El actor Benedict Cumberbatch
El actor Benedict Cumberbatch - gtres

El actor Benedict Cumberbatch, de «Sherlock», comunica su boda con un simple anuncio de «The Times»

Se casará con Sophie Hunter, una respetada directora de escena de 36 años

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A lo clásico, con un pequeño anuncio de poco más de dos módulos en la página 57 de la edición de hoy de «The Times», el decano de la prensa inglesa. Así ha anunciado su próxima boda Benedict Cumberbatch, de 38 años, el protagonista de la aclamada serie «Sherlock» de la BBC, donde el detective de Conan Doyle se traslada al siglo XXI. La novia es Sophie Hunter, de 36 años y una serena belleza clásica, actriz y sobre todo una respetada directora de escena teatral que ha ganado el premio Samuel Beckett y hasta ha dirigido óperas. La pareja fue fotografiada en el Open de Francia de tenis y ahí se conoció su relación, que han llevado lo más lejos de las cámaras que han podido.

El anuncio es escueto. «Próximo enlace», reza el título, y debajo se anuncia que B.T. Cumberbatch, hijo de Wanda y Timothy, de Londres, se casará con Sophie, hija de Katharine, de Edimburgo, y Charles, de Londres.

Cumberbatch es actualmente el actor de moda en el Reino Unido, con su voz de barítono, su porte espigado y su cara peculiar, distinta y angulosa. Un galán cool y fuera de canon para el siglo XXI. El próximo día 14 se estrena la esperada película «El juego de la imitación», donde encarna al genial y trágico científico inglés Alan Turing. Su invención de un prototipo rupestre de ordenador permitió desvelar las claves encriptadas que empleaba el espionaje nazi. Hitler llegó a decir que fuera del ejército, Turing fue quien más hizo por ganar la guerra. Pero la intolerancia contra su homosexualidad acabó con él. Fue sometido a un brutal tratamiento hormonal, que acabó conduciéndolo al suicido.

Benedict Cumberbatch es hijo de actores y se crió en la escena, pero tuvo acceso a una educación de élite y representa el prototipo de actor cultivado, tan querido en Inglaterra. Asegura que a pesar de su popularidad, que se disparó tras su estupenda actualización de Sherlock Holmes, intenta llevar una vida discreta y no renuncia ni a subirse al metro. En esa línea de intentar vivir como un inglés clásico, algo que ya es imposible con su fama, se enmarca su anuncio nupcial en el viejo «Times», quintaesencia de lo británico, aunque hoy sea propiedad de un magnate australiano, Murdoch.