumnos es un gran reto para el sistema educativo en España, que todavía no está preparando a sus estudiantes para las dificultades económicas y sociales asociadas a la tecnología, por ejemplo.

Los colegios en este país deben centrarse en fomentar la resiliencia, la curiosidad, la participación... en todas aquellas cosas que requiere el siglo XXI. El éxito en la educación ya no consiste en reproducir el conocimiento en contenidos, sino en extrapolar de lo que conocemos y aplicar ese conocimiento de manera creativa en situaciones novedosas. Cualquier persona puede buscar -y por lo general encontrar- información en internet; ahora las ventajas aumentan para quienes saben qué hacer con ese conocimiento.

En conclusión, si solo educamos para el pasado, y no damos capacidades educativas para triunfar en el mañana, no vamos a alcanzar el éxito como país.

Recientemente en España se presentaron cerca de 200.000 personas a las oposiciones de Secundaria y el 9% de las plazas quedaron vacías. ¿Quizás este sistema de acceso no es el más adecuado?

Vuelvo al caso finlandés. Allí es bastante fácil acabar el primer año, sin embargo durante el segundo curso se pasa por gran parte de los colegios del país. Al final de la formación, solo uno de cada 10 lo conseguirá. Con esto quiero decir que el test de acceso es importante, pero es solo un aspecto más, un punto de partida. La carrera debería tener más que ver con la capacidad de ser creadores de experiencias, y en ver al alumno como un ser único. Por eso creo que se trata más de seleccionar a personas que presenten voluntad de aprender, de adaptarse, de trabajar en equipo... Analizar todas esas competencias será la clave.

En este libro habla de modelos de éxito donde no se hacen deberes (Finlandia) y países donde se pasan largas horas haciendo tarea extraescolar, como Corea del Sur. En España hay mucho debate al respecto. ¿Cuál es su opinión sobre los deberes?

Los deberes son una oportunidad muy importante de ayudar a los estudiantes a completar su formación, para monitorizar sus conocimientos... pero siempre que sean cosas alternativas y relacionadas con el aprendizaje. Nunca debería tratarse de un sustituto de la educación en el colegio. Es decir, que los profesores no tienen que pedir a los alumnos que terminen lo que no les ha dado tiempo a hacer en el colegio, y los padres no tienen que hacer el trabajo de sus hijos. En Finlandia no tienen deberes pero sí un montón de responsabilidad sobre su aprendizaje. Por contra los alumnos españoles son más pasivos en su formación. Los deberes son una herramienta muy importante pero siempre como un complemento adicional al colegio, y suponen un problema si se trata de tarea que no se ha acabado en la escuela. E insisto, los deberes deben diseñarse para los alumnos, no para los progenitores.

Habla poco de la responsabilidad de los padres en el éxito de los hijos.

Normalmente subestimamos el papel de los padres en los sistemas que obtienen buenos resultados, y asociamos la involucración de los mismos con un estatus socioeconómico alto. Pero en una visita realizada a las regiones más pobres de China me impresionó cómo una profesora hacía partícipes a los progenitores en la educación de sus hijos: les llamaba dos veces por semana para ver cómo estaban y en qué podían trabajar juntos. Le pregunté si no era una carga para ella y se sorprendió, contestando que cómo iba si no a ayudar a esos niños. Allí ven a los padres como una fuente de motivación a la hora de aprender. Mientras que en Suecia nadie se queja de nadie, y hay un triángulo prefecto entre escuela-maestro-familias, en España esta relación se centra en que el colegio solo llama a los padres cuando hay problemas, quejas... y el padre suele defender al hijo. Hay que hacer que la comunicación entre ambos sea periódica, hay que involucrar a los padres en el sistema educativo. La escuela debe ser algo que se construya entre todos. Todo el mundo tiene un papel que jugar, no puede haber éxito si la sociedad entera no participa.

Hoy (por ayer) come usted con la ministra de Educación Isabel Celaá, que acaba de anunciar su proyecto de cambiar «los aspectos más lesivos» de la LOMCE. ¿Cuál es su opinión al respecto?

La Ley puede ser un comienzo del cambio, pero no un objetivo. En mi opinión, España ha gastado mucho tiempo en cambiar leyes, pero ha cambiado poco en la práctica educativa. La modificación de la ley es un punto de partida para el cambio, pero han de renovarse también los comportamientos y los entornos de aprendizaje. Creo que se tendría que dar menos peso a la política y a la administración y en cambio más a profesores y familias implicadas, en definitiva, a la sociedad.

Celaá quiere disminuir también el peso a la concertada, pero en su obra usted no diferencia resultados entre enseñanza privada, concertad a pública.

No veo ventajas específicas entre la enseñanza privada, pública y concertada. Creo que esa no es la cuestión. El problema está más bien en cómo nos aseguramos que los niños aprendan, con una docencia que sea atractiva, que consiga atraer a los mejores profesionales... Se suele pensar que la educación privada, por ejemplo, se ha convertido en una forma de segregar a alumnos pero no es efectiva en cuanto a resultados de educación, al menos en lo que observamos en PISA.

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