La novia de Manuel Valls no ve claro su futuro en Barcelona

Sus aspiraciones a la alcaldía de Barcelona pudieran ser una «alternativa» personal, que no coincide en casi nada con las aspiraciones personales de su tercera compañera sentimental, Olivia Grégoire

Corresponsal en ParísActualizado:

Olivia Grégoire, la tercera compañera sentimental de Manuel Valls, tras dos matrimonios fallidos, contempla con callada reserva las idas y venidas del ex primer ministro francés, entre París, Barcelona, Marbella y Menorca, en compañía no siempre masculina.

Discreta, Grégoire ha declarado al semanario L’Express: «No trabajamos en las mismas comisiones parlamentarias, no trabajamos en los mismos asuntos, juntos no hacemos nada públicamente». Relación amorosa aparentemente «distante» en el terreno político.

Grégoire es miembro influyente de la comisión de finanzas de la Asamblea Nacional (AN), con un calendario político muy cargado el próximo otoño. Miembro de la insignificante comisión de asuntos relacionados con Nueva Caledonia (territorio francés de ultramar), Manuel Valls se sabe fuera de juego en la vida política francesa. Sus aspiraciones a la alcaldía de Barcelona pudieran ser una «alternativa» personal, que no coincide en casi nada con las aspiraciones personales de su tercera compañera sentimental.

Valls declaró días pasados al vespertino Le Monde: «Tomaré mi decisión en septiembre. Se trata de un cambio de vida, no solo de vida política». «Cambio de vida», personal, familiar, presumiblemente sentimental, quizá.

Valls anunció su ruptura con su segunda esposa, Anne Gravoin, el mes de abril pasado. Cuatro meses más tarde, las idas venidas de Valls, entre París, Barcelona, Menorca y Marbella, suscitan mucho interés y parecen justificadas por la búsqueda de apoyos financieros sólidos (en torno a 6 millones de euros, de entrada) para iniciar una campaña electoral previsiblemente muy dura e incierta.

La penúltima escala de Valls, en Menorca, días pasados, en compañía de Susana Gallardo, ex de Alberto Palatchi, presidente de Pronovias, parece inscribirse en ese marco: Valls busca apoyos financieros, y Gallardo puede prestarle mucho apoyo empresarial, conservador, financieramente sólido.

Sin embargo, las fotos de Valls y Gallardo, muy veraniegos, sonrientes y felices, en Menorca, suscitan en París calladas reservas, que pudieran complicar, en cierta medida, las «decisiones personales» que el ex primer ministro debiera tomar el mes de septiembre que viene.

En el terreno político, en Francia, Valls está literalmente solo. No pertenece a ningún partido político, ningún partido apoya ni comparte sus maniobras. Su compañera sentimental, Olivia Grégoire, por el contrario, es una diputada influyente del partido de Emmanuel Macron, La República En Marcha (LREM), con muchas aspiraciones personales.

En el terreno íntimo, sentimental, Valls tiene en París cuatro hijos de su primera esposa (Nathalie Soulié) y su ruptura con su segunda esposa, la violinista Anne Gravoin, se consumó con dolor para ambas partes. Tras anunciar apresuradamente su nueva relación sentimental con Olivia Grégoire, la pareja ha preferido evitar las apariciones públicas, hasta que la tentación de una candidatura a la alcaldía de Barcelona abriese en canal nuevas e imprevisibles alternativas, con flecos íntimos de cierta gravedad.

En París, la imagen pública de Valls es la de un hombre solo, tenso, gestionando personalmente su imagen pública desde un punto de vista puramente político. Las imágenes personales de Valls, en España, escoltado a toda hora por personalidades políticas conservadoras, con visible presencia femenina, los muestran sonriente, feliz, visiblemente «exaltado». Sus fotos con Susana Gallardo tienen mucho color local, pero están muy alejadas de la severidad propia de los protocolos sociales franceses, poco dados al exhibicionismo publicitario con presuntos mecenas.

¿Hasta donde llegará el «cambio de vida» anunciado por Manuel Valls? Su tercera gran relación sentimental quizá esté en la gran encrucijada de sus dudas íntimas y políticas, que quizá podrán zanjarse sin decisiones duras y graves.