¿Dejarías que tus hijos leyeran estos libros?

EE.UU. celebra entre el 23 y el 29 de septiembre la «Semana de los libros prohibidos», unos días que sirven para reivindicar aquellos manuales que han recibido mayor número de quejas principalmente por parte de padres

Actualizado:

Érase una vez Roy y Silo, dos pingüinos que vivían en el zoo de Central Park de Nueva York. Un día su cuidador, al ver cómo se afanaban día y noche en incubar una piedra, decidió darles la oportunidad de fundar una familia colocando un huevo en su nido. Así nació Tango, la primera pingüino en tener dos padres.

Esta historia real fue convertida en cuento ilustrado por Justin Richardson y Peter Parnelly en 2005. Desde entonces, «Con Tango son tres» ha acumulado numerosas críticas de padres en EE.UU. que no están de acuerdo en que sus hijos tengan acceso a este tipo de narraciones en las que se muestra a una pareja de homosexuales con un bebé.

Esas objeciones se las han hecho llegar a la Asociación Estadounidense de Bibliotecas (ALA, por sus siglas en inglés), que desde 1982 elabora una lista de los libros que más quejas han recibido a lo largo de ese año. En el buscador al final de la noticia puedes acceder al ranking de libros que han recibido más críticas en el país desde 2001.

Entre los manuales más sancionados, además de «Tango», encontramos «La guerra del chocolate», «Las ventajas de ser un marginado» o «El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial», todos ellos publicados también en España.

¿Los motivos? Principalmente la inclusión de pasajes en los que se incluyen encuentros sexuales, consumo de drogas, personajes homosexuales, suicidas o violentos. Sin embargo, con el fin de reivindicarlos, durante esta semana editores, libreros, bibliotecarios… rinden homenaje a estos textos organizando jornadas de lectura o concursos en redes sociales de «lectores rebeldes» con «libros prohibidos».

¡No leas ese libro!

¿Deben los padres vetar ciertas lecturas a sus hijos pese a que éstas, a priori, puedan estar recomendadas para su grupo de edad? «Nunca se deben prohibir, porque de hacerlo, es muy probable que el niño muestre más apetencia por acercarse a ellas», señala Rosa Rivas, profesora de Psicología Evolutiva en la Universidad de Santiago de Compostela. «Tampoco es recomendable una lista de libros prohibidos porque eso justamente a esas edades va a generar que traten de buscarlos por otras vías. Lo ideal es que los padres sean conocedores de las lecturas de sus hijos y las comenten en su parte positiva. Que les enseñen a ser críticos y que les aporten un juicio de valor a la hora de leer».

De la misma opinión es Miguel Hierro, profesor de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, que subraya además la necesidad de conocer sus intereses. «Lo recomendable es que los padres les orienten y les acompañen en la lectura», explica. «Cuando un niño muestra curiosidad por un contenido, suele ser por algún motivo. El primer paso entiendo que puede ser averiguar por qué este niño o niña tiene tanto interés en esta lectura en particular. Prohibirle la lectura 'y punto' probablemente lleve a que el menor no nos informe con la misma tranquilidad en el futuro sobre qué le apetece leer o que lo consiga y lea a escondidas, impidiendo la tarea de acompañamiento y contextualización parental».

Por su parte, la madre y formadora de maestros y padres en la Universitat Oberta de Catalunya, Débora Chomski, admite que los controles que se puedan establecer sobre las lecturas o cualquier otro consumo cultural es «algo muy personal, particular de cada familia».

«Algunas vetan estos consumos y esto no puede ser para nada objetable. Otras, los toleran pero ‘de eso no se habla’ en casa. Otras ni se enteran o deciden no darles cabida, porque no pueden asumir estos temas, no saben cómo tratarlos. Y otros, decidimos en forma consciente y responsable, darles lugar y conversar sobre ellos. Es decir, los hijos comentan - con naturalidad y confianza- lo que han leído o lo que están viendo en la tele, y una como madre escucha, pregunta, opina y da la palabra para que los hijos se expresen, digan sus dudas, manifiesten sus opiniones. Poder dialogar con confianza sobre estos temas tan delicados en la adolescencia es un gran logro».

Los niños españoles leen, pero ¿entienden?

Según publica el Observatorio de la Lectura y el Libro en su último informe sobre «Los libros infantiles y juveniles en España en 2016» se publicaron en nuestro país 9.317 nuevos títulos enfocados a este público, un 17,7% más que en 2015. Asimismo, el informe «Hábitos de lectura y compra de libros en España 2017», recoge que los menores de 10 a 14 años representan la franja de edad con mayor porcentaje de lectores frecuentes en su tiempo libre, con un 79,8%. Eso sí, el porcentaje baja hasta un 54,8% en los adolescentes de 15 a 18 años. No obstante, se mantiene por encima de la media del 47% en la población mayor de 18 años.

Pese a lo positivo que pudiera parecer el dato, lo cierto es que los pupilos españoles no obtienen muy buenos resultados en las pruebas de lectura. Así, en el informe PIRLS de 2016, nuestros estudiantes se situaron el puesto 31, con 528 puntos en compresión lectora, 15 más que en la prueba anterior, aunque por debajo de la media OCDE (540 puntos) y lejos de los 581 que consiguieron los estudiantes rusos que se situaron en primer lugar.

¿Cómo conseguir que los niños y adolescentes disfruten con la lectura y la entiendan? «La motivación hacia la lectura (y hacia cualquier actividad) se fundamenta en la asociación entre la actividad y sensaciones gratificantes que la acompañen», explica Hierro.

«La lectura es una capacidad que se desarrolla de manera paulatina, es decir: para poder entender un párrafo hay que poder entender una frase, para poder entender una frase hay que poder entender una palabra, y para poder entender una palabra hay que poder entender las letras, de manera que para que el proceso de aprendizaje sea eficaz es necesario que el tipo de lectura sea acorde a la capacidad lectora del niño. Esto mismo se puede aplicar a los contenidos. Para entender contenidos más complejos o profundos, es necesario primero asimilar contenidos más sencillos...»

Precisamente por ello, es necesario que los textos a los que acceden los niños y adolescentes vayan acorde a su desarrollo. No obstante, si pese a la orientación de los padres, los pequeños siguen mostrando interés por ciertos contenidos, los profesionales coinciden en la necesidad de comentar estos con naturalidad.

«Mi recomendación sería empezar por hablar con el menor sobre por qué le apetece. Explicarle con tranquilidad por qué tenemos dudas y a continuación acompañarle en la lectura compartiendo la experiencia y aclarando las preguntas que puedan surgir. Es probable que nuestra hija o hijo simplemente acepte dejar la lectura para más adelante cuando se lo expliquemos», señala el psicólogo.

Harry Potter, vetado

Cada año la ALA recibe cientos de críticas, de padres principalmente, que tratan de vetar algunas obras en las escuelas y bibliotecas de todo el país. Sorprende que en esa lista se encuentren también libros que están considerados como clásicos de la literatura universal como «Las aventuras de Huckleberry Finn» (vetado por «racista»), «Matar un ruiseñor» (acusado de utilizar lenguaje ofensivo y de racista) o «De ratones y hombres» (por el uso de un lenguaje ofensivo y vulgar).

Tampoco se escapa al veto uno de los magos más famoso de los últimos años, Harry Potter, el fenómeno literario juvenil entró en 2001, 2002 y 2003 en la lista de los más criticados por promover el «ocultismo y satanismo».

«Se trata de un exceso total y absoluto, esos libros a las edades a las que están recomendadas no generan ningún tipo de problema», reflexiona Rivas. «Los padres no pueden actuar como una secta, no pueden dejar que sus creencias generen un embudo demasiado estrecho. En varios casos puede que el problema no esté tanto en el niño o adolescente como en el adulto, al que puede que le cueste asumir un punto de vista distinto al de él. Algo que no debería trasladar a sus hijos».

¿A qué edad comenzar a tratar 'esos' temas?

Tal y como se observa en el buscador inferior las escenas sexuales y los personajes LGTB son los que generan mayor controversia entre los padres estadounidenses, en muchos casos porque consideran que esos contenidos no son adecuados para el grupo de edad al que van dirigidos. Pero, ¿a qué edad se deberían tratar temas como la reproducción, la identidad sexual o los cambios corporales en la adolescencia?

Para Chomski es necesario hacerlo desde «muy pequeños». «Por lo que veo en mi práctica profesional, hoy los niños y los jóvenes tienen mucha información sobre el sexo pero no verdadero autoconocimiento», señala. «Creo que los más jóvenes tampoco saben cómo aceptarse y cuidarse sexualmente, ya que aspiran a ‘encajar’ en unos parámetros no siempre realistas o posibles. Además, y pese a toda la información que tienen las nuevas generaciones, muchos están a la merced de los consejos imprudentes de youtubers e influencers».

Por su parte, Rivas señala que los manuales relacionados con la identidad sexual serían recomendables entre los 8 y 10 años, dependiendo del niño, y aconseja además que en colegio se trate el tema. En lo que se refiere a otros asuntos relacionados con la reproducción, la pubertad, etc, se puede hacer antes e invita a los padres a que lo traten con «naturalidad». «No es necesario entrar en detalles, se puede aprovechar por ejemplo la llegada de un nuevo miembro a la familia para tratar el tema y un libro puede ser una herramienta muy útil para encaminar el discurso».

Incitación a la «mala vida»

¿Puede un libro despertar la curiosidad de los jóvenes por ciertas actividades como las drogas, el alcohol o incluso el suicidio? La respuesta de los expertos es afirmativa, pero advierten que de la misma manera que otro tipo de ficción como las series, las películas... «Crean fantasías que funcionan como anzuelo...Freud hablaba del arte como un anzuelo y creo que su idea sigue vigente. La droga, el alcohol, el suicidio están ahí, son parte de los circuitos en los que circulan los jóvenes», señala Chomski.

«La clave», sentencia, «es traer estos temas inquietantes a nuestra conversación como padres o educadores, y ayudar a los jóvenes a que elaboren sus miedos, sus creencias, sus fantasías y prejuicios. ¿Cómo? Re-narrando las historias de los personajes, pero desde otras perspectivas. Por ejemplo, qué otros caminos, qué otras alternativas tienen los personajes para resolver sus conflictos y cómo podemos volver a contar la historia. Yo creo que las narraciones y la co-creación colectiva de estos relatos, ahora esenciales -como en su día lo fue el hambre y el canibalismo, presente en los cuentos maravillosos-, son una vía para comprender, domesticar y proyectar en positivo nuestros miedos y conflictos».

Apúntate a la newsletter de Familia y recibe gratis cada semana en tu correo nuestras mejores noticias

O súmate a nuestro whatsapp, y recibe cada día en tu móvil lo más interesante de ABC Familia