Íker Casillas y Sara Carbonero - GTRES | Vídeo: EP

El verano más difícil de Íker Casillas y Sara Carbonero

Tres meses después del infarto del portero y del tumor de la periodista, la pareja rehace su vida entre Oporto y Madrid, con sendas escalas en sus respectivos pueblos de origen

LisboaActualizado:

Íker Casillas y Sara Carbonero viven su verano más difícil, el primero desde que su vida cambió el pasado mes de mayo por el infarto que sufrió él y el cáncer de ovario que padece ella. Sus prioridades han dado un vuelco y ahora miman la esencia de la vida más que nunca.

Así que la pareja no tiene ganas de frivolidades ni de veladas superfluas. Ambos prefieren a su gente de verdad, a sus amigos más auténticos… ya sea en Navalacruz, el pueblo de Ávila donde echó raíces Íker, o en Corral de Almaguer, la localidad toledana de Sara y donde se ubica una de sus casas más queridas.

Pero la Liga portuguesa está a punto de comenzar y el Oporto dio una sorpresa al presentar la lista de jugadores que ha inscrito de manera oficial para disputar la competición: Íker Casillas está incluido… y con su dorsal de siempre, es decir, el 1.

Por tanto, el guardameta madrileño parece resistirse a decir adiós a los terrenos de juego a pesar de los problemas cardiovasculares que le detectaron tras el infarto de miocardio agudo que le sobrevino durante un entrenamiento en Olival, ciudad deportiva del histórico club portugués, en pleno Día del Trabajador. Aún ha de recibir el informe definitivo de los médicos acerca de su estado de salud, pero todo apunta a que le desaconsejarán el esfuerzo que supone el fútbol a ese nivel.

A sus 38 años, Casillas aún alberga la expectativa de pisar los terrenos otra vez. De hecho, así lo reconoció días atrás su amigo Cesc Fàbregas, quien declaró: «Ha sido muy bonito reencontrarme con Íker. Él todavía mantiene la esperanza de volver a jugar».

Mientras tanto, el portero madrileño sigue guardando reposo y, como ella, no pierde ocasión de aprovechar el tiempo para meditar sobre su situación. De hecho, escribió en las redes sociales: «Ese momento de reflexión. Ese lugar que te atrapa y te impide moverte. Solamente observas el horizonte e imaginas cosas fantásticas que llegarán. Puedo con ello. Podemos con ello».

Palabras de automotivación que valen para los dos, encantados de poder apoyarse en el cariño de sus hijos Martín y Lucas. Son sus principales baluartes en este verano distinto, que nada tiene que ver con los anteriores.

Oporto continúa en primer plano en el esquema de sus vidas. Por eso, su casa en la zona de Foz, con vistas al Océano Atlántico, se ha convertido en tal vez su principal refugio, aunque Sara debe viajar a menudo a Madrid para seguir su tratamiento en la unidad oncológica de la clínica Rúber Internacional, donde tuvo que ser reingresada el pasado junio para someterse a los cuidados del mismo equipo médico que le extirpó el tumor.

Cada vez que acude a una de las sesiones curativas en España, lo hace con la ciudad portuguesa en sus pensamientos. Y es que la calidad de vida de la que disfruta la pareja a la orilla del mar les hace un gran bien. Los paseos por la playa les aportan la serenidad necesaria en esta etapa tan complicada que están atravesando y el relax que supone bañarse en las aguas atlánticas los alivia en este camino que no está lleno de rosas.

Tres meses ya desde que el destino les deparó un par de sustos relacionados con la salud, pero ellos muestran sosiego para evitar que sean unas vacaciones amargas.